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1-oct.-jueves de la 26.ª semana del T. O.

el reino de paz de Cristo no se extiende con el poder, con la fuerza, con la violencia sino con el don de uno mismo, con el amor llevado al extremo

Qué hermoso amanecer nos regalas, Señor, al inicio de un nuevo mes en el que nos llenamos de esperanza y ponemos en tus manos nuestras ilusiones y nuestras labores. Ayúdanos a tener la fuerza suficiente en nuestras labores y fortaleza de espíritu para llevar tu palabra y realizar tu voluntad, viviendo a plenitud tu amor. 

Hoy nos regalas la alegría de recordar a santa Teresa del Niño Jesús (o Teresita), que vivió generosa y confiadamente el pequeño camino de las bienaventuranzas, dedicó su vida a la oración por la Iglesia y las misiones, y a través de esa oración se convirtió en referente de amor y entrega por tu misión evangelizadora.

Al igual que ella, Tú nos recomiendas tener la actitud de un niño si deseamos entrar en el reino de los cielos. Ya que tienes preferencia por los pobres y los humildes te pedimos que nos des el corazón generoso, sencillo, sin pretensiones y receptivo al amor, que confíe y crea en ti y en nuestros hermanos para que lleguemos a ser sabios con tu sabiduría, humildad y sencillez. A tu amor generoso recurrimos y a él nos confiamos. Danos la paciencia y la confianza de Job para ver que todo viene de ti y que sólo recibimos tus bendiciones y tu amor. Guárdanos y protégenos en este mes que iniciamos y bendícenos. Nosotros te bendecimos, te adoramos y te glorificamos. Amén. 

Un muy feliz y vocacional jueves para todos y un santificado mes en las manos y bajo la protección de Nuestra Madre, la Virgencita. 

Palabra del Papa

Los cristianos no deben ceder nunca a la tentación de convertirse en lobos entre lobos; el reino de paz de Cristo no se extiende con el poder, con la fuerza, con la violencia sino con el don de uno mismo, con el amor llevado al extremo, también a los enemigos. Jesús no vence al mundo con la fuerza de las armas, sino con la fuerza de la Cruz, que es la verdadera garantía de la victoria. Y esto tiene como consecuencia para quien quiere ser discípulo del Señor, su enviado, el estar preparado para la pasión y para el martirio, para perder la propia vida por Él, para que en el mundo triunfe el bien, el amor, la paz. Esta es la condición para poder decir, entrando en toda realidad: «Paz a esta casa» (Benedicto XVI, 26 de octubre de 2011).

Los cristianos no deben ceder nunca a la tentación de convertirse en lobos entre lobos
ORACIÓN 

Hoy, Señor, vengo a la oración para que “desenmascares” mi vida. Me doy cuenta de que puedo contarme en el número inmenso de fariseos y escribas que vivían bien a costa de la religión. Estaban contentos bebiendo en odres viejos, sin aportar nada del “nuevo vino” traído por Jesús. Te pido, Señor, que cambies mi vida, que me conviertas al evangelio, que me embriagues con el vino nuevo de tu salvación.

Reflexión https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-1-de-octubre-de-2026

El envío de los setenta y dos discípulos nos está diciendo con toda claridad que la misión en la Iglesia no es privativa de los “doce apóstoles” sino de todos los fieles. Es lo que nos propone San Mateo al final de su evangelio: «Id y haced discípulos a todos pueblos» (Mt. 28,19). Uno no se hace discípulo del Señor por el hecho de haber sido bautizado. Uno no se hace cristiano para disfrutar del privilegio de serlo. Uno se hace cristiano para transmitir a otros lo que ha vivido y experimentado en el seguimiento de Jesús. Los envía a las ciudades “donde iba a ir Él.” Jesucristo envía a sus amigos a los lugares donde Él había de ir. ¡Con qué entusiasmo, con qué alegría, con qué ilusión partirían estos setenta y dos privilegiados! El solo pensamiento de que Jesús confiaba en ellos sería como una brisa fresca que les renovaba el alma cada mañana. Nosotros podemos continuar la labor que ellos comenzaron. (Fuente Catholic.net)

Jesús nos envía por delante, pero no nos abandona. Es posible que cometamos errores, que no hagamos bien las cosas. Detrás de nosotros vendrá Jesús a arreglar las cosas que hemos hecho mal. Lo importante es vivir lo que predicamos. «La mies es mucha y los obreros pocos».

En tiempo de Jesús, los que se dedicaban a manejar la Biblia y explicarla al pueblo se podían contar por millares. ¿Por qué dice Jesús que eran pocos? Esos escribas y fariseos no le interesaban a Jesús. No aportaban nada interesante.  Jesús necesita “savia nueva” hombres y mujeres que viven entusiasmados por la causa de Jesús; personas que han experimentado “el gozo del evangelio” y quieren contagiarlo a los demás. Hoy día sobramos curas, monjas y seglares pasivos, anodinos, aburguesados, sin capacidad de novedad y de sorpresa. No es cuestión de cantidad sino de calidad.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda Pbro.