Qué hermoso amanecer nos regalas, Señor, al inicio de un nuevo mes en el que nos llenamos de esperanza y ponemos en tus manos nuestras ilusiones y nuestras labores. Ayúdanos a tener la fuerza suficiente en nuestras labores y fortaleza de espíritu para llevar tu palabra y realizar tu voluntad, viviendo a plenitud tu amor.
Hoy nos regalas la alegría de recordar a santa Teresa del Niño Jesús (o Teresita), que vivió generosa y confiadamente el pequeño camino de las bienaventuranzas, dedicó su vida a la oración por la Iglesia y las misiones, y a través de esa oración se convirtió en referente de amor y entrega por tu misión evangelizadora.
Al igual que ella, Tú nos recomiendas tener la actitud de un niño si deseamos entrar en el reino de los cielos. Ya que tienes preferencia por los pobres y los humildes te pedimos que nos des el corazón generoso, sencillo, sin pretensiones y receptivo al amor, que confíe y crea en ti y en nuestros hermanos para que lleguemos a ser sabios con tu sabiduría, humildad y sencillez. A tu amor generoso recurrimos y a él nos confiamos. Danos la paciencia y la confianza de Job para ver que todo viene de ti y que sólo recibimos tus bendiciones y tu amor. Guárdanos y protégenos en este mes que iniciamos y bendícenos. Nosotros te bendecimos, te adoramos y te glorificamos. Amén.
Un muy feliz y vocacional jueves para todos y un santificado mes en las manos y bajo la protección de Nuestra Madre, la Virgencita.
Palabra del Papa
Los cristianos no deben ceder nunca a la tentación de convertirse en lobos entre lobos; el reino de paz de Cristo no se extiende con el poder, con la fuerza, con la violencia sino con el don de uno mismo, con el amor llevado al extremo, también a los enemigos. Jesús no vence al mundo con la fuerza de las armas, sino con la fuerza de la Cruz, que es la verdadera garantía de la victoria. Y esto tiene como consecuencia para quien quiere ser discípulo del Señor, su enviado, el estar preparado para la pasión y para el martirio, para perder la propia vida por Él, para que en el mundo triunfe el bien, el amor, la paz. Esta es la condición para poder decir, entrando en toda realidad: «Paz a esta casa» (Benedicto XVI, 26 de octubre de 2011).
