Buenos y bendecidos amaneceres, los que nos regalas en estos días. Amanece y saldrá el sol para darnos su calor y emprender nuestras labores. Gracias por tu amor y el amor del Padre celestial, porque nos hemos levantado con alegría y optimismo.
Hoy recibimos otra lección de amor fiel y generoso en el libro de Isaías: «en el tiempo de la misericordia te escuché, en el día de la salvación te auxilié». Tú sigues buscándonos, con un amor tan apasionado como el de una madre, aun cuando te hayamos abandonado. Danos esperanza y valor, especialmente cuando nos sentimos inseguros. Danos la seguridad de que tú quieres que vivamos en la plenitud y convencimiento de tu amor y de que tú permaneces siempre con nosotros. Que no nos falte tu presencia y tu auxilio, para ser generosos con nuestros hermanos y dar testimonio de amor tanto tuyo como del Padre. Hoy nuestra fortaleza sean estas palabras: «Salid», a los que están en tinieblas: «Venid a la luz. No pasarán hambre ni sed, no les hará daño el bochorno ni el sol; porque los conduce el compasivo». Gracias, Señor, por mostrarnos el rostro misericordioso y bondadoso del Padre celestial, por revelarnos su amor y su fidelidad. Que hoy sea día de testimonio, de amor y de servicio.
Un muy feliz y esperanzador miércoles. Abrazos y bendiciones abundantes.
Palabra del Papa
La obediencia a la voluntad de Dios. Este es el camino de la santidad, del cristiano, es decir, que se realice el plan de Dios, que la salvación se cumpla […] ¿Yo rezo para que el Señor me dé las ganas de hacer su voluntad, o busco compromisos porque tengo miedo de la voluntad de Dios? Rezar para conocer la voluntad de Dios sobre mí y sobre mi vida, sobre la decisión que debo tomar ahora… muchas cosas. Sobre la forma de gestionar las cosas… La oración para querer hacer la voluntad de Dios. Y cuando conozco la voluntad de Dios, también necesito la oración, para cumplir esa voluntad, que no es la mía, es la suya. Y no es fácil (cf. Homilía de S.S. Francisco, 27 de enero de 2015, en Santa Marta).
ORACIÓN
Señor, hoy vengo a la oración a pedirte lo mismo que el Apóstol Felipe: «Muéstranos al Padre y nos basta». Y es que la palabra “Padre” no caía nunca de tu boca. El Padre alimenta los pájaros del cielo y viste los lirios del campo; el Padre manda la lluvia y el sol; el Padre tiene contados hasta los cabellos de nuestra cabeza. Hoy te pido que me hagas comprender lo maravilloso que es ese Padre al que tantas veces te dirigías.
Reflexión https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-18-de-marzo-de-2026
Si hay algo que destacan los evangelistas es la fuerte atracción que Jesús sentía por Dios, su Padre. San Marcos nos narra una especie de “jornada modelo” es decir, lo que solía hacer Jesús un día normal. Y nos da esta pincelada: «De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó, salió a un lugar solitario y allí se puso a hacer oración» (Mc. 1,35). Jesús, cuando todavía estaba oscuro, se ponía a rezar a Dios, su Padre; tenía necesidad de estar con Él. Salía de la noche, “tiempo de soñar”, y se internaba en el día “tiempo de trabajar”. “Su Padre trabaja y Él también trabaja”. ¿Con quién soñaba Jesús? Soñaba con su Padre. Su oración primera, con la frescura de la mañana, era como el primer beso que le dirigía a Dios. Después vendrá el día, el trabajo del día, la preocupación por las cosas, y dentro de ese trabajo intenso, el esfuerzo, la fatiga, el cansancio. Pero todo se alivia con la emoción de la primera caricia del día. Y todo se compensa con la plegaria a la puesta del sol, al poder ofrecerle a su Dios, el haber hecho durante el día “todo lo que al Padre le agrada” En Jesús, el día y la noche no lo marca el sol ni la luna. Jesús vive “día y noche” al ritmo de la ternura de Dios, su “Abbá”. Lo que nosotros debemos hacer es ser “continuadores” de la persona y de la misión de Jesús. Hoy Jesús sigue hablando a través de mis labios; y sigue ayudando a través de mis manos; y sigue caminando a través de mis pies; y sigue amando a través de mi corazón. Yo llenaré mi vida dando un espacio y un tiempo para Jesús en este momento de la historia que me toca vivir.

