Otro día de amor, de ilusiones y de optimismo. Gracias, Señor, por lo que nos concederás y podremos vivir en esta jornada. Señor, a ti te llamamos amigo de los pobres y de los humildes. Te damos gracias hoy por escoger a María como la Virgen Madre de tu Hijo. Su fe y servicio, humildad y sencillez abrieron el camino hacia un mundo nuevo.
Disponnos a buscar sinceramente tu voluntad, a cooperar en tus planes para que nosotros también, como María, ofrezcamos a nuestros hermanos un mañana mejor, donde tu presencia los llene de alegría y de esperanza. Haznos conscientes de nuestra pobreza, para que tú nos llenes con tus dones y riquezas y, como María, aceptemos y creamos profundamente en tu palabra y vivamos según tu voluntad.
Que tu Santo Espíritu despierte en nosotros grandes aspiraciones de bondad y de servicio, de entrega y disponibilidad, para que sepamos llevar a muchos más cerca de ti; que en este quinto día de novena nos siga preparando al nacimiento del Niño Jesús. Tu «sí» nos abre las puertas de la salvación y el «sí» de María es la alegría de la acogida. Que sea un día para exclamar como nuestra Madre: «Hágase en mi según tu palabra».
A ti Madre, te pedimos que abras nuestros oídos para que escuchemos la voz de tu Hijo. Abre nuestros corazones para hacer lo que Jesús nos diga. Que nuestras manos y nuestros pies sean instrumentos para ir al encuentro del hermano y sepamos ser portadores de caridad y generosidad. Amén.
Para Dios nada hay imposible. «Alégrate, el Señor está contigo». Feliz día, santificado y lleno de alegría.
PALABRAS DEL SANTO PADRE
Una persona se revela mejor en su hogar que en otras partes. Y precisamente en esa intimidad doméstica el Evangelio nos da un detalle que revela la belleza del corazón de María. El ángel la llama «llena de gracia». (…) Recordemos que esta perfección de María, la llena de gracia, la declara el ángel dentro de las paredes de su casa: no en la plaza principal de Nazaret, sino allí, en el ocultamiento, en la mayor humildad. En esa casita de Nazaret palpitaba el corazón más grande que una criatura haya tenido jamás. Queridos hermanos y hermanas, ¡esta es una noticia extraordinaria para nosotros! Porque nos dice que el Señor, para hacer maravillas, no necesita grandes medios ni nuestras sublimes habilidades, sino nuestra humildad, nuestra mirada abierta a Él y abierta también a los demás. Con ese anuncio, dentro de las pobre paredes de una pequeña casa, Dios cambió la historia. También hoy quiere hacer grandes cosas con nosotros en la vida de todos los días, es decir, en la familia, en el trabajo, en los ambientes cotidianos. Ahí, más que en los grandes acontecimientos de la historia, ama obrar la gracia de Dios. (…) Pidámosle a la Virgen una gracia: que nos libre de la idea engañosa de que una cosa es el Evangelio y otra la vida; que nos encienda de entusiasmo por el ideal de santidad, que no es una cuestión de estampitas, sino de vivir cada día lo que nos sucede con humildad y alegría, como la Virgen, libres de nosotros mismos, con la mirada puesta en Dios y en el prójimo que encontramos. (Ángelus, 8 diciembre 2021)
