Pasar al contenido principal

25-sep.-viernes de la 25.ª semana del T. O.

la pregunta a Pedro: «¿Quién soy yo para ti?», se comprende solo a lo largo de un camino, tras un largo viaje. Un camino de gracia y pecado». Es «el camino del discípulo»

Amanece, comienzan nuestras carreras y lo primero que hacemos es mirar el reloj. Ahora nos concedes tiempo para darnos la bendición, rezar un Padre Nuestro y, sobre todo, darte gracias por este nuevo día, encomendarte nuestras actividades, nuestras familias, nuestros compañeros de actividades. 

Quizá comenzaremos nuestro día pensando que no nos alcanzará el tiempo para todo lo que tendremos que realizar. Pero hoy Tú nos dices por medio de tu palabra: «todo tiene su tiempo y su lugar todas las cosas». Ayúdanos para que primero pensemos en ti y le demos gracias al Padre celestial por el don de la vida. Danos la capacidad para pensar que por más que aceleremos nuestras actividades, no podremos agregar ni un sólo segundo a nuestras vidas. Danos la fortaleza para realizar nuestras actividades con la paciencia del sembrador, en tu santo nombre y con tu bendición. Hoy nos pides tiempo para pensar en la pregunta que nos diriges: ¿quién eres tú? Tenemos tiempo para pensarlo y responderte como Pedro: Tú eres el Mesias. Sin embargo, nuestra respuesta tiene que ir más allá: tú eres el humilde, que nos enseñas la humildad y la sencillez con la forma que viviste y predicaste. Tú eres el servidor que no ha venido a ser servido sino a servir. Tú, siendo pobre, nos has enriquecido con tu amor. Tú eres el obediente que nos enseñas a obedecer y cumplir la voluntad del Padre celestial. Tú nos has enseñado el camino del amor. Tú eres el Reconciliador que nos enseñas misericordia y amor. Tú eres El Profeta que nos enseñas a vivir en esperanza. Tú eres el servidor que te gastaste por nosotros. Ayúdanos, Señor, a reconocer tu misterio de amor y a seguirte incondicionalmente. Amén. 

Que sea un viernes vivido en paciencia y amor, en reconocimiento y fraternidad. Recodemos que nuestro tiempo es tiempo de Dios. Nuestro viernes último día laboral sea vivido en paciencia y con el tiempo de Dios, que es perfecto: cuando Dios quiera, como Dios quiera y cuando Él quiera.

Palabra del Papa  

En el Evangelio del día retrata en la forma de testigo valiente a Pedro, el que a la pregunta de Jesús a los apóstoles: «¿quién decís vosotros que soy yo?», afirma: «Tú eres el Cristo» […]. «la pregunta a Pedro '¿Quién soy yo para ti?', se comprende solo a lo largo de un camino, tras un largo viaje. Un camino de gracia y pecado». Es «el camino del discípulo». De hecho, «Jesús no les dijo a Pedro y a sus apóstoles: ¡Conózcanme! Les dijo: ¡Síganme!». Y precisamente «este seguimiento de Jesús nos permite conocerlo. Seguir a Jesús con nuestras virtudes» e «incluso con nuestros pecados. ¡Pero siempre siguiendo a Jesús!» […] «no es necesario estudiar conceptos, sino vivir como discípulo». Es necesario un encuentro cotidiano con el Señor, todos los días, con nuestras victorias y nuestras debilidades. Pero también es un camino que nosotros no podemos hacer solos. Y para ello es necesaria la intervención del Espíritu Santo. Conocer a Jesús es un don del Padre, es Él que nos hace conocer a Jesús; es un trabajo del Espíritu Santo, que es un gran trabajador. No es un sindicalista, es un gran trabajador y trabaja en nosotros siempre. Hace este trabajo de explicar el misterio de Jesús y de darnos este sentido de Cristo. Miramos a Jesús, a Pedro, a los apóstoles y sentimos en nuestro corazón esta pregunta: ‘¿quién soy yo para ti?’ Y como discípulos pedimos al Padre que nos dé el conocimiento de Cristo en el Espíritu Santo, que nos explique este misterio. (Cf. papa Francisco, 20 de febrero de 2014, en Santa Marta).

Es necesario un encuentro cotidiano con el Señor, todos los días, con nuestras victorias y nuestras debilidades
ORACIÓN 

Jesús, me impresiona la cantidad de veces que aparece en el evangelio que estabas “orando a solas”. Tenías necesidad de apartarte, de separarte incluso físicamente de todo y de todos, para “abismarte” en ese mar infinito del amor del Padre. Desde esa experiencia, se explica todo: la cercanía con todas las personas, especialmente con aquellas que, por cualquier motivo o prejuicio, se sienten lejos de ese Padre. Gracias por esas experiencias tuyas tan maravillosas. Amén.

Reflexión 

Para el evangelista Lucas, cuando Jesús quiere decir o hacer algo importante, siempre lo hace en “clima de oración”. Aquí se nos dice: «Jesús oraba a solas». ¿Nos hemos detenido alguna vez en pensar en esos ratos largos de oración de Jesús a solas? Normalmente lo hacía en la montaña, «cuando todavía era muy oscuro» (Mc 1, 35). Y tal vez el no habernos detenido en algo tan esencial para Jesús, ha servido para que el verdadero rostro del Padre lo hayamos desdibujado. Porque el resultado de esa oración inefable y misteriosa de Jesús con el Padre, Jesús lo condensa en una palabra: ABBA. Este es el gran mensaje de Jesús: que nuestro Dios es un Papá maravilloso. Cuando Jesús nos invita a decir Abba no sólo quiere enseñarnos a orar, sino que vivamos esa experiencia que Él tiene con el Padre. Sólo desde esa experiencia, Jesús se atreve a preguntarnos por su persona. Sólo aquel que haya vivido una experiencia de cariño y de ternura con ese Abba está capacitado para responder por la figura de Jesús. Pedro, aunque le dijo que era “El Mesías”, estaba pensando en otro tipo de “mesianismo”. Y nos equivocamos todos si no estamos en la onda con Jesús. ¿Quién es Jesús? El amado del Padre, el enamorado del Padre, el entusiasmado por ese Padre, el identificado con ese Padre, el que sólo tiene una ocupación y preocupación: el que caigamos en la cuenta de todo lo que nos quiere y que no puede hacer otra cosa que querernos con infinito amor. Él está al tanto de todo y sólo quiere que nos abandonemos en Él.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda Pbro.