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3-abr.-2026, Viernes Santo

enséñanos también a no cansarnos nunca de pedir perdón y creer en la misericordia sin límites del Padre

"No me mueve mi Dios para quererte, el cielo que me tienes prometido o el infierno tan temido. Muéveme el verte clavado en una cruz”. Hoy contemplamos tu entrega generosa por amor. Gracias por la vida, gracias por tu entrega. Gracias, Señor, por invitarnos a amar. Señor. 

Quizás parezca bastante extraño, pero venerar la cruz no significa, aun en este Viernes Santo, llorar tu muerte. Es cierto, estamos tristes y afligidos porque nuestros pecados causaron tu muerte; sin embargo, hoy aclamamos y besamos tu cruz, como el signo de tu victoria sobre el pecado y sobre la muerte, y, por lo tanto, la cruz se convierte para nosotros en esperanza. 

Continúa dándonos la fuerza para vencer en nuestras luchas contra el pecado y el mal; y para llevar nuestras cruces en la vida.  Haz que creamos firmemente que tú quieres que vivamos una vida nueva y que sea en fidelidad y servicio. Ayúdanos a darnos generosamente unos a otros. En este viernes santo danos la certeza de la fe, para que nunca te neguemos que al recorrer el camino en el viacrucis lo hagamos siendo solidarios, ayudando a cargar la cruz, y meditando tu entrega generosa. Bendícenos y guárdanos en tu amor y sobre todo que podamos expresar tus mismas palabras desde la cruz: «En tus manos encomiendo mi espíritu». Amén.

Oración de preparación

Jesús, hoy no encuentro palabras suficientes para comprender la profundidad de tu amor. Tú, inocente cordero, aceptaste el dolor por amor, y en tu cruz me revelas cuánto valgo para ti. Oh, Redentor mío, reconozco mis propias culpas y mis caídas. Enséñame a no huir del sufrimiento, sino a unirlo al tuyo con confianza, sabiendo que en Ti todo cobra sentido. Amén. 

Palabra del Papa

Jesús crucificado, refuerza en nosotros la fe, que no caiga frente a la tentación. Reviva en nosotros la esperanza, que no se desvanezca siguiendo las seducciones del mundo. Cuida en nosotros la caridad, que no se deje engañar por la corrupción y la mundanidad. Enséñanos que la cruz es vía a la Resurrección. Enséñanos que el Viernes Santo es camino hacia la Pascua de la luz. Enséñanos que Dios no olvida nunca a ninguno de sus hijos, y no se cansa nunca de perdonarnos y abrazarnos con su infinita misericordia. Pero enséñanos también a no cansarnos nunca de pedir perdón y creer en la misericordia sin límites del Padre. (Homilía de S.S. Francisco, 3 de abril de 2015).

Reflexión https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-19-de-abril-de-2019

1.- La pasión de Jesús según San Juan vista con ojos de resucitado.

«Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Juan». Con esta sencilla introducción, el lector comienza el evangelio del viernes santo (Jn 18,1-19,42). Parece que en la Iglesia romana se ha seguido siempre la tradición de leer la pasión según san Juan en este día. San Juan, el teólogo y místico, ve la pasión con mayor profundidad que los otros evangelistas, a la luz de la resurrección. Su fe pascual transfigura cada detalle y cada episodio de esta última fase de la vida terrena del Salvador.

2.- El trono de la Cruz.

Fijémonos, por ejemplo, en el tratamiento que da san Juan a la cruz. En sí misma es un sacrificio cruel y bárbaro; pero, desde que Cristo redimió a los hombres en el leño de la cruz, ésta es objeto de veneración. Es más que eso. Para san Juan, la cruz es una especie de trono. La cruz es descrita como una «exaltación», término que instantáneamente comunica la idea de ser elevado y glorificado.

3.- La Cruz revelación suprema del amor de Dios.

Sin quitar importancia a los sufrimientos del Señor, toda la narración está impregnada de una atmósfera de paz y serenidad. Cristo, y no sus enemigos, es quien domina la situación. No hay coacción: él libremente se encamina hacia su ejecución; con perfecta libertad y completo conocimiento del significado de lo que acontece, sale al encuentro de su destino. El motivo, la ulterior razón, es el amor. La cruz es la revelación suprema del amor de Dios.

4.- Jesús en la Cruz es Rey, Juez y Salvador.

En el cuadro que san Juan nos ofrece, Jesús aparece con una triple función: como rey, como juez y como salvador. Las burlas de los soldados y la coronación de espinas sirven para poner de manifiesto su realeza. En el acto mismo de su condena, es Jesús, no Pilato, quien aparece como juez; ante sus palabras y ante su cruz nos encontramos condenados o justificados. Finalmente, como salvador, Jesús reúne a su pueblo en unidad alrededor de su cruz. La Iglesia, representada en la túnica sin costura, queda formada. A María, su madre, le confiere una maternidad espiritual; queda constituida madre de todos los vivientes. Jesús desde la cruz entrega su espíritu, inaugurando así el período final de la salvación. De su costado brota sangre y agua, símbolos de salvación y del Espíritu que da vida. Cristo se muestra como el verdadero cordero pascual cuya sangre ya había salvado a los israelitas. Volverse a él con fe es salvarse. (DABAR).

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.