Pasar al contenido principal

3-feb.-2026, martes de la 4.ª semana del T. O.

«¡No temas, basta que creas!»

Salimos de la noche y estrenamos la aurora de un nuevo día que nos regalas.  Señor, nuestro corazón y nuestra mente proclaman las maravillas que haces en cada uno de nosotros, especialmente el don maravilloso de la vida, para poder realizar nuestras labores y servir a nuestros hermanos. 

Gracias por estos dos ejemplos de fe que nos regalas en este día la fe pedida, de intercesión y la fe confiada y personal; La fe pedida en Jairo que te suplica a ti, Señor, que levantes a su hija y la fe de esta mujer que piensa que con solo tocarte quedará curada. En ambos casos realizas el maravilloso prodigio de devolver vida: la hija de Jairo vuelve a la vida y con ella la vida de los que la rodean; la mujer muerta en vida por su enfermedad, la recupera. Ayúdanos a comprender estos misterios de amor, para poder escuchar tus palabras: «no temas, basta que tengas fe»; «Hija tu fe te ha curado, vete en paz y con salud». 

Danos la fortaleza necesaria para poder cumplir tu voluntad y proclamar con alegría el don de la fe, cuando nos vemos resucitados y curados. Aumenta nuestra fe, aunque se presenten obstáculos e impedimentos que nos quieran alejar de nuestra confianza en Ti. Bendícenos, guárdanos y protégenos y que Nuestra Madre nos guarde en su Santo Regazo. Amén.

Un confiado y satisfactorio martes para todos. Abrazos y bendiciones abundantes. 

LAS PALABRAS DE LOS PAPAS

Alrededor de Jesús había una muchedumbre, muchas personas lo tocaban, pero a ellos no les pasó nada. En cambio, cuando esta mujer toca a Jesús, se sana. ¿Dónde está la diferencia? Comentando este punto del texto, san Agustín dice —en nombre de Jesús—: «La multitud apretuja, la fe toca» (Sermones 243, 2, 2). Y así: cada vez que realizamos un acto de fe dirigido a Jesús, se establece un contacto con Él e inmediatamente su gracia sale de Él. A veces no nos damos cuenta, pero de una forma secreta y real la gracia nos alcanza y lentamente trasforma la vida desde dentro. (…) Mientras tanto, llevaron a aquel padre la noticia que su hija había muerto. Jesús le dice: «¡No temas, basta que creas!» (v. 36). Luego fue a su casa y, viendo que todos lloraban y gritaban, dijo: «La niña no está muerta, sino que duerme» (v. 39). Luego entra donde está la niña, le toma la mano y le dice: «Talitá kum», “¡Niña, levántate!”. La muchacha se levanta y se pone a caminar (cfr. vv. 41-42). Aquel gesto de Jesús nos muestra que Él no solo sana toda enfermedad, sino que también despierta de la muerte. Para Dios, que es Vida eterna, la muerte del cuerpo es como un sueño. La muerte verdadera es aquella del alma: ¡de esta debemos tener miedo! Un último detalle: Jesús, luego de haber resucitado a la niña, dice a los padres que le den de comer (cfr. v. 43). Esta es otra señal muy concreta de la cercanía de Jesús a nuestra humanidad. Podemos también entenderlo en sentido más profundo y preguntarnos: ¿cuándo nuestros muchachos se encuentran en crisis y tienen necesidad de nutrición espiritual, sabemos dársela? ¿Y cómo podemos hacerlo si nosotros mismos no nos nutrimos del Evangelio? (León XIV - Audiencia general, 25 de junio de 2025)

ORACIÓN 

Mi Señor, mi Maestro, he escuchado de ti y de todo lo que has hecho, no solo por tus milagros, sino también por el poder de tu Palabra. Te conozco, quizás no lo suficiente, pero, aun así, en mis enfermedades y en mis problemas, te pido ayuda; y en mis alegrías, te doy gracias. Quiero que estas palabras: «No temas, basta que creas», queden selladas para siempre en mi vida, en mi corazón y en mi mente, y que en ellas permanezca mi fe. Amén.

Reflexión sobre el evangelio (Juan Lara, miembro de Vivir en Cristo)

¿Alguna vez has sentido que la vida se te escapa de las manos y que por más que intentas, nada funciona? En este pasaje vemos a dos personas que llegaron a ese límite: Jairo, un hombre importante, desesperado por la salud de su hija y una mujer que no conocemos su nombre, que llevaba 12 años enferma, sola y sin dinero. 

Ambos representan nuestra realidad cuando agotamos todos nuestros recursos y pensamos que ya no hay nada que hacer. Es justo ahí, en el punto donde nuestras fuerzas se acaban, donde Jesús se convierte en nuestra única salida real. No importa qué tan grande sea tu problema o cuánto tiempo lleves cargándolo, el Señor siempre está disponible para aquellos que lo buscan con verdadera fe y confianza. 

La mujer nos da un ejemplo grande, se cuela entre la multitud pensando: ‘con que toque su manto, sanaré’. Ella era invisible para todos, pero su fe era tan fuerte que logró que Jesús se detuviera. 

A veces nos acostumbramos a nuestras enfermedades, a esos miedos y culpas o vacíos que venimos arrastrando por años y pensamos que ya no tiene remedio seguir luchando. Pero Jesús nos enseña que Él reconoce el toque de quien le busca con desesperación. Él conoce tu historia y la mía y se detiene para restaurar no solo tu salud, sino también tu dignidad. Un solo encuentro genuino con Él, es capaz de romper muchos años de dolor que parecían eternos, como los de esta mujer. 

A Jairo, por otro lado, le dicen lo que todos tememos escuchar: ‘ya es tarde, ya no hay nada que hacer, ¡ya no molestes al Maestro!’ Y este es el ruido del mundo que intenta convencernos de que la muerte o el fracaso tienen la última palabra. Pero Jesús, ignorando esas voces, nos da la clave para cualquier crisis: ‘no temas, basta que creas’. 

Al entrar en la habitación y decir a la niña: ‘levántate’, Jesús transforma un funeral en una gran celebración. Para el que camina con Cristo, los finales suelen ser solo el escenario para un nuevo milagro, para una nueva bendición. 

No te dejes paralizar por las malas noticias, sigue confiando porque el mismo que levantó a esa niña y sanó a esa mujer, tiene hoy el poder de devolverte la vida, la sanidad, tus sueños y la paz que necesita tu corazón. 

«La multitud apretuja, la fe toca» (Sermones 243, 2, 2)
Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.