Un nuevo amanecer en este último día de abril. Momento para dar gracias por el camino recorrido, vivido y servido. Gracias, Señor, porque hemos podido vivir este tiempo de Pascua como tiempo de esperanza, de fe y de consuelo; por todos los momentos compartidos, en los que hemos experimentado tu compañía y auxilio. Gracias, Señor, porque nos llamas nuevamente a vivir la experiencia de tu amor y de tu infinita misericordia y siempre tienes un plan para cada uno porque somos tus hijos amados.
Que, a ejemplo de san Pablo, también nosotros podamos proclamar las grandezas de tu amor y contarles a nuestros hermanos que hemos sentido tu paso por nuestra vida e historia y que nos has librado de nuestras realidades de pecado y de sufrimiento.
Gracias, Señor, porque hoy nos das la fórmula para una auténtica felicidad, para ser dichosos, no llamas a ser obedientes, a vivir en humildad y en sencillez, a ser fieles a tu amor recordando que somos verdaderos servidores tuyos en nuestros hermanos y que estamos siempre dispuestos a creer en tus promesas. Que nuestras palabras y obras sean siempre reflejo de tu amor y tu misericordia, porque sólo así lograremos ser verdaderos discípulos tuyos. Ilumínanos, Señor, guíanos y no tengas en cuenta nuestras caídas, sino la lucha constante por superarlas, porque tú eres el verdadero “Maestro del amor” y lavando los pies a tus discípulos nos mostraste lo que debe ser nuestra vida en servicio permanente y amor misericordioso. Permite que hoy sea un día para leer nuestra propia historia y sentir cómo tu mano bondadosa y misericordiosa nos ha guiado y orientado. Han sido más las alegrías que las tristezas.
Así como Pablo relee la historia del pueblo de Israel, permítenos releer nuestra historia y la de nuestras familias. Danos la fortaleza y la alegría para llevar tu presencia y tu misericordia. A ti te alabamos, te bendecimos y te glorificamos. Creemos en ti, confiamos en ti y esperamos en ti. Amén.
Feliz y vocacional jueves.
Las palabras de los Papas
¿Cómo podemos entender si realmente tenemos fe, es decir, si nuestra fe, aunque minúscula, es genuina, pura y directa? Jesús nos lo explica indicando cuál es la medida de la fe: el servicio. Y lo hace con una parábola que a primera vista es un poco desconcertante, porque presenta la figura de un amo dominante e indiferente. Pero ese mismo comportamiento del amo pone de relieve el verdadero centro de la parábola, es decir, la actitud de disponibilidad del siervo. Jesús quiere decir que así es un hombre de fe en su relación con Dios: se rinde completamente a su voluntad, sin cálculos ni pretensiones.
Esta actitud hacia Dios se refleja también en el modo en que nos comportamos en comunidad: se refleja en la alegría de estar al servicio de los demás, encontrando ya en esto nuestra propia recompensa y no en los premios y las ganancias que de ello se pueden derivar. Esto es lo que Jesús enseña al final de esta lectura: «Cuando hayáis hecho todo lo que os fue mandado, decid: “Somos siervos inútiles; hemos hecho lo que debíamos hacer”» (v. 10).
Siervos inútiles; es decir, sin reclamar agradecimientos, sin pretensiones. “Somos siervos inútiles” es una expresión de humildad y disponibilidad que hace mucho bien a la Iglesia y recuerda la actitud adecuada para trabajar en ella: el servicio humilde, cuyo ejemplo nos dio Jesús, lavando los pies a los discípulos (cf. Juan 13, 3-17).. (Francisco, Ángelus, 6 de octubre de 2019)
ORACIÓN
Señor, déjame hoy ponerme de rodillas para hacer mi oración, pues el gesto tuyo de ponerte de rodillas y lavar los pies a los discípulos me enternece y me estremece. Dame la suficiente humildad para no creerme nunca más que nadie, que no ponga dificultades a la hora de lavar los pies a mis hermanos ya que tus mandatos para mí son sagrados y quiero cumplirlos.
Reflexión https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-30-de-abril-de-2026
«Sabiendo esto, seréis dichosos si lo cumplís». La verdad es que sabemos muchas cosas, demasiadas cosas, sobre Jesús y su Evangelio, pero no pasamos a la acción, nos quedamos en la pura doctrina. Y ésa es nuestra gran equivocación. ¿De qué me sirve a mí saber cosas excelentes del amor si no lo llevo a la práctica? Como dice San Pablo, el amor cuando es pura teoría se convierte en «un metal que resuena o un címbalo que aturde» (1Cor. 13,1). El Señor nos habla muchas veces de felicidad, pero no la fundamenta en saber las cosas sino en “cumplirlas”. Las teorías sobre el amor, la humildad, el servicio, no nos hacen felices. Sólo si las cumplimos nos llenamos de una felicidad honda que nadie nos puede arrebatar.
Bonita la definición que se da Jesús de sí mismo: «YO SOY». Indica plenitud, profundidad, estabilidad, eternidad. Sólo cuando nosotros, apoyamos nuestra debilidad, nuestra precariedad y nuestra fragilidad en Jesús, comenzamos a ser nosotros mismos. Estamos llamados a vivir para siempre en comunión con Él. Y esto por pura gracia, por puro regalo de Dios.
