Pasar al contenido principal

9-abr.-2026, jueves de la Octava de Pascua

El contenido del testimonio cristiano [...] es un mensaje de salvación, un acontecimiento concreto, es más [...] es Cristo resucitado, viviente y único Salvador de todos.

Bendecida mañana en que despertamos a la vida de la fe y la esperanza y nos disponemos a iniciar el camino de una nueva jornada, que te pedimos sea llena de bendiciones y satisfacciones, de sentimientos de servicio. 

¿Qué nos ocurre cuando hemos vivido un gran sufrimiento (un fracaso personal, sentimental o profesional)? Creemos que todo se hundió y terminó. Se nos hace difícil volver a empezar, pues nos resistimos a emprender una vida nueva. Así como los discípulos necesitaron tu pedagogía también nosotros necesitamos de ese amigo, que nos diga una palabra, nos coja de las manos o nos dé una palmadita en la espalda, o ese momento de oración profunda ante el Sagrario, para descubrirte como “El Amigo que nunca falla” y que nos dice «si me abres la puerta, entraré y cenaremos juntos»

Hoy es momento para ser optimistas y valientes espiritualmente, para dejarnos llenar por tu presencia, la del resucitado; pero ante todo para abrir nuestros corazones y escuchar tu palabra: «ánimo, soy yo. ¿Por qué surgen dudas?» Ayúdanos a tener certeza que caminas a nuestro lado y no tener miedo ante los obstáculos que se puedan presentar. Tú eres nuestro escudo y fortaleza. Danos ojos de fe y oídos de esperanza para recordar que tú te entregaste en la cruz y resucitaste de entre los muertos. Nosotros no hemos visto las señales de los clavos en tus manos ni hemos tocado la herida de su costado, pero creemos que estás vivo y presente en medio de nosotros. Abre nuestros corazones a tu palabra y permítenos tocarte en el pan de la eucaristía, para que como hombres y mujeres nuevos vivamos y anunciemos con alegría: QUE TE HEMOS VISTO. Amén. 

Un muy feliz jueves sacerdotal. 

Palabra del Papa

Él, la tarde de Pascua, abre la mente de los discípulos al misterio de su muerte y resurrección y les dice: “Ustedes son testigos de todo esto”. Los Apóstoles, que vieron con los propios ojos a Cristo resucitado, no podían callar su extraordinaria experiencia. Él se había mostrado a ellos para que la verdad de su resurrección llegara a todos mediante su testimonio. Y la Iglesia tiene la tarea de prolongar en el tiempo esta misión; cada bautizado está llamado a dar testimonio, con las palabras y con la vida, que Jesús ha resucitado, que Jesús está vivo y presente en medio de nosotros. Todos nosotros estamos llamados a dar testimonio de que Jesús está vivo. El contenido del testimonio cristiano no es una teoría, no es una ideología o un complejo sistema de preceptos y prohibiciones o un moralismo, sino que es un mensaje de salvación, un acontecimiento concreto, es más, una Persona: es Cristo resucitado, viviente y único Salvador de todos. Él puede ser testimoniado por quienes han hecho una experiencia personal de Él, en la oración y en la Iglesia, a través de un camino que tiene su fundamento en el Bautismo, su alimento en la Eucaristía, su sello en la Confirmación, su continúa conversión en la Penitencia. (Regina Coeli S.S. Francisco, 19 de abril de 2015).

ORACIÓN https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-9-de-abril-de-2026 

Al principio de esta oración te pido, Señor, que me abras mi inteligencia para entender tu palabra y así descubrir el significado profundo de la Resurrección como fuente inagotable de gracia y salvación que no cesa de manar. Hoy quiero beber el agua cristalina que mana de esa fuente y llega hasta nosotros. Con la Samaritana te pido: «Dame de esa agua».  

Reflexión https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-9-de-abril-de-2026 

Jesús Resucitado se puso en medio de ellos. Él es el vencedor de la muerte, el Viviente, el Cristo, el Señor. Y esto tiene unas consecuencias para todos los cristianos: Él es el Señor de mi vida y a él le entrego las riendas de mi existencia. Así lo entendieron los primeros mártires de los tres primeros siglos. En Roma se les obligaba a reconocer a los emperadores como dioses a quienes tenían que ofrecer incienso y sacrificios. Y ellos se negaron porque sólo reconocían como Señor al que había muerto en la Cruz.

Cristo se puso en medio. Es su puesto, en su sitio. Y si Cristo no está en el centro no está en ninguna parte. Cristo no es un simple paralelo en nuestra vida sino un meridiano que atraviesa todos los paralelos de nuestra existencia. Este cambio esencial no lo podemos hacer nosotros por nuestra cuenta. Por eso necesitamos que Cristo Resucitado nos «abra la inteligencia» como a sus primeros discípulos. De este modo ejercerá su soberano señorío sobre los cristianos de todos los tiempos.

Y surge la invitación más hermosa que puede hacer un discípulo a Jesús: «Quédate con nosotros». Te necesitamos. ¿Qué sería de nosotros sin ti? Nosotros, separados de Ti, no somos nada.

... no es una teoría, no es una ideología o un complejo sistema de preceptos y prohibiciones o un moralismo...
Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.