Gracias por el don de la vida en este día dedicado a tu amor y proclamar las maravillas que haces en nosotros. Como el vigía siempre está alerta para avizorar al enemigo, así el profeta debe avisar a su pueblo contra el mal, y cada uno de nosotros estamos puestos para avisar y proteger a nuestros hermanos contra todo peligro. Permitirnos abrir nuestros corazones a la verdadera fraternidad y a la corrección que lleva primero que todo sentimientos de amor. Que si corregimos a nuestros hermanos lo hagamos desde lo profundo de nuestro corazón con sentimientos de verdadero amor y verdadera bondad, no recriminando sino al contrario apoyando para que de igual manera sintamos en nuestros corazones que el verdadero perdón pasa por el amor y la solidaridad.
Cólmanos ahora de la plenitud de tu presencia, para que sepamos aceptarnos y aprender a vivir unos con otros.
Te ofrecemos nuestra buena voluntad y te pedimos que nos des fuerza para acogernos mutuamente con bondad, y verdadera fraternidad. Si queremos cumplir tu voluntad, tenemos que ─como nos dice hoy san Pablo─ amar verdaderamente a nuestro prójimo. Es la única manera que tenemos nosotros de sentir la felicidad. Tenemos que ser vigías, vigías en el amor, vigías en fraternidad y vigías en solidaridad. Permítenos abrir nuestros corazones con humildad y sencillez cuando nos tengan que corregir o cuando tengamos que hacerlo. Que hagamos la corrección únicamente en tu amor como tú nos corriges y que lo haces como un padre bondadoso, como el padre de la misericordia y como padre del perdón. Que, si llamamos la atención, lo hagamos sin herir sentimientos o abrir más heridas recordando cosas del pasado o tratando de tener siempre la razón. Nuestra mirada sea a los ojos del hermano y sea mirada de compasión como eres compasivo con nosotros. Alabado y adorado sea tu glorioso nombre. Feliz y descansado domingo para todos.
