Al despertar me saciaré de tu presencia, Señor. Gracias por este nuevo día, porque al abrir los ojos vamos contemplando cómo va clareando y se van disipando las tinieblas. Es tu invitación a iniciar nuestras labores y hacerlo con alegría y con muchos deseos de hacer el bien. Hoy con tu palabra nos regalas un ejemplo que todos somos especiales para ti y que lo débil para ti es fortaleza. Los méritos de estas mujeres para entrar a formar parte de la comunidad de discípulos, es desconcertante. No te fijaste en sus cualidades especiales, ni a títulos personales. Lo que estas mujeres tenían en común, es que "habían sido curadas de malos espíritus y de enfermedades". Son mujeres que se sienten curadas por ti . Responden entregando sus personas, sus bienes, y "ahora te acompañan por el camino". Gracias Señor porque nos has curado de tantas situaciones y de tantos demonios que nos habían alejado de ti en tantos momentos de nuestras vidas, pero ahora nos sentimos tan cercanos a ti, que no queremos retirarnos de tu lado. Permítenos seguir unidos a ti a lo largo del camino, para ayudarte en nuestros hermanos, para escuchar tu palabra, pero ante todo gozar de tu presencia. Lo que más anhelamos y te pedimos es que nos apartemos de la codicia, y de todo obstáculo negativo y podamos servir en alegría, bondad y paciencia, para que no sean obras nuestras sino tus propias obras las que realizamos en nuestros hermanos. Gracias por lo vivido y lo que viviremos durante este viernes. Bendecidos en tu amor y misericordia te damos gracias. Amén
Viernes de la 24.ª semana del TO (18-sep.-2020)
