Pasar al contenido principal

10-ago.- lunes de la 19.ª semana del T. O.

los mejores cristianos han dado su vida por los demás siguiendo el ejemplo de Jesús. Ahora nos toca a nosotros [...] ¿Hasta dónde estoy dispuesto a llegar?

Nuestro despertar nos lleva a escuchar el trino de las aves que anuncian un nuevo día, nueva semana, para reconocer lo bueno y generoso que es Dios para nosotros. En este día elevemos nuestra oración agradecida por lo que somos y tenemos y ante todo como el grano de trigo, que gastemos nuestra vida sirviendo y amando a los demás.

Tú quieres que seamos imitadores de tu generosidad y alegría. Ayúdanos a expresarte nuestra gratitud a ti y a revelar tu bondad compartiendo lo que somos y tenemos con alegría y con sinceridad como el diácono San Lorenzo, que imitó la entrega de sí mismo como tú lo hiciste.

Los dones que nos das son humildes y sencillos pero llenos de tu ternura y generosidad. Tú que miras y conoces nuestros corazones, enséñanos a compartir en el silencio para que nuestra mano izquierda no sepa lo que nuestra mano derecha está dando. Que experimentemos suficiente alegría al saber que tú conoces lo que hay en nuestro corazón y en nuestras manos y sepamos poner en práctica estas palabras: «Cuanto más siembran, más cosechan». Ayúdanos a ser generosos, como tú has sido generoso con los dones que de ti hemos recibido. Recuérdanos que Dios ama al que da con alegría y bendice y multiplica nuestra generosidad. San Lorenzo fue generoso al entregar todo lo que tenía incluso su vida. Bendecido y generoso lunes iniciando nuestra semana y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, nos acompañe siempre. 

Palabra del Papa 

La gente conoce el recorrido de la semilla, desde los recovecos del suelo que la asfixia, la pudre y allí muere, pero con gran asombro, aparece viva sobre los surcos y se convierte en una dorada espiga con muchos granos nuevos. En otras palabras, la semilla muere sola y resucita multiplicando sus frutos. Nuestro Señor Jesucristo, «murió solo y resucitó acompañado de muchos». (San Beda) Jesús nos invita a seguirle en esa entrega total. Nos invita a tener una actitud de confianza completa y sin reservas a la salvación del reinado de Dios. Esta actitud y conducta nos la enseña Jesús no sólo con palabras sino con su misma vida, muerte y resurrección. Recordemos las palabras de Jesús: «Nadie tiene mayor amor que quien da la vida por los que ama». El que entrega su vida por los demás, ama de veras, se olvida de su propio interés y de su propia seguridad y lucha por una vida digna y libre para todos. El martirio de san Lorenzo sucedió en los orígenes de la Iglesia, pero siempre los mejores cristianos han dado su vida por los demás siguiendo el ejemplo de Jesús. Ahora nos toca a nosotros y nos podemos preguntar cada uno de nosotros: ¿Hasta dónde estoy dispuesto a llegar?  (Homilía de S.S. Francisco, 22 de marzo de 2015).

la semilla muere sola y resucita multiplicando sus frutos. [...] «murió solo y resucitó acompañado de muchos»
ORACIÓN 

Señor, me encantan estos contrastes tan bonitos del evangelio: “perdiendo se gana”, “dando se recibe”, “muriendo se vive”. Señor, haz que, de una vez por todas, me convenza de que “el Evangelio siempre tiene razón”. Amén.

Reflexión 

El profeta Isaías nos habla de un Dios que hace germinar la tierra para que «dé simiente al que siembra y pan al que come». (Is 55,10). Si Jesús compara nuestra vida al “grano de trigo” es para decirnos que nuestra vida, como el grano de trigo, no la podemos guardar en el granero, porque queda solo y ahí se pierde. Y en la vida podemos optar por dos cosas: a) por “quedarnos solos” guardando la vida, conservándola de una manera egoísta, sin dar ningún fruto, y al final “muriéndonos de asco”; o b) entregarla a los demás convirtiéndonos en “pan” para ser partido y comido por los demás al estilo de Jesús en la Eucaristía. Hacer de la vida una entrega desinteresada por los demás, especialmente por los que más lo necesitan, eso es llenar la vida, eso es acertar en la vida. Pero hay más. El grano, además de hacerse pan, debe también convertirse en “semilla”. El buen cristiano no sólo se preocupa del presente inmediato, de las personas a las que puede ayudar y servir mientras vive. Como Jesús, debe dejar semillas para los que vienen detrás, para que también ellos se aprovechen y puedan cosechar un fruto que ellos no han sembrado. “Ser pan”, “ser semilla” ¡Qué vida tan bonita! Vivir desviviéndose uno por la gente y seguir dando fruto aún después de muerto. ¿No te apuntas a esta maravillosa aventura?

“La gente conoce el recorrido de la semilla, desde los recovecos del suelo que la asfixia, la pudre y allí muere, pero con gran asombro, aparece viva sobre los surcos y se convierte en una dorada espiga con muchos granos nuevos. En otras palabras, la semilla muere sola y resucita multiplicando sus frutos. Nuestro Señor Jesucristo, «murió solo y resucitó acompañado de muchos”. (San Beda)

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.