Nuestro despertar nos lleva a escuchar el trino de las aves que anuncian un nuevo día, nueva semana, para reconocer lo bueno y generoso que es Dios para nosotros. En este día elevemos nuestra oración agradecida por lo que somos y tenemos y ante todo como el grano de trigo, que gastemos nuestra vida sirviendo y amando a los demás.
Tú quieres que seamos imitadores de tu generosidad y alegría. Ayúdanos a expresarte nuestra gratitud a ti y a revelar tu bondad compartiendo lo que somos y tenemos con alegría y con sinceridad como el diácono San Lorenzo, que imitó la entrega de sí mismo como tú lo hiciste.
Los dones que nos das son humildes y sencillos pero llenos de tu ternura y generosidad. Tú que miras y conoces nuestros corazones, enséñanos a compartir en el silencio para que nuestra mano izquierda no sepa lo que nuestra mano derecha está dando. Que experimentemos suficiente alegría al saber que tú conoces lo que hay en nuestro corazón y en nuestras manos y sepamos poner en práctica estas palabras: «Cuanto más siembran, más cosechan». Ayúdanos a ser generosos, como tú has sido generoso con los dones que de ti hemos recibido. Recuérdanos que Dios ama al que da con alegría y bendice y multiplica nuestra generosidad. San Lorenzo fue generoso al entregar todo lo que tenía incluso su vida. Bendecido y generoso lunes iniciando nuestra semana y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, nos acompañe siempre.
Palabra del Papa
La gente conoce el recorrido de la semilla, desde los recovecos del suelo que la asfixia, la pudre y allí muere, pero con gran asombro, aparece viva sobre los surcos y se convierte en una dorada espiga con muchos granos nuevos. En otras palabras, la semilla muere sola y resucita multiplicando sus frutos. Nuestro Señor Jesucristo, «murió solo y resucitó acompañado de muchos». (San Beda) Jesús nos invita a seguirle en esa entrega total. Nos invita a tener una actitud de confianza completa y sin reservas a la salvación del reinado de Dios. Esta actitud y conducta nos la enseña Jesús no sólo con palabras sino con su misma vida, muerte y resurrección. Recordemos las palabras de Jesús: «Nadie tiene mayor amor que quien da la vida por los que ama». El que entrega su vida por los demás, ama de veras, se olvida de su propio interés y de su propia seguridad y lucha por una vida digna y libre para todos. El martirio de san Lorenzo sucedió en los orígenes de la Iglesia, pero siempre los mejores cristianos han dado su vida por los demás siguiendo el ejemplo de Jesús. Ahora nos toca a nosotros y nos podemos preguntar cada uno de nosotros: ¿Hasta dónde estoy dispuesto a llegar? (Homilía de S.S. Francisco, 22 de marzo de 2015).
