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8-ago.- sábado de la 18.ª semana del T. O.

cada uno de nosotros, en la propia vida de cada día, puede dar testimonio de Cristo, con la fuerza de Dios, la fuerza de la fe. Con la pequeñísima fe que tenemos

Una semana más, otro nuevo amanecer y un día para llenarnos de ilusiones y esperanzas y que nuestro corazón sea pleno en agradecimiento por todo lo recibido. 

Señor, te damos gracias hoy por el ejemplo de santa Clara. Ella comprendió que para poseerte a ti uno debe ser libre de cosas que nos distraen y alejan de ti. Danos también a nosotros la riqueza de mantener viva nuestra paz interior con respecto a posesiones y apegos mundanos y ábrenos a la verdadera riqueza: que consiste en entregarnos generosamente a ti y a nuestros hermanos. Clara comprendió que la pobreza hace a una persona libre para amar: amar a Dios de modo indiviso y estar disponible para amar y servir a los hermanos.  Su lema fue: «Oh Dios, soy feliz porque tú me creaste».  ¿No es eso verdadera riqueza? Hoy nuestra máxima riqueza es tu presencia en nuestras vidas y el amor que compartimos con nuestros hermanos. Llena nuestras manos vacías con tus dones. Haznos generosos como tú para que seamos uno en el servicio. Aumenta nuestra fe a ejemplo de santa Clara y danos la fortaleza necesaria para emprender el camino de entrega disposición y servicio. JESÚS YO CREO EN TI, PERO AUMENTA MI FE. A ti te alabamos te bendecimos y te glorificamos. 

PALABRA DEL PAPA

La semilla de la mostaza es pequeñísima, pero Jesús dice que basta tener una fe así, pequeña, pero auténtica, sincera, para hacer cosas humanamente imposibles, impensables. ¡Y es verdad! Todos conocemos a personas sencillas, humildes, pero con una fe muy firme, que de verdad mueven montañas. Pensemos, por ejemplo, en algunas mamás y papás que afrontan situaciones muy difíciles; o en algunos enfermos, incluso gravísimos, que transmiten serenidad a quien va a visitarles. Estas personas, precisamente por su fe, no presumen de lo que hacen (…) Cuánta gente entre nosotros tiene esta fe fuerte, humilde, que hace tanto bien. (…) cada uno de nosotros, en la propia vida de cada día, puede dar testimonio de Cristo, con la fuerza de Dios, la fuerza de la fe. Con la pequeñísima fe que tenemos, pero que es fuerte. Con esta fuerza dar testimonio de Jesucristo, ser cristianos con la vida, con nuestro testimonio. ¿Cómo conseguimos esta fuerza? La tomamos de Dios en la oración. La oración es el respiro de la fe: en una relación de confianza, en una relación de amor, no puede faltar el diálogo, y la oración es el diálogo del alma con Dios. (papa Francisco, Ángelus, 6 de octubre de 2013)

La oración es el respiro de la fe
ORACIÓN 

Señor, yo quiero orar.  Necesito orar porque hay situaciones que sólo pueden solucionarse con una oración profunda y sincera.  No quiero la oración superficial de tus discípulos que fue incapaz de curar al muchacho enfermo. Quiero orar con la oración de aquel padre angustiado por el sufrimiento de su hijo. Dame la fuerza de una oración existencial, enraizada en los problemas de la vida real. Amén. 

Reflexión https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-8-de-agosto-de-2026

Hay en los evangelios una oración que siempre es escuchada: la de los padres que piden liberar a los hijos de un sufrimiento. El Jesús de los evangelios es muy sensible al sufrimiento de la gente. Tenía Jesús un corazón tan compasivo que no podía ver sufrir a nadie. En nuestro caso, hay un padre que sufre horrores a causa de la enfermedad de su hijo. Y acude a los discípulos de Jesús. Pero éstos no han podido curarlo. La razón es la poca fe y la falta de una auténtica oración. Hay mucha gente que acude a nosotros pidiendo una oración y la despachamos con un Padrenuestro mal rezado. Seamos serios. Dios quiere que nos fiemos plenamente de Él, que sintamos en carne viva los problemas de la gente, que cambiemos de vida y nos convirtamos al Evangelio. No se trata de mover montañas de tierra sino creer en la fuerza del evangelio para mover montañas de prejuicios y dificultades a la hora de implantar en el corazón de las personas los criterios del Evangelio. Con el evangelio en las manos o en los labios, no podemos hacer mucho. Con el evangelio en el corazón, hecho vida y experiencia, tenemos la mejor levadura para transformar este mundo.

“La fe es esa virtud, nunca dada por sentada, que da vida a la Iglesia, porque corresponde a la gracia que nutre los sarmientos de la única vid. La Iglesia viva es la Iglesia que cree, por el don del Espíritu Santo derramado en nuestros corazones: esta es la Iglesia que da mucho fruto”, afirma el Pontífice. (Encuentro de cardenales con el Papa 26 y 27 de junio del 2026).

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.