Una semana más, otro nuevo amanecer y un día para llenarnos de ilusiones y esperanzas y que nuestro corazón sea pleno en agradecimiento por todo lo recibido.
Señor, te damos gracias hoy por el ejemplo de santa Clara. Ella comprendió que para poseerte a ti uno debe ser libre de cosas que nos distraen y alejan de ti. Danos también a nosotros la riqueza de mantener viva nuestra paz interior con respecto a posesiones y apegos mundanos y ábrenos a la verdadera riqueza: que consiste en entregarnos generosamente a ti y a nuestros hermanos. Clara comprendió que la pobreza hace a una persona libre para amar: amar a Dios de modo indiviso y estar disponible para amar y servir a los hermanos. Su lema fue: «Oh Dios, soy feliz porque tú me creaste». ¿No es eso verdadera riqueza? Hoy nuestra máxima riqueza es tu presencia en nuestras vidas y el amor que compartimos con nuestros hermanos. Llena nuestras manos vacías con tus dones. Haznos generosos como tú para que seamos uno en el servicio. Aumenta nuestra fe a ejemplo de santa Clara y danos la fortaleza necesaria para emprender el camino de entrega disposición y servicio. JESÚS YO CREO EN TI, PERO AUMENTA MI FE. A ti te alabamos te bendecimos y te glorificamos.
PALABRA DEL PAPA
La semilla de la mostaza es pequeñísima, pero Jesús dice que basta tener una fe así, pequeña, pero auténtica, sincera, para hacer cosas humanamente imposibles, impensables. ¡Y es verdad! Todos conocemos a personas sencillas, humildes, pero con una fe muy firme, que de verdad mueven montañas. Pensemos, por ejemplo, en algunas mamás y papás que afrontan situaciones muy difíciles; o en algunos enfermos, incluso gravísimos, que transmiten serenidad a quien va a visitarles. Estas personas, precisamente por su fe, no presumen de lo que hacen (…) Cuánta gente entre nosotros tiene esta fe fuerte, humilde, que hace tanto bien. (…) cada uno de nosotros, en la propia vida de cada día, puede dar testimonio de Cristo, con la fuerza de Dios, la fuerza de la fe. Con la pequeñísima fe que tenemos, pero que es fuerte. Con esta fuerza dar testimonio de Jesucristo, ser cristianos con la vida, con nuestro testimonio. ¿Cómo conseguimos esta fuerza? La tomamos de Dios en la oración. La oración es el respiro de la fe: en una relación de confianza, en una relación de amor, no puede faltar el diálogo, y la oración es el diálogo del alma con Dios. (papa Francisco, Ángelus, 6 de octubre de 2013)
