Día hermoso, bello amanecer y radiante domingo en que nuestros corazones se llenan de felicidad y agradecimiento de ternura y de armonía. Hoy no solo celebramos el día del Señor, sino también el encuentro amoroso con nuestra madre del cielo y nuestras madres en la tierra.
Queridas madres —que son hermanas tías, sobrinas cuñadas—: en este día el corazón se llena de alegría para poder expresar todo este sentimiento que nos acompaña en nuestro diario vivir, porque contar con ustedes es contar con ese ángel hermoso tierno y al mismo tiempo frágil que son cada una de ustedes.
Hemos aprendido de nuestra mamá —que ahora está en el cielo— todo el amor, el respeto y la generosidad en el tiempo. En cada una de ustedes vamos encontrando palabras hermosas y llenas de sentimientos amorosos.
Gracias por el legado de amor y las enseñanzas que dejaron y dejan en nuestras vidas. Aunque no las veamos, su presencia vive en nuestros recuerdos y en cada una de nuestras actividades.
No hay palabra más hermosa que poder decir en este día: “Te amo mamá, gracias porque me has enseñado el amor generoso y desinteresado que como hijo uno puede encontrar”. Es la ternura, la generosidad y muchas veces la mentira piadosa y amorosa que se encuentra en una madre. Su sencillez y humildad siempre han sido características, a ejemplo de nuestra Madre Santísima, el ser de mamá, abuela, tía y de hermana, de cuñada y de sobrina. No hay otra pintura más grande que puede encontrar el corazón que el de una sonrisa de mamá, sonrisa de fe, esperanza y caridad, como lo fue María, nuestra Madre Santísima. El Señor les siga regalando ese don de ser madres esposas, hijas y abuelas.
En María Santísima, nuestra madre, encontramos la mayor protección y auxilio y solo le pido a Dios que las protejan, las bendigan y nos sigan ayudando fortalecidas en la generosidad de sus corazones. Amén.
Ahora nos inspiramos, Señor, para vivir tu palabra:
Tú mirabas a tus contemporáneos con los ojos de Dios, con amor. Fuiste enviado por el Padre para darnos a conocer nuestra realidad; nos invitas y propones a ser lo que somos: humanos en un proceso, camino, para crecer y alcanzar la unidad, en todo somos llamados al Padre celestial. Así mismo, tener presente a Dios, hace nueva nuestra manera de ser y de estar, de hacer, de mirar, de convivir. Tu presencia en nuestra vida nos hace capaces, conscientes, de reconocer tu amor y, por tanto, comprometidos, responsables y buscadores con esperanza, como comunidad, familia de Dios, estamos llamados a seguir progresando, creciendo, para estar más cerca del Padre celestial y hacer realidad tu invitación: AMAR.
Un muy feliz y maternal domingo de ternura y cosas bellas al lado de este ser maravilloso que es cada MAMÁ. Bendiciones, besos y abrazos para ELLAS.
HOY DILE CUÁNTO LA AMAS Y CUÁNTO REPRESENTA SU AMOR Y ENTREGA.
