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14-feb.-2026, sábado de la 5.ª semana del T. O.

Jesús no quiere obrar solo, vino a traer al mundo el amor de Dios y quiere difundirlo con el estilo de la comunión, con el estilo de la fraternidad

Hoy es día oportuno para darte gracias porque todo procede de Ti: el don de la vida que nos regalas, nuestros bienes materiales y espirituales, nuestras familias, nuestros amigos…. toda obra de tu generosidad y de tu amor. Pero a veces olvidamos que somos obra de tus manos. 

Ayúdanos para no caer en el mismo error que Jeroboam y danos el poder tener el corazón sencillo, humilde y abierto para reconocer que no somos autosuficientes, que no podemos construir nuestra vida nosotros solos, sino que necesitamos de Ti, necesitamos de tu gracia para buscarte, encontrarte y escucharte.

Tu mirada ve las necesidades reales, materiales o espirituales. Esta mirada nacida de la compasión se convierte en gesto y éste en don para la vida. Tu compasión es fruto de tu amor y generosidad que te hace acercarse con sencillez y ternura al más necesitado. Es una compasión generosa y oportuna porque el bienestar de la persona para ti es lo primero. El milagro de la multiplicación de los panes manifiesta tu poder, pero no de forma espectacular, sino como señal de la caridad, de la generosidad del Padre hacia sus hijos cansados y necesitados. En aquella ocasión hiciste que tus discípulos repartieran aquellos panes y peces y hoy quieres que nosotros seamos los que repartamos el pan de la fe y los pescados de la esperanza y quieres que lo hagamos en alegría y felicidad, ya que hay más alegría en dar que en recibir. Sean estas actitudes nuestra confianza en ti y nuestra generosidad a los demás. Haznos ver claramente que eres Tú el que finalmente cuenta, que tú eres el sentido de nuestras vidas. Nos alimentas no sólo con tu palabra, sino con tu presencia. Que hoy te podamos ofrecer los panes de la humildad y los peces de nuestra generosidad para que tú los bendigas y los multipliques.  En este sábado de descanso ayúdanos a mirar con los ojos del amor, de la fraternidad, de la solidaridad, de la justicia, de la misericordia, de la compasión, como lo hicieron tus santos Cirilo y Metodio, dos hermanos que nacieron en Tesalónica. Como monjes tomaron los nombres de Cirilo y Metodio, realizaron la obra misionera en el siglo IX en Europa central. Con toda razón los llamaron “los apóstoles de los eslavos”, porque se adaptaron a los pueblos que evangelizaban utilizando métodos adecuados a sus culturas. Metodio creó un nuevo alfabeto para los pueblos eslavos, tradujo la Biblia y el ritual litúrgico con unidad lingüística y cultural; lucharon mucho contra los opositores a sus buenas innovaciones. Amén.

Feliz y bendecido fin de semana, aprovechando el descanso, para meditar y pensar en la Palabra. 

PALABRA DEL PAPA

Jesús no quiere obrar solo, vino a traer al mundo el amor de Dios y quiere difundirlo con el estilo de la comunión, con el estilo de la fraternidad. Por ello forma inmediatamente una comunidad de discípulos, que es una comunidad misionera. Inmediatamente los entrena para la misión, para ir. Pero atención: el fin no es socializar, pasar el tiempo juntos, no, la finalidad es anunciar el Reino de Dios, ¡y esto es urgente! También hoy es urgente. (…) Estos setenta y dos discípulos, que Jesús envía delante de Él, ¿quiénes son? ¿A quién representan? Si los Doce son los Apóstoles, y por lo tanto representan también a los obispos, sus sucesores, estos setenta y dos pueden representar a los demás ministros ordenados, presbíteros y diáconos; pero en sentido más amplio podemos pensar en los demás ministerios en la Iglesia, en los catequistas, los fieles laicos que se comprometen en las misiones parroquiales, en quien trabaja con los enfermos, con las diversas formas de necesidad y de marginación; pero siempre como misioneros del Evangelio, con la urgencia del Reino que está cerca. Todos deben ser misioneros, todos pueden escuchar la llamada de Jesús y seguir adelante y anunciar el Reino. (Francisco - Ángelus, 7 de julio de 2013)

ORACIÓN 

¡Jesús, qué alegría saber que eres mi alimento, mi medicina, mi sostén! Gracias por concederme la gracia de estar tan cerca de tu amor. Concédeme acercarme siempre a Ti con la fe y la sencillez del niño que todo lo espera de su padre. Que mi amor a tu amistad vaya siempre en aumento y el deseo de poseerte eternamente sea mi única ilusión.

Reflexión

El Señor tiene compasión, a fin de que nadie desfallezca por el camino. Igual que hace llover sobre justos e injustos (Mt 5,45), nutre tanto a los justos como a los injustos. ¿No es, acaso, gracias a la fuerza del alimento recibido que el profeta Elías, desfallecido en el camino, pudo caminar cuarenta días? (1Re 19,8). Este alimento se lo dio un ángel; pero a vosotros es el mismo Cristo quien os alimenta. Si conserváis el alimento así recibido, seréis capaces de caminar no cuarenta días y cuarenta noches, sino durante cuarenta años, desde la salida de vuestros confines de Egipto hasta vuestra llegada a la tierra de la abundancia, la tierra que mana leche y miel (Ex 3,8). Cristo comparte los víveres, y quiere, sin duda alguna, dar a todos. No rechaza a nadie, sino que provee a todos... Este pan que parte Jesús es el misterio de la palabra de Dios: cuando se distribuye, aumenta. Tan solo con unas pocas palabras Jesús ha dado a todos los pueblos un alimento superabundante... (san Ambrosio)

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.