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16-jul.-jueves de la 15.ª semana del T. O.

en Él la misericordia de Dios se hizo cargo de las pobrezas de los hombres, donando así a todos la posibilidad de la salvación

En esta mañana tan especial para nosotros por el don de la vida que nos concedes y porque podemos honrar a Nuestra Madre Santísima en esta advocación tan hermosa de Nuestra Señora del Carmen.  Hoy elevamos nuestras oraciones pidiendo a tu Santísima Madre que interceda por nosotros.

Como en aquella ocasión en que un grupo de ermitaños comenzó a venerarte en las laderas de la cordillera del Carmelo y tú manifestaste tu amor y nos hiciste participes de tu intercesión. La belleza del Carmelo debió mostrar aquella otra belleza que te adornó a ti. Tu docilidad a la oración callada y tu fe inquebrantable. A ti Madre, se te pueden aplicar con razón las palabras del profeta Isaías: «Le han dado la gloria del Líbano, y el esplendor del Carmelo». Madre, te pedimos que nos acojas en tu Santo Regazo y nos protejas con tu Manto Sagrado. Enséñanos a ser humildes y sencillos, a cumplir la voluntad del Padre y a guardar como tú lo hacías, su palabra en nuestros corazones y a ponerla en práctica. Al igual que a San Simón STok, regálanos tu escapulario que nos proteja por delante para que sea una coraza de amor y por detrás nos proteja de todo mal. Que en este día vayamos a nuestros hermanos y les comuniquemos la Buena Nueva del amor. Ponemos en tus manos esta mañana que iniciamos.  Bajo tu amparo nos acogemos Santa Madre de Dios. Amén. 

Feliz y mariano jueves. 

MADRE DEL MONTE CARMELO, INTERCEDE POR NOSOTROS QUE ACUDIMOS A TI. 

 

ORACIÓN A LA VIRGEN DEL CARMEN

Oh Virgen María, Madre de Dios y Madre también de los pecadores y especial Protectora de los que visten tu sagrado Escapulario, por lo que su Divina Majestad te engrandeció, escogiéndote para verdadera Madre suya, te suplico me alcances de tu querido Hijo, el perdón de mis pecados, la enmienda de mi vida, la salvación de mi alma, el remedio de mis necesidades, el consuelo de mis aflicciones y la gracia especial que te pido, si conviene para su mayor honra y gloria y bien de mi alma; que yo, Señora, para conseguirlo me valgo de vuestra intercesión poderosa.

Quisiera tener el espíritu de todos los ángeles, santos y justos a fin de poder alabarte dignamente y uniendo mi voz con sus afectos, te saludo una y mil veces diciendo: (Tres Avemarías).

Virgen Santísima del Carmen, yo deseo que todos sin excepción, se cobijen bajo tu sombra protectora de tu Santo Escapulario y que todos estén unidos a Ti Madre Mía, por los estrechos y amorosos lazos de ésta tu querida insignia.

¡Oh, Hermosura del Carmelo! Míranos postrados reverentes ante su sagrada imagen y concédenos benigna tu amorosa protección. Te encomiendo las necesidades de nuestro Santísimo Padre el Papa y la Iglesia Católica, nuestra Madre, así como las de mi nación y las de todo el mundo, las mías propias y las de mis parientes y amigos.

Mira con ojos de compasión a tantos pobres pecadores, herejes y cismáticos, cómo ofenden a tu Divino Hijo y a tantos infieles cómo gimen en las tinieblas del paganismo. Que todos se conviertan y te amen, Madre Mía, como yo deseo amarte ahora y por toda la eternidad. Amén.

PALABRA DEL PAPA

La invitación del Señor es sorprendente: llama para que le sigan a personas sencillas y sobrecargadas por una vida difícil, llama para que le sigan a personas que tienen tantas necesidades y les promete que en Él encontrarán descanso y alivio.  (…) Se trata de aquellos que no pueden contar con medios propios, ni con amistades importantes. Sólo pueden confiar en Dios. Conscientes de su propia humilde y miserable condición, saben depender de la misericordia del Señor, esperando de Él la única ayuda posible. En la invitación de Jesús encuentran finalmente la respuesta a su espera: al convertirse en sus discípulos reciben la promesa de encontrar descanso durante el resto de su vida. (…) El yugo que los oprimidos soportan es el mismo yugo que Él llevó antes que ellos: por eso es un yugo ligero. Él ha cargado sobre sus hombros los dolores y pecados de la humanidad. Para el discípulo, entonces, recibir el yugo de Jesús significa recibir su revelación y acogerla: en Él la misericordia de Dios se hizo cargo de las pobrezas de los hombres, donando así a todos la posibilidad de la salvación. (…) el Señor nos enseñe a no tener miedo de seguirle, para que la esperanza que ponemos en Él no sea defraudada. Estamos llamados a aprender de Él qué significa vivir de misericordia para ser instrumentos de misericordia.  (Papa Francisco, catequesis del 14 de septiembre de 2016)

el Señor nos enseñe a no tener miedo de seguirle, para que la esperanza que ponemos en Él no sea defraudada
ORACIÓN 

Hoy, Jesús, vengo a la oración a escuchar unas sabias palabras que salieron de tu boca: “Aprended de mí”. En la vida hemos tenido muchos maestros, pero “uno solo es el Maestro” (Mt. 23,10). Ni siquiera los Apóstoles se llamaron maestros sino “discípulos”. Todos somos discípulos, aprendices de cristianos; siempre nos queda mucho que aprender de este gran Maestro que es Jesús. Amén. 

Reflexión https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-16-de-julio-de-2026

La tradición ha puesto a Jesús muchos títulos: el Mesías, el Señor, el Hijo del Hombre…pero la gente sencilla que acudía a Jesús cuando caminaba por las calles de Palestina le llamaría así “Jesús, el quita pesos”; “Jesús, el quitacargas”. Porque todo el que se acercaba a Jesús notaba que su vida se aliviaba, se aligeraba. Jesús se dedicaba a eso: a curar, sanar, aliviar, levantar, animar. Lo dice muy bien el libro de los Hechos de los Apóstoles en un precioso resumen de la vida de Jesús: “Pasó por la vida haciendo el bien y curando a todos los oprimidos” (Hch 10,38). No cabe duda de que Jesús disfrutaba haciendo el bien. Jesús quiere que evitemos el mal, lo que hace sufrir, y nos dediquemos a aliviar la vida de los que llevan cargas demasiado pesadas que no pueden soportar. Porque hay ocasiones en las que a todos “nos pesa la vida”. ¿Qué hacer? Acudir a Jesús. En realidad, sólo descansamos cuando estamos con las personas que amamos.  Y Jesús, el hombre del amor, el que vive henchido de la ternura del Padre, quiere que nos acerquemos a Él porque sabe que sólo en Él está nuestro verdadero descanso.  A veces, cuando muere alguien que ha sufrido mucho, decimos: YA HA DESCANSADO. Pero Dios no nos ha creado para que no suframos, sino para que gocemos plenamente. El que Dios será nuestro descanso significa que viviremos en un eterno abrazo con Dios.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.