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17-ene.-2026, sábado de la 1.ª semana del T. O.

«No hay santo sin pasado y no hay pecador sin futuro»

Buenos días, te decimos, Señor, para alabarte y bendecirte; inspirados en la acción de gracias que te ofrecemos y porque sentimos nuevamente tu llamado para reafirmarnos como tus discípulos. Sabemos que, a pesar de todo, Tú llamas a personas débiles, aun siendo pecadoras para ir dando forma a tus sueños sobre todos nosotros y para ser instrumentos de salvación.

Danos confianza, no en nuestras propias fuerzas, sino en el poder de tu amor, que puede hacer, por medio de nosotros y con nosotros, lo que somos incapaces de hacer. Te damos gracias por llamarnos a salir de nuestra fragilidad y muchas veces nuestro temor a responderte. Danos la fortaleza para emprender nuestro camino de este día, con la seguridad que nos has dicho: «Sígueme». Que como Mateo nos levantemos enseguida y te sigamos, para escucharte y poder realizar tus obras según tu querer. Gracias por este fin de semana que generosamente nos das. Permite que lo vivamos en armonía y unidad, sobre todo, compartiendo con los que amamos y debemos amar más. Nuestra Madre, la Virgencita sea nuestro auxilio y nuestra intercesora. Amén. 

Un muy feliz y descansado fin de semana. 

Palabra del Papa

Llamando a Mateo, Jesús muestra a los pecadores que no mira su pasado, la condición social, las convenciones exteriores, sino que más bien les abre un futuro nuevo. Una vez escuché un dicho bonito: «No hay santo sin pasado y no hay pecador sin futuro». Esto es lo que hace Jesús. No hay santo sin pasado, ni pecador sin futuro. Basta responder a la invitación con el corazón humilde y sincero. La Iglesia no es una comunidad de perfectos, sino de discípulos en camino, que siguen al Señor porque se reconocen pecadores y necesitados de su perdón. La vida cristiana, entonces, es escuela de humildad que nos abre a la gracia. Un comportamiento así no es comprendido por quien tiene la presunción de creerse «justo» y de creerse mejor que los demás. Soberbia y orgullo no permiten reconocerse necesitados de salvación, más bien, impiden ver el rostro misericordioso de Dios y de actuar con misericordia. (…)  Tenemos todos necesidad de nutrirnos de la misericordia de Dios, porque es de esta fuente que brota nuestra salvación. (Francisco - Audiencia general, 13 de abril de 2016)

ORACIÓN 

Señor Jesús, Tú pasas junto a mi historia concreta, como pasaste junto al lugar de trabajo de Mateo, y no te detienes en mis límites ni en mis errores, sino en la posibilidad nueva que nace cuando tu voz llama con amor. Gracias porque no te escandaliza mi fragilidad ni te cansa mi pecado; al contrario, haces de mi vida un espacio donde tu misericordia quiere habitar. Amén.

Reflexión del evangelio (P. Luis Alberto Tirado Becerril, misionero del Espíritu Santo)

«Sígueme». Si hoy el Señor te viera y te dijera: ‘sígueme’, ¿qué harías? ¿lo seguirías o le preguntarías ‘a dónde’? Y si te respondiera y descubres que no te llevará a donde tú quieres, o por el camino que tú quieres, ¿lo seguirías? Pues, resulta que no es algo que tengas que imaginar, porque precisamente hoy el Señor te está mirando fijamente y te llama por tu nombre y te dice: ‘sígueme’. Y no le importa ni tu pecado, ni tu pasado, porque como Él lo ha dicho, no son los sanos los que tienen necesidad del médico sino los enfermos, pues no ha venido para llamar a los justos sino a los pecadores.

Pero si te fijas, Cristo le dice sígueme y lo lleva a su casa, no a la de Jesús sino la del mismo Mateo. Y es que el seguimiento de Cristo muchas veces implica ir al propio origen, al propio hogar, a la propia interioridad, para que Cristo, pueda llegar hasta lo más profundo de tu corazón; para que pueda habitarlo, restaurarlo, liberarlo de todas tus idolatrías y hacerlo capaz de amar de verdad. 

Ahora bien, recuerda que Cristo te está llamando por tu nombre hoy; te está llamando a la santidad y a un modo concreto de vivirla, te está llamando a colaborar con Él en la construcción del Reino de los Cielos.

Pregunta:

¿Qué seguridades me cuesta dejar para seguir a Cristo de verdad?

Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido (Lucas 19,10)
Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.