Pasar al contenido principal

3-may.-2026, domingo de la 5.ª semana de Pascua

Jesús revela al Padre introduciendo a los creyentes en su propia relación filial con Él [...] De este modo, el conocimiento de Dios no es intelectual, sino relacional.

Amanece para nosotros un nuevo día, descanso para iniciar con nuevas fuerzas y deseos de amar y de servir. En los inicios de nuestro mes, nuestro corazón se llena de alegría y de esperanza, especialmente porque podemos alabarte en un día dedicado a ti. Gracias, Señor, por darnos la vocación de mirar con fe y esperanza cada una de nuestras actividades. Hoy nos regalas un día de descanso para poder iniciar con mucho optimismo nuestra semana, pero antes nos invitas a reflexionar en tu palabra. 

Tú buscas afianzar nuestra fe. Turbados interiormente por una lista interminable de acontecimientos que nos aquejan a nivel personal, familiar, social y hasta mundial, no podemos dejar de preguntarnos: ¿Qué será de nuestra vida y el futuro de la humanidad? Tú nos respondes: «No perdáis la calma, creed en Dios y creed también en mí».

Como discípulos, testigos de tu resurrección, esta palabra nos hace mirar la realidad que nos envuelve con ojos de esperanza. Tú eres el “Primogénito entre los muertos, para que seas el primero en todo”. Ni el sufrimiento ni la muerte de la que nadie puede escapar (siguiendo a san Pablo) nos podrán separar del amor de Dios manifestado en tu resurrección, rescatándonos también a nosotros del yugo aterrador de un final sin resurrección. 

Ayúdanos, Señor, a comprender tus palabras cuando tú nos dices: «yo soy el camino, y la verdad y la vida. Nadie va al padre sino por mí». Nuestro caminar sea en la verdad y la luz que tú nos muestras para que creyendo y esperando en ti podamos conocer al padre como te conocemos a ti. Te bendecimos te adoramos y te glorificamos y te damos. Gracias, Señor. Amén. 

Un muy feliz y santificado domingo y que nuestra oración en este día sea también pedir por nuestra infancia misionera. En este domingo primero de nuestro mes recordemos con cariño que hoy también es el día de la Santa Cruz. Santa Elena, según la tradición, encontró pedazos De La Cruz; ojalá recordemos que esta cruz que se coloca en nuestros hogares sea signo de tu bondad, de tu amor y tu misericordia. 

PALABRA DEL PAPA

Acercándose la Pasión, Jesús tranquiliza a sus discípulos invitándoles a no temer y a tener fe; luego entabla un diálogo con ellos, donde habla de Dios Padre (cf. Jn 14, 2-9). En cierto momento, el apóstol Felipe pide a Jesús: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta» (Jn 14, 8). Felipe es muy práctico y concreto, dice también lo que nosotros queremos decir: «queremos ver, muéstranos al Padre», pide «ver» al Padre, ver su rostro. La respuesta de Jesús es respuesta no sólo para Felipe, sino también para nosotros, y nos introduce en el corazón de la fe cristológica. El Señor afirma: «Quien me ha visto a mí ha visto al Padre» (Jn 14, 9). En esta expresión se encierra sintéticamente la novedad del Nuevo Testamento, la novedad que apareció en la gruta de Belén: Dios se puede ver, Dios manifestó su rostro, es visible en Jesucristo. (…) En Jesús también la mediación entre Dios y el hombre encuentra su plenitud. En el Antiguo Testamento hay una multitud de figuras que desempeñaron esta función, en especial Moisés, el liberador, el guía, el «mediador» de la alianza, como lo define también el Nuevo Testamento (cf. Gal 3, 19; Hch 7, 35; Jn 1, 17). Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, no es simplemente uno de los mediadores entre Dios y el hombre, sino que es «el mediador» de la nueva y eterna alianza (cf. Hb 8, 6; 9, 15; 12, 24); «Dios es uno —dice Pablo—, y único también el mediador entre Dios y los hombres: el hombre Cristo Jesús» (1 Tm 2, 5; cf. Gal 3, 19-20). En Él vemos y encontramos al Padre; en Él podemos invocar a Dios con el nombre de «Abbà, Padre»; en Él se nos dona la salvación. (Benedicto XVI, Audiencia general, 16 de enero de 2013)

REFLEXIÓN https://www.iglesiaenaragon.com/domingo-5o-de-pascua-3-de-mayo-de-2026

1.- «¡Señor, muéstranos al Padre y nos basta!» Esta bella expresión de Felipe no podría entenderse sin una constante referencia de Jesús al Padre (25 veces en solo este capítulo). Para Jesús su Padre lo es todo.  Con razón decía que no tenía casa. Era el Padre el cielo que le cobijaba, el suelo que le sostenía, el aire que respiraba, el pan que le alimentaba, el vino que le alegraba y la almohada donde reclinaba su cabeza en momentos de agobio y de fatiga. Tan penetrado está de la presencia del Padre que “el que ve a Él está viendo al Padre”. Cuando Jesús se define como Camino, Verdad y Vida, significa: camino hacia el Padre; verdad del Padre y vida en el Padre.

2.– Jesús, Camino hacia el Padre.  El gozo de Jesús es el poder revelarnos al Padre. Para eso ha venido a este mundo. No ha venido a decirnos que Dios existe, sino que Dios es un Padre maravilloso que nos ama siempre y no puede dejar de amarnos. Con un Padre así se acabaron los miedos, los sobresaltos, las angustias, las tristezas, las soledades en este mundo. Y, al final, el mismo Padre nos espera en una casa muy grande donde hay sitio para todos. Qué palabras tan consoladoras de Jesús: “Quiero que donde esté yo estéis también vosotros”. Quiere que participemos de su propia felicidad. El ya no sabe, no quiere vivir nada sin nosotros. Jesús ha vivido con el Padre en un verdadero “jardín interior”. Y de ese jardín quiere que participemos todos ya aquí en este mundo. Y, después de la muerte, en el cielo y para siempre.

3.– Jesús, Verdad del Padre. En este mundo limitado y fragmentario hablamos de “verdades”. En el mundo de Dios donde todo es completo y perfecto, sólo se habla de VERDAD. Jesús no tiene verdades. Él es LA VERDAD. La misma verdad del Padre. Por eso es la pura transparencia, la perfecta armonía, la coherencia suprema. Lo que Jesús decía no era sino “la glosa” de su vida en el Padre.

4.– Jesús, Vida en el Padre. Jesús posee esa misma vida del Padre que estaba en Dios desde el principio. Y de esa misma vida nos ha hecho partícipes a nosotros. “De su plenitud hemos participado todos” (Jn.1,16).  Por eso el empeño de Jesús es que tengamos vida, pero no una vida a medias, una vida mediocre, una vida limitada, una vida malograda, sino una vida en plenitud.  Con Jesús da gusto vivir. Con Jesús se saborea la vida. Con Jesús la vida fluye como de un manantial. Estando con Jesús siempre cabe lo nuevo, lo inédito, lo irrepetible. Con Jesús puedes estrenar la vida cada día y en cada instante.

El Papa León XIV destacó que Jesús revela al Padre introduciendo a los creyentes en su propia relación filial con Él. Gracias al Hijo enviado por el Padre, los hombres tienen acceso a Dios en el Espíritu Santo y participan de su vida divina. De este modo, el conocimiento de Dios no es intelectual, sino relacional: se alcanza entrando en la comunión del Hijo con el Padre. (Audiencia General, 21-enero-2026).

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.