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17-jul.-viernes de la 15.ª semana del T. O.

Tenemos todos necesidad de nutrirnos de la misericordia de Dios, porque es de esta fuente que brota nuestra salvación

Amanece y vemos cómo las sombras de la noche van pasando y dando lugar a la luz de un nuevo día. Señor, Dios nuestro: Tú quieres que busquemos seguridad no observando la letra de la ley, sino buscando la seguridad de comprometernos en favor tuyo y de nuestros hermanos, con actitud de misericordia y servicio. Danos valor para arriesgarnos y, como tú, sacrificarnos entregándonos a ti a través de nuestros hermanos más necesitados, tomando parte en sus tristezas y alegrías, en sus desesperanzas y soledades, para que los conozcamos y sirvamos como tú nos conoces y nos sirves a nosotros. No Permitas que pasemos por encima de tu amor y misericordia y, al contrario, humildes y sencillos cumplamos en todo momento tu mandato y tu voluntad de amarnos como tú nos amas y de servir como tú nos sirves. Ayúdanos a vivir el gran mandamiento del amor, no tanto como una orden que hay que obedecer, sino como un don precioso y bondadoso hacia nosotros. Al terminar esta semana, nuestro corazón te expresa sentimientos agradecidos por lo que hemos podido vivir y lo que hemos podido realizar, gracias a tu bondad y misericordia. Realiza en tu generosidad, prodigios en nuestros hermanos enfermos y necesitados, mantén en unidad y armonía nuestras familias y a los que has llamado a tu lado concédeles gozar de tu presencia. Amén. 

Feliz y santificado viernes. 

PALABRA DEL  PAPA

Concluyendo ese diálogo con los fariseos, Jesús les recuerda una palabra del profeta Oseas (6, 6): «Id, pues, a aprender qué significa aquello de: misericordia quiero, que no sacrificio» (Mt 9, 13). Dirigiéndose al pueblo de Israel el profeta lo reprendía porque las oraciones que elevaba eran palabras vacías e incoherentes. A pesar de la alianza de Dios y la misericordia, el pueblo vivía frecuentemente con una religiosidad «de fachada», sin vivir en profundidad el mandamiento del Señor. Por eso el profeta insiste: «misericordia quiero», es decir la lealtad de un corazón que reconoce los propios pecados, que se arrepiente y vuelve a ser fiel a la alianza con Dios. «…y no sacrificio»: ¡sin un corazón arrepentido cada acción religiosa es ineficaz! Jesús aplica esta frase profética también a las relaciones humanas: aquellos fariseos eran muy religiosos en la forma, pero no estaban dispuestos a compartir la mesa con los publicanos y los pecadores; no reconocían la posibilidad de un arrepentimiento y, por eso, de una curación; no colocan en primer lugar la misericordia: aun siendo fieles custodios de la Ley, ¡demostraban no conocer el corazón de Dios!  (…) Queridos hermanos y hermanas, (…) Tenemos todos necesidad de nutrirnos de la misericordia de Dios, porque es de esta fuente que brota nuestra salvación (papa Francisco, catequesis del 13 de abril de 2016).

¡sin un corazón arrepentido cada acción religiosa es ineficaz!
ORACIÓN 

Señor, dame la sensatez para saber distinguir lo esencial de lo accidental. Para aquellos fariseos del tiempo de Jesús, lo esencial era el cumplimiento de la ley hasta caer en minucias absurdas. Entendían como trabajo prohibido por la ley el “frotar las espigas” con las manos. Jesús no puede permitir esta falsa interpretación del sábado, día en que uno cesa del duro trabajo de la semana, para descansar con su Dios en la oración y dedicar este tiempo sagrado al cuidado de los hermanos que lo necesitan. Dame, Señor, tu Espíritu para saber interpretar tu ley. Amén 

Reflexión https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-17-de-julio-de-2026

Las tres grandes Instituciones de los judíos eran: La Ley, el Templo y el sábado. En un principio la Ley “La Torá” era la voluntad de Dios expresada como una manifestación de amor en el corazón de los fieles. A lo largo del tiempo, las escuelas farisaicas la multiplicaron en muchos preceptos hasta convertirla en «fardos pesados que cargan a la gente en los hombros» (Mt. 23,4) El Templo que, en un principio, pretendió “dar un espacio” para Dios, se convirtió en “cueva de bandidos” al pretender amordazar a Dios diciendo ¡Templo de Yavé!  Y así cometer impunemente todo tipo de injusticias.  Y el sábado, hecho para consagrar un tiempo a Yavé, se convirtió en instrumento de esclavitud al no poder ni siquiera hacer el bien. Jesús quiso descubrir el significado profundo de estas instituciones (Ley, sábado, Templo) al decir que “Él está por encima del Templo y es Señor del Sábado.” Por eso, siempre que en el evangelio estas instituciones entran en conflicto con el hombre, Jesús estará a favor del hombre y no a favor de las instituciones.   Santa Teresita del Niño Jesús afirmaba: «Sólo me guía el abandono, ¡no tengo otra brújula!».

“El Hombre es lo que importa. El Hombre ahí, desnudo bajo la noche y frente al misterio, con su tragedia a cuestas, con su verdadera tragedia, con su única tragedia…la que surge, la que se alza cuando preguntamos, cuando gritamos en el viento: ¿Quién soy yo? El Cristo es el Hombre…la sangre del Hombre…de cualquier Hombre. Esto lo afirmo. No lo pregunto. ¿No puedo yo afirmar? “(León Felipe)

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.