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18-ene.-2026, domingo de la 2.ª semana del T. O.

Jesús no viene a confesar pecados, sino a quitarlos del mundo entero, recordando que Él es el Cordero pascual y el Siervo Sufriente

Va pasando otra semana en el transcurrir de nuestra vida cotidiana; hoy en este nuevo amanecer, te damos gracias, Señor, para honrarte y bendecirte en un día dedicado a ti. Tú eres el señor del domingo eres el señor de la vida y de la misericordia. 

Hoy en el evangelio nos invitas a mirarte de frente, con los ojos de Juan Bautista, sin vacilaciones, con coraje y escucharlo con un corazón sincero y bien dispuesto. Que cada uno de nosotros pueda decir, como Juan: «He visto al Señor obrando en mi vida, y quiero anunciarlo».

Espíritu Santo que nos convierte en testigos humildes, valientes y fieles, que podamos señalarte en un mundo que necesita encontrarse contigo. Que como Juan tengamos el coraje de seguir anunciando con palabras y con nuestras vidas que eres Dios y eres la palabra de amor del Padre para el mundo.

Ayúdanos, Señor, para que nuestro testimonio sea de acuerdo con el cumplimiento de tu voluntad, como nos dice hoy el salmo 39: «aquí estoy, Señor para hacer tu voluntad». Te pedimos que nos regales por tu Espíritu, el don de la sabiduría, de la inteligencia y del discernimiento, que nos ayuden a ser verdaderos testigos y discípulos de amor. Te alabamos, te bendecimos, te glorificamos y te damos. Gracias, Señor. Amén.

Un muy feliz y testimonial domingo compartido en familia.

Reflexión del Evangelio (Pbro. Ernesto María Caro)

En el texto que leemos hoy podemos ver que san Juan no es un profesor con pizarrón y teorías; no dice: ‘Jesús es el Mesías porque cumple estas diecisiete profecías del Antiguo Testamento’. Y digo esto porque hoy en nuestra Iglesia nos hemos quedado con estas ideas sobre la fe: todo referido a la catequesis infantil en la que se nos explicó el catecismo, pero no se nos mostró cómo podemos seguir al Cordero de Dios. 

Y es que para ello es necesario, como lo vemos hoy en san Juan Bautista: tener un testigo. San Juan ve a Jesús, lo reconoce y lo proclama: ‘Yo vi el Espíritu bajar del cielo como paloma y posarse sobre Él’. Es decir, Juan es un testigo que ha visto y que ahora habla de lo que ha visto. 

San Juan Crisóstomo, tocando este tema en la Catena Aurea, nos dice que Juan corrige el malentendido: Jesús no viene a confesar pecados, sino a quitarlos del mundo entero, recordando que Él es el Cordero pascual y el Siervo Sufriente. 

Pregunta:

¿Cómo participo, con mi vida, en la misión de ayudar a Cristo a quitar el pecado del mundo?

Este es mi Hijo amado, en quien me complazco (Mateo 3,17)
Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.