Gracias te damos y te bendecimos por tu bondad y misericordia al regalarnos un nuevo día, para ser felices, para vivirlo y para servirlo en mis hermanos. Señor, Tú eres el sabio y perfecto siervo y también infatigable servidor de nosotros tus hermanos.
Infunde tu Santo Espíritu en nosotros, para que guiemos a nuestros hermanos los débiles y desconcertados y les mostremos, tu poder sanador y tu justicia con sencillez y humildad. Que vean que les ofrecemos tu cariñoso afecto y misericordia, tal como nos enseñaste tú. Al termino de esta semana, mueve nuestros sentimientos hacia la generosidad, el servicio y la caridad sobre todo en nuestras familias, en los enfermos y necesitados. Danos la esperanza de hacer nuestra la respuesta del salmo: «no te olvides de los humildes Señor». Que nuestra Madre Santísima nos guíe y nos proteja e interceda por nosotros.
Un muy feliz y descansado fin de semana para todos y muchas bendiciones.
Palabra del Papa
Así era la vida de Jesús: «Recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios». Jesús que predica y Jesús que cura. Toda la jornada era así: predica al pueblo, enseña la Ley, enseña el Evangelio. Y la gente lo busca para escucharlo y también porque sana a los enfermos. «Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron a todos los enfermos y endemoniados… Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó a muchos demonios». Y nosotros estamos delante de Jesús en esta celebración: “¿Dejo que Jesús me predique, o yo sé todo? ¿Escucho a Jesús o prefiero escuchar cualquier otra cosa, quizá las habladurías de la gente, o historias…? Hay que escuchar la predicación de Jesús. “¿Y cómo puedo hacer esto, padre? ¿En qué canal de televisión habla Jesús?”. Te habla en el Evangelio. Y esta es una costumbre que aún no tenemos: ir a buscar la palabra de Jesús en el Evangelio. Llevar siempre un Evangelio con nosotros, pequeño, y tenerlo al alcance de la mano.» (Homilía de S.S. Francisco, 8 de febrero de 2015).
