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18-jul.-sábado de la 15.ª semana del T. O.

¿Dejo que Jesús me predique, o yo sé todo? ¿Escucho a Jesús o prefiero escuchar cualquier otra cosa, quizá las habladurías de la gente, o historias…?

Gracias te damos y te bendecimos por tu bondad y misericordia al regalarnos un nuevo día, para ser felices, para vivirlo y para servirlo en mis hermanos. Señor, Tú eres el sabio y perfecto siervo y también infatigable servidor de nosotros tus hermanos.

Infunde tu Santo Espíritu en nosotros, para que guiemos a nuestros hermanos los débiles y desconcertados y les mostremos, tu poder sanador y tu justicia con sencillez y humildad. Que vean que les ofrecemos tu cariñoso afecto y misericordia, tal como nos enseñaste tú. Al termino de esta semana, mueve nuestros sentimientos hacia la generosidad, el servicio y la caridad sobre todo en nuestras familias, en los enfermos y necesitados. Danos la esperanza de hacer nuestra la respuesta del salmo: «no te olvides de los humildes Señor». Que nuestra Madre Santísima nos guíe y nos proteja e interceda por nosotros. 

Un muy feliz y descansado fin de semana para todos y muchas bendiciones. 

Palabra del Papa 

Así era la vida de Jesús: «Recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios». Jesús que predica y Jesús que cura. Toda la jornada era así: predica al pueblo, enseña la Ley, enseña el Evangelio. Y la gente lo busca para escucharlo y también porque sana a los enfermos. «Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron a todos los enfermos y endemoniados… Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó a muchos demonios». Y nosotros estamos delante de Jesús en esta celebración: “¿Dejo que Jesús me predique, o yo sé todo? ¿Escucho a Jesús o prefiero escuchar cualquier otra cosa, quizá las habladurías de la gente, o historias…? Hay que escuchar la predicación de Jesús. “¿Y cómo puedo hacer esto, padre? ¿En qué canal de televisión habla Jesús?”. Te habla en el Evangelio. Y esta es una costumbre que aún no tenemos: ir a buscar la palabra de Jesús en el Evangelio. Llevar siempre un Evangelio con nosotros, pequeño, y tenerlo al alcance de la mano.» (Homilía de S.S. Francisco, 8 de febrero de 2015).

¿En qué canal de televisión habla Jesús? Te habla en el Evangelio.
ORACIÓN 

Señor, me impresionan las palabras del Evangelio: “Querían acabar contigo”. ¿Por qué quieren acabar contigo que eres “la luz”, la “verdad”, “la vida”? Por pura envidia. El gran enemigo de la luz es la oscuridad; el enemigo de la verdad es la mentira; y el de vida es la muerte. Hazme, Señor, descubrir pronto ese “gusano roedor” que puede estar dentro de mí y trata de destruirme. Amén. 

Reflexión https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-18-de-julio-de-2026 

Los fariseos buscan a Jesús para matarle. Jesús, a pesar de todo, sigue su camino: predica, cura y da esperanza al pueblo. Nosotros, si nos sentimos amenazados de muerte, ya no tenemos ganas de nada, sino buscar el modo de liberarnos. Nos preguntamos: ¿De dónde le venía a Jesús esa fuerza interior para no hundirse, para seguir trabajando como si nada le ocurriese? De la palabra de Dios. Ha escuchado a su Padre Dios que habla de Él en estos términos: «Es mi hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección». La clave para entender a Jesús es su padre Dios. Se siente amado del Padre y le basta. Frente a la actitud de los enemigos que disfrutan haciendo el mal, Jesús disfruta “haciendo el bien”. Y no sólo hace el bien, sino que el bien “lo hace muy bien”. “No grita, no vocifera”, no quiere aplausos ni alabanzas, sino “la complacencia del Padre en el silencio”.  «No quiebra la caña cascada». Ya sabe que el hombre es eso: “Una caña cascada” (Pascal). Por eso precisamente busca, cuida, mima, nuestra fragilidad.  “No apaga la mecha humeante”. Ya sabe que nosotros no podemos presumir de ser “hogueras llameantes”; pero nos respeta y nos ama “como pequeñas lamparitas de barro”. Esa brizna de verdad, de respeto, de justicia, de libertad, de amor, que aparece en nosotros, Él la cuida, la fomenta, esté donde esté y venga de donde venga.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.