Tus caminos no son nuestros caminos. Tus pensamientos no son nuestros pensamientos. Gracias por un nuevo día en el que proclamaremos tu nombre y procuraremos practicar la caridad y el amor como tú quieres. Al iniciar nuestras labores, las queremos consagrar a tu bondad, para que todo lo hagamos de corazón y con el corazón. Nuestros pensamientos sean los tuyos, nuestras acciones sean tu misericordia y nuestro servicio sea tu amor.
Bendecidos porque lo débil atrae tu fuerza. Perdona todas las veces que pretendemos convertir tus leyes, e incluso las nuestras, en algo inflexible y absoluto, por las que nos amarramos a nosotros mismos y a los demás, pero Tú nos recuerdas que lo que cuenta es cómo vivimos para ti y para los hermanos y cómo hacemos partícipes los unos a los otros de nuestra propia persona.
Permite que vivamos con tu mentalidad y tus pensamientos para que verdaderamente nos hagamos discípulos tuyos y servidores en el amor. Ojalá hoy y siempre podamos fijarnos en nuestros hermanos, mirando con los ojos del corazón, y tener el mismo sentimiento que Tú el Padre celestial tienen: «Porque Dios no ve como los hombres, que ven la apariencia; el Señor ve el corazón». Amén.
Un muy bendecido y servicial martes.
PALABRAS DE LOS PAPAS
Quienes tienen la enfermedad de los fariseos y son cristianos que ponen su fe y su religiosidad, su cristiandad, en muchos mandamientos: ¡Ah! Debo hacer esto, debo hacer lo otro. Cristianos de actitudes»: o sea, que hacen cosas porque se tienen que hacer, pero en realidad «no saben por qué lo hacen». Pero «¿Jesús dónde está?» «Un mandamiento es válido si viene de Jesús». (…) ¿Cuál es entonces la regla para ser cristiano con Cristo? ¿Y cuál es el «signo» de que una persona es un cristiano con Cristo? Se trata de una «regla —aclaró el Santo Padre— muy sencilla: es válido sólo lo que te lleva a Jesús, y sólo es válido lo que viene de Jesús. Jesús es el centro. (Papa Francisco - Homilía Santa Marta, 7 de septiembre de 2013)
ORACIÓN
Te pedimos Señor, que nos ayudes a comprender el verdadero propósito de tus mandamientos: que sean para nuestro bienestar, para nuestro descanso y para nuestra conexión contigo, y no para convertirnos en esclavos de reglas inflexibles. Que tu gracia nos guíe a discernir cuándo la necesidad humana y la compasión deben prevalecer.
Reconocemos tu autoridad sobre todas las cosas, incluido el sábado. Ayúdanos a vivir en libertad y amor, aplicando tu ley con sabiduría y misericordia, buscando siempre honrarte a ti y servir a nuestros hermanos. Que nuestros corazones estén abiertos a tu voluntad y que actuemos con un espíritu de comprensión y perdón. Amén.
Reflexión del Evangelio (Juan Lara, miembro de Vivir en Cristo)
Los fariseos juzgaban como malo el hecho de que los del grupo de discípulos de Jesús arrancaran espigas porque tenían hambre. Jesús les responde con una frase contundente: ‘el sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado’.
Con esto, el Señor nos enseña que las leyes de Dios no son para amarrarnos o hacernos la vida pesada, sino para ayudarnos a vivir mejor y con más orden. Dios no quiere seguidores que cumplan reglas por miedo o por rutina, sino personas que entiendan que el centro de todo es el amor y la misericordia.
Cuando la norma se vuelve más importante que la persona que sufre, estamos perdiendo el rumbo de nuestra fe. En muchas ocasiones nos pasa que somos muy rígidos con nosotros mismos o con los demás, juzgando quién es un buen cristiano solo por las apariencias o porque cumple con los ritos. El Señor nos recuerda que el amor está por encima de cualquier regla. La fe no se trata de una lista de prácticas rituales sino de una relación de libertad y amor con Dios.
Hoy el Señor nos invita a poner el corazón en todo lo que hacemos —recordado que ninguna regla es más grande que el mandamiento del amor— y ayudar al que más lo necesita.
¿Qué lugar ocupa la misericordia en mi manera de vivir la fe?
