Qué bello es iniciar el día dando gracias a Dios y hacerlo con un hermoso canto:
Hoy, Señor, te damos gracias
por la vida, la tierra y el sol.
Hoy, Señor, queremos cantar
las grandezas de tu amor.
Gracias, Padre, mi vida es tu vida,
tus manos amasan mi barro;
mi alma es tu aliento divino,
tu sonrisa en mis ojos está.
Gracias, Padre, tu guía mis pasos,
tú eres la luz, y el camino;
conduces a ti mi destino
como guías los ríos al mar.
Gracias, Padre, me hiciste a tu imagen,
y quieres que siga tu ejemplo;
brindando mi amor al hermano,
construyendo un mundo de paz.
Gracias, Señor, por darnos la ocasión de poder alabar tu santo nombre y ahora meditar en tu palabra.
Curar aquella mano paralizada debió tener un significado grande para ti, Señor, y para el enfermo, al igual que tiene significado para nosotros. La mano simboliza nuestra capacidad de trabajar, de construir, pero también de dar, de aportar algo, de hacer el bien. Por eso, con este milagro tú curaste mucho más que una mano. Promoviste al enfermo para que pudiera vivir con dignidad y sentirse útil. Sin embargo, los fariseos eran incapaces de alegrarse por el bien de la persona curada.
Danos en este día el que nos alegremos por la felicidad de nuestros hermanos, porque logres liberar de las parálisis a los que se encuentran pesimistas, en soledad y tristeza. Pero ante todo que confiemos en ti y en el Padre celestial y si los obstáculos son como Goliat, nos regales la honda de la esperanza para poderlos derribar y que recordemos que nuestros pensamientos son diferentes a los tuyos: lo débil y pequeño atrae la fuerza de tu amor.
En la vida de cada uno tú te haces presente y nos confías una misión. Tú crees en nosotros, a pesar de las apariencias, de los obstáculos, de nuestros propios prejuicios y el de los demás. No permitas que nuestra fe sea paralizada y, al contrario, que todos seamos curados de nuestra fe paralizada, de esa que nos impide poner nuestra vida a tu servicio y el de nuestros hermanos.
Hoy recordamos a santa Inés, virgen y mártir, que vivió a comienzos del siglo cuarto y que fue martirizada a los 12 años en la persecución de Diocleciano. Se dice que el mismo hijo del prefecto de Roma, al ser rechazado por ella atentó contra la pureza de Inés. La santa se negó a rendir culto a la diosa Vesta y fue condenada a muerte. Por su ejemplo de pureza, el 21 de enero se bendicen dos corderitos que después se ofrecen al Papa, para que con su lana sean tejidos los palios destinados a los arzobispos. Esta ceremonia se realiza en la iglesia de Santa Inés. Nuestra santa interceda por cada uno de nosotros. A ti nos acogemos, en ti confiamos y en ti esperamos. Que Nuestra Madre la Virgencita nos ilumine con su presencia y siga siendo nuestra intercesora. Amén
Feliz miércoles para todos.
Meditación del Papa Francisco
En los Evangelios, muchas páginas hablan de los encuentros de Jesús con los enfermos y su compromiso por sanarlos. Se presenta públicamente como un luchador contra la enfermedad y que ha venido para sanar al hombre de todo mal. El mal del espíritu y el mal del cuerpo. [...]
Cuántas veces vemos llegar al trabajo, y todos lo hemos visto, un hombre, una mujer, con la cara cansada, con la actitud cansada. 'Pero, ¿qué pasa?' 'He dormido solo dos horas, porque en casa nos turnamos', para estar cerca del niño, la niña, enfermo, del abuelo, de la abuela. Y la jornada continúa con el trabajo. Pero estas cosas son heroicas. ¡Son las heroicidades de las familias! Esas heroicidades escondidas, que se hacen cuando uno está enfermo, cuando el padre, la madre, el hijo, la hija están enfermos. Y se hacen con ternura y valentía.
La debilidad y el sufrimiento de nuestros afectos más queridos y más sagrados, pueden ser, para nuestros hijos y nuestros nietos, una escuela de vida, —educar a los hijos y los nietos a entender esta cercanía en la enfermedad en la familia— y se convierten cuando los momentos de enfermedad están acompañados por la oración y la cercanía afectuosa y atenta de los familiares. La comunidad cristiana sabe bien que la familia, en la prueba de la enfermedad, no debe ser dejada sola. Y debemos agradecer al Señor por las hermosas experiencias de fraternidad eclesial que ayudan a las familias a atravesar el difícil momento del dolor y sufrimiento. Esta proximidad cristiana, de familia a familia, es un verdadero tesoro para la parroquia; un tesoro de sabiduría, que ayuda a las familias en los momentos difíciles y hace entender el Reino de Dios mejor que muchos discursos. Son caricias de Dios. (S.S. Francisco, Audiencia General 10 de junio de 2015).
ORACIÓN
Señor, hoy me acerco a tu presencia reconociendo mis rigideces interiores, aquellas posturas que me han llevado a mirar sin ver y a escuchar sin comprender el dolor del hermano. Tú, que en la sinagoga miraste y tocaste con compasión al hombre de la mano paralizada, mira también mis propias parálisis interiores. Toca mis miedos y ordena mi vida según tus designios amorosos. Amén.
Reflexión
Hace pocos días tuve una tertulia muy interesante. Mi amigo Óscar, oftalmólogo de profesión, comenzó a describirnos apasionadamente el mecanismo del ojo humano: la pupila, el iris, la retina... Agustín —mi otro amigo que completaba el grupo— no disimulaba su desinterés mirando distraídamente fuera de la ventana.
—¿En qué estás pensado, Agustín? ¿Te parece aburrida la conversación? —inquirió Óscar.
—No, no. Para nada. Más aún, me distraje pensando ¿de qué serviría ese maravilloso mecanismo que es el ojo si no existiera la luz?
Pienso que la pregunta del bueno de Agustín nos venga muy bien para el evangelio de este día. Ningún otro personaje en los evangelios ha recibido semejante requisitoria por parte de Jesús como los fariseos. Pero, ¿cuál es el motivo por el cual Jesús los «miró con ira»? ¿es que acaso hay algo malo en cumplir las leyes? Para nada. El mismo Jesús recordará que las leyes van cumplidas y respetados los que las enseñan, y recuerda a sus oyentes: «haced lo que os digan, pero no imitéis su conducta (a los fariseos, claro está)» (Mt. 23) Es aquí donde nos ayuda la pregunta de Agustín: no basta la gran perfección y ejercitación del ojo humano, no que existan tantas cosas por ver si no está de por medio la luz; de manera análoga, no basta la Ley de Moisés sin la Luz que es Cristo que le da su plenitud y sentido. Seamos hijos de la luz y obremos siempre en la luz de Cristo.
Pregunta:
¿Qué parálisis interior necesita sanar Jesús en mi vida?
