Hoy, Señor, te damos gracias porque nos has llamado a cada uno a la vida y nos envías como tus discípulos a predicar tu mensaje de amor, a llevar esperanza y a ser portadores de servicio. Un día te fijaste en cada uno de nosotros, nos llamaste y nos sigues llamando y hoy queremos responderte en fidelidad y entrega, con alegría y generosidad. No quieres que dejemos de hacer nuestros quehaceres diarios sino por el contrario, en ellos mismos realizaremos nuestro discipulado. Al igual que con Pedro y los demás discípulos nos invitas a estar contigo, a permanecer en tu amor y tener disponibilidad de corazón. Ayúdanos a saber responder, echando las redes de la esperanza y ansiando que la pesca sea abundante. Es una elección en la que sólo cuenta tu voluntad, tu predilección y tu amor. Gracias y permite que lo hagamos en alegría y felicidad; y si se presentan obstáculos, que no olvidemos tus palabras: «Yo estaré con vosotros».
VIVAMOS NUESTRA VOCACIÓN Y DEJÉMONOS MODELAR POR EL AMOR DE DIOS.
Feliz fin de semana bendecidos por el Señor.
PALABRA DEL PAPA
En el lugar de la revelación, "el monte", Jesús, con una iniciativa que manifiesta absoluta conciencia y determinación, constituye a los Doce para que sean con él testigos y anunciadores del acontecimiento del reino de Dios. (…) Los doce Apóstoles son así el signo más evidente de la voluntad de Jesús respecto a la existencia y la misión de su Iglesia, la garantía de que entre Cristo y la Iglesia no existe ninguna contraposición: son inseparables, a pesar de los pecados de los hombres que componen la Iglesia. Por tanto, es del todo incompatible con la intención de Cristo un eslogan que estuvo de moda hace algunos años: "Jesús sí, Iglesia no". Este Jesús individualista elegido es un Jesús de fantasía. No podemos tener a Jesús prescindiendo de la realidad que él ha creado y en la cual se comunica. Entre el Hijo de Dios encarnado y su Iglesia existe una profunda, inseparable y misteriosa continuidad, en virtud de la cual Cristo está presente hoy en su pueblo. Es siempre contemporáneo nuestro, es siempre contemporáneo en la Iglesia construida sobre el fundamento de los Apóstoles, está vivo en la sucesión de los Apóstoles. Y esta presencia suya en la comunidad, en la que él mismo se da siempre a nosotros, es motivo de nuestra alegría. Sí, Cristo está con nosotros, el Reino de Dios viene. (Benedicto XVI - Audiencia general, 15 marzo 2006)
ORACIÓN
Jesús, hoy contemplo cómo subes al monte y llamas a los que quieres para que estén contigo. Tu elección no se basa en méritos humanos, sino en el misterio de tu voluntad llena de misericordia. Gracias porque también hoy me llamas por mi nombre y me invitas a salir de lo superficial y a permanecer cerca de Ti. Amén. (Qriswell Quero)
Reflexión del evangelio (Juan Lara miembro de Vivir en Cristo)
Dice el Evangelio que el Señor subió al monte y llamó a los que Él quiso. Ya anteriormente recuerdo haber tenido oportunidad de compartirles sobre la elección de los Doce y haber comentado cómo esto no fue precisamente un proceso de reclutamiento, no fue una convocatoria o un casting para ver quién era el más capaz. La elección fue una invitación personal y directa.
A veces creemos que para que Dios nos tome en cuenta tenemos que haber logrado grandes cosas o tener una vida impecable, pero este pasaje nos enseña que la iniciativa siempre es de Él. Algo que debemos entender es que nuestra fe no se trata de buscar a Dios con nuestras fuerzas, sino de responderle a ese llamado que Él ya nos hizo, simplemente porque quiso y porque nos ama.
Hay un detalle en el texto que es clave. Jesús los eligió primero para que estuvieran con Él y después para enviarlos a predicar. Vivimos en una sociedad que nos presiona por hacer cosas todo el tiempo, por ser productivos y dar resultados y, a veces, trasladamos eso a nuestra relación con Dios, a nuestra vida espiritual. Pensamos que ser un buen cristiano es solo trabajar mucho en la Iglesia o ayudar a los demás, pero nos olvidamos de lo principal: ser cristianos, ser sus discípulos, es ser amigos de Jesús, estar con Él. Ninguna misión, ningún trabajo tiene sentido si primero no pasamos tiempo con Él, escuchándolo y conociéndolo. Antes de hacer, el Señor nos invita a ser sus discípulos.
Si revisas la lista de los elegidos, te darás cuenta de que era un grupo de lo más variado: pescadores, un cobrador de impuestos, gente con temperamentos fuertes; no eran los más santos ni los más preparados del pueblo, eran personas comunes, con errores y dudas, como cualquiera de nosotros. Esto nos da una esperanza enorme hoy en día.
Dios no busca personas perfectas para hacer su obra, busca corazones dispuestos. Él conoce tu nombre, conoce tu historia y aun así te llama para estar con Él y para que lleves su luz a toda tu familia, a tu trabajo, a toda la sociedad y a todo el mundo.
No te enfoques tanto en lo que tienes que hacer por Dios sino en estar con Él, busca más momentos en el monte para estar con Él; no le pidas nada, solo dile: ‘Señor, aquí estoy para estar contigo, gracias por llamarme por mi nombre’. Deja que esa cercanía sea la que te dé fuerzas para todas tus tareas, para toda tu vida.
