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24-ene.-2026, sábado de la 2.ª semana del T. O.

Él ha querido integrar a los marginados... (cf. Jn 10). Son dos lógicas de pensamiento y de fe: el miedo de perder a los salvados y el deseo de salvar a los perdidos.

«Encontré a David, hijo de Jesé, un hombre conforme a mi corazón, que cumplirá todo lo que yo quiero». Hermosas palabras con las que podemos iniciar nuestro fin de semana y ojalá pudiéramos pensar que Tú digas lo mismo de nosotros. 

Somos débiles al igual que David, envuelto en debilidades como cualquier ser humano, pero con unos sentimientos nobles y profundos en los que el amor se destaca y está por encima del odio y la venganza, del rencor y la traición, del egoísmo y la ambición. Tú conoces también nuestros corazones y sabes que tenemos en ellos la humildad y sencillez que tú mismo nos has regalado. 

Muchas veces, Señor, somos sorprendidos por las actitudes negativas de nuestros cercanos. Son actitudes que también viviste con tu familia, cuando dijiste: «mi madre, mi padre y mis hermanos, son los que escuchan su palabra y la ponen en práctica». Permítenos vivir en armonía y con verdaderos sentimientos de comprensión, de amor y de entrega, donde podamos apoyarnos y tener tus mismos ideales. Ayúdanos, Señor a vivir este sábado en tu presencia y con corazón agradecido. 

Un muy feliz y merecido descanso de fin de semana. 

SONRÍE, DIOS TE AMA. 

PALABRA DEL PAPA

Para Jesús lo que cuenta, sobre todo, es alcanzar y salvar a los lejanos, curar las heridas de los enfermos, reintegrar a todos en la familia de Dios. Y eso escandaliza a algunos. Y Jesús no tiene miedo de este tipo de escándalo. Él no piensa en las personas obtusas que se escandalizan incluso de una curación, que se escandalizan de cualquier apertura, a cualquier paso que no entre en sus esquemas mentales o espirituales, a cualquier caricia o ternura que no corresponda a su forma de pensar y a su pureza ritualista. Él ha querido integrar a los marginados, salvar a los que están fuera del campamento (cf. Jn 10). Son dos lógicas de pensamiento y de fe: el miedo de perder a los salvados y el deseo de salvar a los perdidos. Hoy también nos encontramos en la encrucijada de estas dos lógicas: a veces, la de los doctores de la ley, o sea, alejarse del peligro apartándose de la persona contagiada, y la lógica de Dios que, con su misericordia, abraza y acoge reintegrando y transfigurando el mal en bien, la condena en salvación y la exclusión en anuncio. (Francisco - Santa Misa con los nuevos cardenales y el colegio cardenalicio, 15 de febrero de 2015)

ORACIÓN 

Señor, hoy eres rodeado de multitudes, incomprendido incluso por los más cercanos, y descubro que el amor verdadero muchas veces camina acompañado del cansancio y del juicio injusto. Regálame un corazón sereno para no dejarme perturbar cuando no soy comprendido y enséñame a encontrar descanso solo en Ti. Amén. (Píldoras de fe)

Reflexión (P. Luis Alberto Tirado Becerril, misionero del Espíritu Santo)

Sus parientes fueron a buscarlo, pues decían que se había vuelto loco. Jesús está al comienzo de su ministerio o vida pública, su padre y su madre, así como su tía Isabel y su primo Juan, sabían bien que era el Hijo del Altísimo, pero por más bueno y piadoso que sus demás parientes vieran a Jesús, no hubiesen podido imaginar que su primo o sobrino era el Mesías prometido desde hacía siglos, si no hubiese sido revelado por Dios y parece que no fue así.

De pronto recibe a cientos de personas en su casa y habla con la autoridad de un Profeta, dicen de Él que cura enfermos y expulsa demonios, pero hasta ahora, sus parientes no habían visto nada de ello, por lo que no dan crédito a lo que dice la gente. Se quedan solo con sus experiencias y prejuicios y, por lo demás, seguramente se sentían muy incómodos por la cantidad de gente rara: enfermos, lisiados, fanáticos, endemoniados, que rodeaban sus casas y poblado. Jesús, para ellos, estaba solo sembrando desorden y estaba perturbando la rutina de su cómoda vida.

Me parece que este Evangelio nos habla de ti y de mí en dos vertientes diferentes: por un lado, el encuentro con Cristo necesariamente tiene que gestar ese mismo amor que Cristo manifiesta en el Evangelio, esa pasión por la salvación de los hombres, ese anhelo de estar más unido a Dios, de escucharlo más, de alimentarnos más de Él. 

Eres un fanático’, ‘¿Tú?, por favor, yo te conozco’, ‘tú jamás podrás cambiar’, ‘y eso que vas a la Iglesia’, ‘por favor… ni que fueras padrecito’ o ‘ya llegó la monja’, son algunas de las famosas frases de los incrédulos, de los que no ayudan a la obra de Dios; y mira que si Cristo en la cruz pedía al Padre que no tomara en cuenta las faltas de los sacerdotes y daba la salvación al ladrón con el que estaba crucificado, también el Señor puede lograr la conversión tuya y de aquellos que te rodean. 

Sigues vivo, lo cual indica que Dios no ha perdido la esperanza en tu conversión, Él cree en ti y en los que te rodean y cree que puedes dejar atrás tu pecado para siempre y vivir en función de la salvación de los hombres. Y tú ¿crees en ti?, y tú ¿crees que Dios puede salvar a los tuyos? 

Preguntas:

¿Cómo reacciono cuando mi fe no es comprendida por los demás?

Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos son mis caminos (Isaías 55,8)
Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.