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24-jul.-viernes de la 16.ª semana del T. O.

Dios confía y espera que tarde o temprano la semilla florezca [...] esta es la esperanza, fundada sobre la roca de la generosidad y la misericordia de Dios

Alegre y feliz despertar en este último fin de semana del mes. Momento para dar gracias a Dios por todo lo vivido y recorrido. Por nuestras alegrías y tristezas. Por la felicidad y lo compartido. Gracias Te damos, Señor. Tú hablas en parábolas, para que todo el mundo entienda, utilizas símbolos sencillos para transmitir tu mensaje de reino y términos sencillos de la familia, del trabajo, del campo, de las cosechas, para hacer más asequible tu Palabra. Pues, aun así, muchas veces no comprendemos; nuestro corazón se paraliza, nuestros ojos no ven, nuestros oídos quedan sordos al ruido.  Pero ahí estás como el Maestro, con palabras de aliento, con voz suave, que intentas de nuevo ponernos en marcha. Tú sabes de nuestra pequeñez y nuestra debilidad, y sales a nuestro encuentro, porque como buen pedagogo lo intentas de nuevo. Danos la gracia de abrir los ojos y oídos del corazón, para comprender y escuchar tu palabra y ante todo ponerla en práctica. Que nuestros corazones sean esa tierra buena y abonada de fe, esperanza y caridad, para que la semilla que tú quieres sembrar sea de fruto abundante en obras de caridad y misericordia. Danos la fuerza de tu amor y envíanos tu Espíritu para que todas nuestras obras y acciones de este día sean bendecidas en tu presencia. Amén. 

Bendecido y fructífero viernes. Con alegría y optimismo.

Palabra del Papa 

“Un sembrador, bastante original, sale a sembrar, pero no se preocupa de dónde cae la semilla. La arroja incluso donde es improbable que dé fruto: en el camino, entre las piedras, entre los espinos”.

Para el Papa, esta forma en que este sembrador «derrochador» arroja la semilla es una imagen de la forma en que Dios nos ama. Además, subrayó que “estamos acostumbrados a calcular las cosas —y a veces es necesario—, ¡pero esto no vale en el amor!”

El Pontífice explicó que “Dios arroja la semilla de su Palabra sobre todo tipo de terreno, en cualquier situación en la que nos encontremos: a veces somos más superficiales, otras veces nos dejamos llevar por el entusiasmo, o estamos agobiados por las preocupaciones. Pero Dios confía y espera que tarde o temprano la semilla florezca”. Con estas palabras, el Papa recordó que “esta es la esperanza, fundada sobre la roca de la generosidad y la misericordia de Dios”. (León XIV, Roma 21-mayo-2025).

estamos acostumbrados a calcular las cosas —y a veces es necesario—, ¡pero esto no vale en el amor!
ORACIÓN 

Señor, al leer el evangelio de hoy me da la impresión de que está escrito para nuestros días. Las dificultades que tenemos hoy son muy parecidas a las que tuvieron los primeros discípulos.  Pero ellos tenían fe y, como tenían fe, tenían también esperanza en que, al final, habría cosecha. Esa fe y esa esperanza es la que necesitamos los cristianos de nuestro tiempo. Creemos, Señor, pero ayuda a nuestra incredulidad. Amén. 

Reflexión https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-24-de-julio-de-2026 

Me impresiona el coraje y valentía de estos primeros discípulos que, teniendo parecidas dificultades que nosotros, hicieron posible que el Proyecto de Jesús fuera adelante. Se perdía la semilla que caía en el camino. Lo mismo que ahora. Da la sensación de que el mensaje del evangelio no interesa al mundo de hoy. Se perdía la semilla que caía en terreno pedregoso y sin raíces. Lo mismo que ahora. En Europa se han perdido las raíces cristianas. Las madres ya no son las catequistas de sus hijos; en las familias ya no se reza ni siquiera por sus difuntos. El agobio de la vida moderna, el afán de tener, la ansiedad por el placer inmediato sin importar para nada “el más allá” asfixian la palabra.  Hoy más que nunca, nos interesa mirar al evangelio y descubrir que aquellos discípulos, rodeados de fracasos por todas partes, nunca   se sintieron fracasados. Y siguieron esperando que, al final, habría cosecha. Tal vez ellos no perdieron de vista que eso mismo le había sucedido al jefe. Al final Él se sembró en la tierra y, al tercer día, el Padre le concedió una espléndida cosecha. ¿No es hora de que miremos un poco más a Jesús y nos fiemos de Él?

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.