Nuevo día, un nuevo amanecer y un día dedicado a ti. Ya es motivo suficiente para estar agradecidos, confiando y esperando en ti. Hoy, abrimos los oídos del corazón para escuchar tu linda llamada, que nos invita a echar las redes y ser pescadores de hombres. Es un momento para dejarlo todo y seguirte a ti, que eres el camino la verdad y la vida. Hoy nos sentimos confiados porque sabemos que seguirte a ti es tener el corazón lleno de confianza y seguridad porque estás siempre a nuestro lado; van pasando los días de nuestro primer mes de año y va siendo momento de reflexionar. Cuánto hemos recorrido. Cuánto hemos sembrado y cuánto hemos recogido. Gracias, Señor, por este día de descanso que nos ayuda a reparar las fuerzas para afrontar nuestra última semana de mes con alegría, felicidad y esperanza renovadas. Bendícenos guárdanos y protégenos en tu amor bondad y misericordia. Amén.
Feliz domingo de descanso.
PALABRA DEL PAPA
«El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz» (Is 9,1). (…) El evangelista san Mateo usa esta profecía como prólogo a la actividad docente de Jesús en Galilea, cuando, desde su hogar en Nazaret, vino a vivir a la ciudad de Cafarnaúm. (…) Jesús comienza a enseñar en Cafarnaúm; y el contenido de su enseñanza está contenido en las palabras: «Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos está cerca» (Mt 4,17). «Arrepiéntanse» significa precisamente ver “una luz”. ¡Ver “una gran luz”! La luz que viene de Dios. La luz que es Dios mismo. A través del Evangelio, que Cristo proclama, se cumplen las palabras proféticas de Isaías: «Sobre los que habitaban en tierra de densas tinieblas brilló una luz» (Is 9,1). En la oscuridad —símbolo de confusión, error e incluso muerte— irrumpe de repente la luz, que es el mismo Hijo de Dios, que asumió la naturaleza humana; Él, la Palabra, «la luz verdadera que ilumina a todo hombre» (Jn 1,9). (San Juan Pablo II - Homilía en la Santa Misa en la Parroquia de Santa Rita en Torbellamonaca, 22 de enero de 1984)
ORACIÓN
Señor Jesucristo, eres la gran luz que sigo y quiero seguir, dejar toda mi fe puesta en ti, ser un verdadero convertido y proclamar y poner en acción la Buena Noticia en mi Galilea, empezando por mí mismo, mi familia, mis hermanos, todos los necesitados y donde el Espíritu Santo quiera llevarme, quiero ser tu instrumento. Amén.
Reflexión del evangelio (Pbro. Ernesto María Caro)
El Evangelio de este domingo nos presenta un texto programático, es decir, nos indica el inicio del ministerio público de Jesús y define el corazón de su misión: llamarnos a una conversión profunda que implica dejarlo todo para poderlo seguir hasta la vida eterna.
Esta llamada revela que Jesús nos busca tal como somos, en lo ordinario, para transformar eso ordinario en extraordinario, mediante la obediencia a Dios. Por otro lado, podemos ver que Jesús no busca a los sabios, que creen saberlo todo y que en general se sienten salvados y sin necesidad que nadie los instruya.
Jesús nos llama en la cotidianidad de nuestra vida. Como diría santa Teresa de Jesús: ‘Dios se hace presente en medio de los pucheros’. Dios no espera para llamarte a que tu vida sea perfecta o extraordinaria. Hoy te llama aquí y ahora, te llama en tu taller, en tu cocina, en tu oficina; los apóstoles escucharon su llamada y lo siguieron.
Hermano, hermana, Jesús no nos arranca de nuestras vidas, sino que desde ahí nos transforma. Te invito a que hoy escuches la voz de Jesús que te busca para invitarte a ser parte de su obra de salvación y transformar tu vida de ordinaria en extraordinaria.
Y recuerda, el seguimiento del Señor no requiere una formación especial, sino una disposición para dejar todo lo que nos impida seguirlo y hacer su voluntad.
