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26-ene.-2026, lunes de la 3.ª semana del T. O.

En primer lugar, pues, está la relación con el Señor, cultivar el diálogo con Él. Entonces Él nos convertirá en sus obreros y nos enviará al campo del mundo como testigos

Hemos iniciado nuestras labores en los senderos de este día que hoy nos regalas y queremos ser bendecidos en tu bondad. Ante todo, te damos gracias porque nos hemos podido levantar, hemos escuchado el trinar de las aves y hemos podido contemplar el clarear. Te pedimos nos concedas realizar en amor y disponibilidad todas las actividades que nos vas señalando, a ejemplo de los santos Timoteo y Tito, que llevaron a otros tu palabra que ella es vida y esperanza y obra de tu amor salvador.

Al recordar a estos colaboradores de Pablo y tuyos, nos invitas a considerar que la misión no se agotó en los apóstoles, que ya tú enviaste a evangelizar (“a otros 72”, «pues la mies es mucha…» Hoy nos envías a nosotros y nos orientas sobre cómo realizar la misión, que implica estar dispuestos al sacrificio y a luchar contra la indiferencia como corderos en medio de lobos; llevando sólo tu presencia (“sin alforjas”) —pues se trata de anunciar al Dios providente—; llevando siempre esperanza y optimismo; acompañando tu palabra con acciones de servicio: mitigar el dolor, acompañar al que vive en soledad, alegrar al triste y ante todo ser verdaderos portadores de tu amor. 

No nos dejes desviar del buen camino de nuestras intenciones sinceras y que todo sea para glorificarte. Que las súplicas de Pablo a Timoteo nos lleguen también a nosotros: «te recuerdo que reavives el don de Dios, que recibiste cuando te impuse las manos; porque Dios no nos ha dado un espíritu cobarde, sino un espíritu de energía, amor y buen juicio. No te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor y de mí, su prisionero. Toma parte en los duros trabajos del Evangelio, según la fuerza de Dios». 

Un muy feliz y bendecido lunes. 

PALABRA DEL PAPA

Jesús envía a setenta y dos discípulos (v. 1). Este número simbólico indica que la esperanza del Evangelio está destinada a todos los pueblos. Tal es la amplitud del corazón de Dios: su abundante cosecha, es decir, la obra que Él realiza en el mundo para que todos sus hijos sean alcanzados por su amor y sean salvados. Al mismo tiempo, Jesús dice: «La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha» (v. 2). (…) Hay algo grande que el Señor quiere hacer en nuestra vida y en la historia de la humanidad, pero son pocos los que se dan cuenta, los que se detienen para acoger el don, los que lo anuncian y lo llevan a los demás. (…) Quizás no falten los “cristianos de ocasión”, que de vez en cuando dan cabida a algún buen sentimiento religioso o participan en algún evento; pero son pocos los que están dispuestos a trabajar cada día en el campo de Dios, cultivando en su corazón la semilla del Evangelio para luego llevarla a la vida cotidiana (…) Para hacer esto no se necesitan demasiadas ideas teóricas sobre conceptos pastorales; se necesita, sobre todo, rezar al dueño de la mies. En primer lugar, pues, está la relación con el Señor, cultivar el diálogo con Él. Entonces Él nos convertirá en sus obreros y nos enviará al campo del mundo como testigos de su Reino. (León XIV - Ángelus, 6 de julio de 2025)

ORACIÓN

Jesús, Tú me enseñas que quien te lleva en el corazón se llena de paz y transmite la paz. Necesito crecer en la paciencia y la humildad para ser ese instrumento que pueda llevar tu paz donde haya desunión, egoísmo, tristeza, etc., como nos dice san Francisco de Asís. No permitas que me autoengañe «aparentando» seguir tu voluntad cuando en el fondo busco hacer siempre mi parecer. Dame tu gracia, Señor, para escuchar tu Palabra y ponerla en práctica. AMÉN.

Reflexión del evangelio (Catholic.net)

San Lucas fue compañero de San Pablo en sus viajes apostólicos, como él mismo escribió en los Hechos de los apóstoles. En el evangelio de hoy, Cristo manda a sus discípulos de dos en dos a predicar el mensaje del Reino de Dios. Dios nos ha hecho por tanto sus evangelizadores, los mensajeros de la Buena Nueva que Cristo ha traído a este mundo.

Para tal misión Dios ha querido elegir en este mundo a unas personas para que anuncien su palabra y, con su ejemplo, den testimonio de la venida de Cristo. Seguro que yo también soy una de esas personas elegidas por Dios.

Ahora bien, Dios nos advierte que nos manda en medio de lobos, porque el mundo en el que nos toca vivir y predicar la palabra de Dios, muchas veces se cierra al mensaje cristiano de la verdad y del amor. Anunciemos por tanto la paz que Dios ha venido a traernos hace más de 2000 años, pero que nosotros hemos de renovar todos los días; conseguir que todas las personas que nos rodean sientan en sí la redención que nos ha traído Cristo en el misterio de la Encarnación.

San Lucas, modelo de entrega a la predicación del Evangelio hasta la muerte, sea quien nos ayude a llevar a todas las almas al conocimiento de Cristo, para conseguir la paz de nuestras almas.

La mies es mucha, y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies
Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.