Amanecer, primaveral en nuestro segundo día de semana. Nuestro corazón se llena de alegría por este nuevo día de vida de salud y de bienestar. Gracias, Señor, porque abrimos los ojos a contemplar las maravillas de tu creación.
Hoy en tu palabra nos invitas a cumplir la voluntad del Padre celestial por encima de todo. Reconocemos que tú eres lo primero en nuestras vidas. Hoy reconocemos que la verdadera familia tuya, está formada por aquellos que escuchan tu palabra, los que aman y sirven a los hermanos.
Te alabamos, te bendecimos y te damos gracias. Ayúdanos, Señor, en este día a cumplir tu voluntad y la del Padre celestial, siendo compasivos y fraternos con nuestros hermanos. Amén.
Un muy feliz y santo martes para todos.
LAS PALABRAS DE LOS PAPAS
Esta palabra de Jesús, si lo pensamos bien, genera una forma nueva de entender la familia. (…) por lo que el vínculo más fuerte, más importante para nosotros cristianos ya no es el de sangre, sino que es el amor de Cristo. Su amor transforma la familia, la libera de las dinámicas del egoísmo, que derivan de la condición humana y del pecado, la libera y la enriquece con un vínculo nuevo, aún más fuerte pero libre, no dominado por los intereses y las convenciones del parentesco, sino animado por la gratitud, el renacimiento, el servicio recíproco. (…) Jesucristo nos ha llamado a formar parte de su familia, en la cual lo que cuenta es hacer la voluntad del Padre que está en los cielos. Y esta nueva familia de Jesús, mientras da un sentido nuevo a las relaciones familiares —entre los cónyuges, entre padres e hijos, entre hermanos—, al mismo tiempo hace “fermentar” también la vida de la comunidad eclesial y de la civil. Por ejemplo, hace crecer la gratuidad, el respeto, la acogida, y otros valores humanos. (…) Y así en la ciudad, en los pueblos, en las parroquias, la palabra “fraternidad” no es solo una bonita forma de hablar, un ideal para soñadores, sino que tiene un fundamento, Jesucristo, que nos ha hecho a todos hermanos y hermanas, y tiene un camino, el Evangelio, es decir el camino para caminar en el amor, en el servicio, en el perdón, en el llevar los pesos los unos de los otros. (Francisco - Discurso a la peregrinación de la diócesis de Asti, 5 de mayo de 2023)
ORACIÓN
Gracias, Jesús, por considerarme como tu hermano, como tu madre, pidiendo simplemente que te ame por encima de todo. Que ponga tu voluntad en primer lugar, porque ésta debe ser siempre mi norma suprema, por encima del ambiente, de las costumbres del mundo, de mis caprichos… Abrazar todo lo que me ayude a cumplir tu voluntad y rechazar lo que me estorbe para seguirla, ése es el camino de la santidad. Señor, dame la gracia de convencerme de que no hay vida más fecunda y hermosa que la que se gasta cumpliendo con tu voluntad santísima.
Reflexión del evangelio (Juan Lara, miembro de Vivir en Cristo)
Cualquiera que leyera por primera vez este pasaje del Evangelio pensaría que Jesús, después de que le avisan que afuera lo están buscando su madre y sus hermanos, detendría todo lo que estaba haciendo para salir a recibirlos. Nadie esperaría una reacción como la que escuchamos: ‘¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?’
Parecería una falta de respeto o una falta de amor para su madre y sus hermanos, pero lo que Él está haciendo es dar una nueva dimensión a lo que es una verdadera familia.
Jesús nos enseña que, aunque la familia de sangre es un regalo, existe una familia espiritual que no se define por el apellido, sino por la sintonía con Dios. Jesús mira a los que están sentados a su alrededor y dice: ‘el que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre’.
A veces nos desgastamos intentando que nuestra familia biológica entienda nuestra fe o encaje en nuestras expectativas, y no hay que dejar de hacer el esfuerzo por eso, pero Jesús nos invita a descansar en esta nueva identidad: ‘aquel que hace la voluntad de Dios es mi hermano, mi hermana, mi madre’. Poner la voluntad del Padre en primer lugar no nos aleja de los nuestros, al contrario, nos da un amor más grande para quererlos mejor, sabiendo que nuestro verdadero hogar está en el Reino que Jesús vino a construir.
