Nuestra última semana de este mes de junio, dedicado a tu sagrado corazón, es una motivación muy hermosa para darte gracias por todo lo transcurrido durante esta semana este mes y este tiempo tan especial. Nos hemos consagrado a tu amor en la familia en nuestras actividades diarias y en todo lo que hemos recorrido. Gracias, Señor, por tu amor, tu bondad y misericordia que nos siguen acompañando a través de nuestro diario vivir.
Hoy experimentamos la grandeza de tu amor en la palabra que hoy nos diriges y que tiene como actores tu disponibilidad y la humildad y sencillez de este centurión, porque ante la llamada de este centurión, que pertenece al pueblo dominador, tu respuesta es clara y sin dudas: “Voy yo a curarlo”.
Tú nunca mirarás a otro lado, siempre respondes amando. El amor se entrega y se abaja adonde está el otro. El centurión se sitúa con humildad en tu presencia, no se siente digno de que entre en su casa. Y se dirige a Ti con una fe anclada en su experiencia de vida. Él sabe que, si sus órdenes tienen poder sobre sus soldados, ¡cuanto más poder tiene tu Palabra! Alabas esta fe ante los que te seguían. Este centurión verdaderamente cree en Ti, te reconoce capaz de transformar el sufrimiento en Vida. Y sucede así, según ha creído; el criado se sano. Luego curas a la suegra de Pedro, de modo que ella se levanta y comienza a servir. Este es el movimiento de la Vida nueva que traes, tu Palabra la pone en pie, te invita a tomar la vida en tus manos y a ser libre para servir y amar. La suegra de Pedro comienza a vivir por amor, al servicio de los demás.
Tu Palabra tiene el poder de curar y expulsar demonios. No das la espalda a los dolores de este mundo, sino que te has entregado por ellos.
¿Cuánto hay en mí de fe? Y esta fe, ¿de qué modo hace mi vida nueva? Gracias, Señor, por abrir nuestros corazones a la fe y confianza en Ti. Te alabamos, te bendecimos y te glorificamos. Amén.
Un muy feliz y maravilloso fin de semana.
Palabra del Papa
En verdad, no es «fácil vivir con fe», destacó el Obispo de Roma. Y recordó el episodio del centurión que, según el relato del Evangelio de Mateo (8, 5-11), se postra ante Jesús para pedirle que cure a su siervo. «El Señor, en la palabra que hemos escuchado —explicó el Papa—, se maravilló de este centurión. Se maravilló de la fe que tenía. Había hecho un camino para encontrar al Señor. Pero lo había hecho con fe. Por ello no sólo encontró al Señor, sino que sintió la alegría de haber sido encontrado por el Señor. Y éste es precisamente el encuentro que nosotros queremos, el encuentro de la fe. Encontrar al Señor, pero dejarnos encontrar por Él. ¡Es muy importante!».
Cuando sólo nos limitamos a encontrar al Señor, subrayó, «somos nosotros —pero esto digámoslo entre comillas— los “dueños” de este encuentro». Cuando, en cambio, «nos dejamos encontrar por Él, es Él quien entra dentro de nosotros» y nos renueva completamente. «Esto —reafirmó el Papa— es lo que significa que venga Cristo: rehacer todo de nuevo, rehacer el corazón, el alma, la vida, la esperanza, el camino».
[…] Él nos mira uno por uno, a la cara, a los ojos, porque el amor no es un amor abstracto, sino un amor concreto. Persona por persona. El Señor, persona, me mira a mí, persona». He aquí por qué dejarnos encontrar por el Señor significa, en definitiva, «dejarse amar por el Señor». (papa Francisco, 2 de diciembre de 2013, en Santa Marta).
