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3-ene.-2026, sábado de la Octava de Navidad

Nos encontraremos ante Él, que nos espera; más bien, que llama amablemente a la puerta de nuestra alma (cf. Ap 3,20).

Alegre despertar lleno de optimismo y de ilusiones que tú bendecirás y harás que sean realidad en la vida de cada uno de nosotros. Gracias por este día que iniciamos. Las labores cotidianas que realizaremos las ponemos en tus manos. Bendice a las personas con las que compartiremos este día, guárdanos en tu amor, en tu paz y danos ante todo la seguridad de tu presencia, para que todo lo que hagamos y realicemos sea para glorificar tu santo nombre. 

Hoy, por medio de san Juan, nos invitas a «permanecer». Un verbo que habla de fidelidad, de perseverancia. Nos invitas a permanecer en Ti, a vivir en fidelidad a lo que hemos recibido; a morar y a quedarnos contigo. Haz que Permanezcamos en comunión con el Padre, ungidos y movidos por tu Espíritu. Permítenos ser perseverantes en muestras acciones y buenas obras en este; que, como Juan Bautista, te anunciemos como el Señor de la esperanza, la bondad y la misericordia. La semilla que hemos sembrado, la reguemos hoy con agua de buenas intenciones y la abonemos con palabras de aliento y buenos deseos para nuestros hermanos. Hoy celebramos tu santísimo nombre: Jesús. Dios-con-nosotros, haz que te anunciemos con buenas obras y te glorifiquemos en nuestras palabras. Bendícenos abundantemente en este día y llénanos de tu amor. Nuestra Madre celestial sea nuestra protección y auxilio. Amén. 

Bendecido y compartido fin de semana. 

Palabra del papa León XIV a los jóvenes en Tor Vergata:

Aspiramos continuamente a un “más” que ninguna realidad creada nos puede dar; sentimos una sed tan grande y abrasadora, que ninguna bebida de este mundo puede saciar. No engañemos nuestro corazón ante esta sed, buscando satisfacerla con sucedáneos ineficaces. Más bien, escuchémosla. Hagámonos de ella un taburete para subir y asomarnos, como niños, de puntillas, a la ventana del encuentro con Dios. Nos encontraremos ante Él, que nos espera; más bien, que llama amablemente a la puerta de nuestra alma (cf. Ap 3,20). Y es hermoso, también con veinte años, abrirle de par en par el corazón, permitirle entrar, para después aventurarnos con Él hacia espacios eternos del infinito (5-agosto-2025).

ORACIÓN 

Gracias, hoy deseo contemplarte como Juan lo hizo a orillas del Jordán: reconocerte como el Cordero manso y obediente, aquel que carga con mis fragilidades y las transforma en esperanza. Limpia, Señor, las huellas del cansancio interior, las culpas que pesan en el alma y las dudas que nublan mi fe. Que tu Espíritu, el mismo que descendió sobre Ti, repose también en mi vida. Amén.

Reflexión del Evangelio por P. Luis Alberto Tirado Becerril, misionero del Espíritu Santo 

Éste es el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo. Nos hemos acostumbrado a esta proclamación de san Juan Bautista, a esta afirmación que, debido a su importancia, la Iglesia proclama en cada Eucaristía al presentar a Jesucristo en la apariencia del Pan; Jesús es el verdadero Cordero de Dios.

Ese cordero estaba representando a Jesucristo y el mandato divino de celebrar, cada año, ese acontecimiento liberador con el sacrificio de un cordero y alimentándose de él, era la preparación intelectual, social, litúrgica y espiritual para que, cuando Cristo se encarnase y fuese anunciado como el Cordero-Humano de Dios, el pueblo comprendiese, lo que ya Isaías había anunciado «He aquí que prosperará mi siervo, será enaltecido, levantado y ensalzado sobremanera… eran nuestras dolencias las que Él llevaba y nuestros dolores los que soportaba… Él ha sido traspasado por nuestras rebeldías, molido por nuestras culpas. Sobre Él recayó el castigo que nos trae la paz y por sus llagas fuimos curados… Fue oprimido y Él se humilló y guardó silencio, como cordero llevado al matadero… Fue arrancado de la tierra de los vivos; aunque no había cometido violencia alguna, ni hubo engaño en su boca… Si Él entrega su vida como expiación, el Señor prolongará sus años. Así la voluntad del Señor triunfará por medio de Él».

Hoy te invito simplemente a dejarte sorprender por la grandeza del amor de Dios, porque en Cristo quiso cargar sobre sí todo lo que amerita nuestro pecado, para que nosotros pudiéramos sobrevivir a la muerte que nuestro pecado engendra y poder gozar de la vida plena que Él nos trae y la vida eterna a la que nos conduce. Hoy solo te invito a contemplar, a callar, a reconocer y agradecer, y a redescubrir cómo se vuelve a gestar en tu corazón el deseo de corresponder, con amor, al tremendo amor de Dios manifestado en el Cordero que nos salva. 

Pregunta:

¿A quién señalo con mi vida: a Cristo o a mí mismo?

Cita bíblica del día:

El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado (Rom 5,5)
Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.