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3-mar.-2026, martes de la 2.ª semana de Cuaresma

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La autoridad nace del buen ejemplo, para ayudar a los otros a practicar lo que es justo y necesario, sosteniéndoles en las pruebas que se encuentran en el camino del bien

En esta mañana —que comienza a nacer para cada uno de nosotros— nuestro corazón agradecido se llena de ilusiones porque podemos pedirte que sea un día lleno de optimismo de alegría y de ilusiones, para realizar nuestras labores generosamente según tú querer y la voluntad del Padre celestial. 

Gracias, Señor, por enseñarnos que tu Padre conoce la profundidad de nuestros corazones y se compadece del humilde. El orgulloso, el altanero, el que desprecia a los demás —aunque trate de hacer mil méritos con sus obras— no alcanzará la misericordia divina. 

Fíjate, Señor, en nuestra humildad y no en las apariencias que en tantas ocasiones nos alejan de ti. Tú quieres que vivamos nuestra fe no tanto como una serie de regulaciones y de prácticas, sino como una relación de bondad, fraternidad y solidaridad contigo y con nuestros hermanos.

Guarda nuestros corazones vueltos hacia ti para que podamos vivir lo que creemos y expresar nuestro amor a ti en términos de servicio y amor con todos los que nos rodean.

Te pedimos nos ayudes en este día a vivir lo que hoy nos regalas en la respuesta al salmo: «al que sigue el buen camino, le haré ver la salvación...» que nuestro buen camino sea de conversión, de servicio, de entrega y disponibilidad. No queremos más que humillarnos para ser enaltecidos en tu misericordia. 

Te alabamos, te bendecimos y te glorificamos. Amén 

Buen y santo martes para todos.

Las palabras de los Papas

Hermanos y hermanas, un defecto frecuente en los que tienen una autoridad, tanto autoridad civil como eclesiástica, es el de exigir de las otras cosas, también justas, pero que ellos no ponen en práctica en primera persona. Tienen una doble vida. (…) Esta actitud es un mal ejercicio de la autoridad, que sin embargo debería tener su primera fuerza precisamente en el buen ejemplo. La autoridad nace del buen ejemplo, para ayudar a los otros a practicar lo que es justo y necesario, sosteniéndoles en las pruebas que se encuentran en el camino del bien. La autoridad es una ayuda, pero si está mal ejercida, se convierte en opresiva, no deja crecer a las personas y crea un clima de desconfianza y de hostilidad, y lleva también a la corrupción. (…) Nosotros discípulos de Jesús no debemos buscar título de honor, de autoridad o de supremacía. (…) ya que entre nosotros debe haber una actitud sencilla y fraterna. (…) Que la Virgen María, «humilde y alta más que otra criatura» (Dante, Paraíso, XXXIII, 2), nos ayude, con su materna intercesión, a rehuir del orgullo y de la vanidad, y a ser mansos y dóciles al amor que viene de Dios, para el servicio de nuestros hermanos y para su alegría, que será también la nuestra. (Francisco - Angelus, 5 de noviembre de 2017)

ORACIÓN 

Te damos gracias por esta palabra que desnuda la hipocresía y nos llama a la autenticidad. Te pedimos perdón por las veces que hemos actuado por apariencia o hemos buscado honores humanos en lugar de buscar tu aprobación.

Ayúdanos a ser fieles a tu palabra, aun si aquellos que la predican no son un ejemplo perfecto. Que nuestra obediencia se centre en el mensaje, no en el mensajero.

Señor, líbranos de la vanidad y del deseo de ser los primeros. Que cada día, podamos ver la grandeza en el servicio humilde. Que mi deseo sea ser tu siervo, y que, al exaltarte a ti, tú me exaltes en tu tiempo y manera.

Que mi corazón sea humilde para servir y sincero para amar. Amén.

REFLEXIÓN https://es.catholic.net/op/articulos/5245/cat/331/que-el-mayor-entre-ustedes-sea-el-servidor.html

En el texto del Evangelio de hoy, Jesús condena la incoherencia y la falta de sinceridad en la relación con Dios y con el prójimo. Está hablando contra la hipocresía tanto de los escribas y los fariseos de aquel tiempo como de nosotros, hoy.

El error básico: “dicen y no hacen”. Jesús se dirige a la multitud y hace ver la incoherencia entre palabra y práctica. Hablan y no practican. A pesar de todo, Jesús reconoce la autoridad y el conocimiento de los escribas. Están sentados en la cátedra de Moisés. Por esto, haced y observad todo lo que os digan. Pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen. Jesús enumera varios puntos que revelan una incoherencia: Algunos escribas y fariseos imponen leyes pesadas a la gente. Conocían bien las leyes, pero no las practicaban, ni usaban su conocimiento para aliviar la carga de la gente. Hacían todo para ser vistos y elogiados, usaban túnicas especiales para la oración, les gustaba ocupar sitios importantes y ser saludados en la plaza pública. Querían ser llamados “Maestro” Representaban un tipo de comunidad que mantenía, legitimaba y alimentaba las diferencias de clase y de posición social. Legitimaba los privilegios de los grandes y la posición inferior de los pequeños. Ahora, si hay una cosa que a Jesús no le gusta son las apariencias que engañan.

¿Cómo combatir esta incoherencia? ¿Cómo debe ser una comunidad cristiana? Todos los trabajos y responsabilidades de la ida en común deben ser asumidos como un servicio: El mayor entre vosotros será vuestro servidor. A nadie hay que llamar maestro (rabino), ni padre, ni guía. Pues la comunidad de Jesús debe mantener, legitimar, alimentar no las diferencias, sino la fraternidad. Ésta es la ley primordial: Ustedes son hermanos y hermanas. La fraternidad nace de la experiencia de que Dios es Padre, y que hace de todos nosotros hermanos y hermanas. Pues, el que se ensalce será humillado, y el que se humille será ensalzado.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.