El amanecer esperanzador de un nuevo día es ocasión para darle gracias a Dios por la vida, la salud y el bienestar con los que iniciaremos nuestras actividades de esta semana. Sea el tiempo propicio para hacerlo con amor y sinceridad.
Te alabamos y te damos gracias en la fiesta de tus apóstoles Felipe y Santiago.
Por medio de ellos muchos llegaron a conocer que Jesús resucitó y vive para siempre. Hoy te pedimos que también nosotros seamos buenos testigos de Jesús Resucitado por la forma cómo vivimos su nueva vida, aun cuando seamos imperfectos y débiles, para que la gente encuentre, por medio de nosotros, el camino hacia el Padre. Ayúdanos a comprender que lo importante que nos pides es; ser camino, ruta, guía en vivencia del amor; ser verdad, la del amor misericordioso del Padre, porque su identidad es Misericordia; y ser Vida, la que Tú bondadosamente nos das.
Gracias, Señor, por darnos la oportunidad de ser tus discípulos en este tiempo y poder mostrar que seguimos tus huellas que nos conducen en nuestro camino diario por sitios seguros donde encontramos la fe, la esperanza y la caridad y la podemos compartir según tu querer. A Ti la gloria el honor y el poder por siempre Señor. Te alabamos, te bendecimos y te damos gracias. Que sea un productivo inicio de semana y que bendigas las obras que realizaremos en tus manos y de María Santísima. Amén.
Feliz inicio de semana y buen y productivo lunes.
Palabra del Papa
El Evangelio nos ofrece un retrato espiritual implícito de la Virgen María, donde Jesús dice: «Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él, y haremos morada en él». Estas expresiones van dirigidas a los discípulos, pero se pueden aplicar en sumo grado precisamente a aquella que es la primera y perfecta discípula de Jesús. En efecto, María fue la primera que guardó plenamente la palabra de su Hijo, demostrando así que lo amaba no sólo como madre, sino antes aún como sierva humilde y obediente; por esto Dios Padre la amó y en ella puso su morada la Santísima Trinidad. Además, donde Jesús promete a sus amigos que el Espíritu Santo los asistirá ayudándoles a recordar cada palabra suya y a comprenderla profundamente, ¿cómo no pensar en María que, en su corazón, templo del Espíritu, meditaba e interpretaba fielmente todo lo que su Hijo decía y hacía? De este modo, ya antes y sobre todo después de la Pascua, la Madre de Jesús se convirtió también en la Madre y el modelo de la Iglesia. (Benedicto XVI, 9 de mayo de 2010).
ORACIÓN
Señor, en este momento maravilloso que me concedes para estar contigo, te pido que me ayudes a meterme en la cabeza lo fundamental, lo esencial del evangelio: El amor. Es el camino que Tú, Jesús, has elegido para conocer al verdadero discípulo. Y la única norma que nos dejaste en tu testamento, antes de morir, fue ésta: “Amaos unos a otros como yo os he amado”. Dame tu Espíritu Santo para no salirme nunca del camino del amor.
REFLEXIÓN https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-4-de-mayo-de-2026
El evangelio de hoy nos abre a unos horizontes fabulosos para descubrir el verdadero camino para ir a Dios. Los judíos deben mirar a Jerusalén, los árabes miran a la Meca. Y los cristianos, ¿dónde debemos mirar? ¡Al corazón! Si en nuestro corazón hay amor, ahí está Dios. El amor ancla al hombre en Dios. Donde hay verdadero amor, ahí mora el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. No estamos solos. Las personas, por el hecho de amar, estamos habitados por la Santísima Trinidad. El Dios-Amor, no quiere morar en otra casa que no sea la “casa del amor”. Es el mismo Espíritu Santo el que viene a recordarnos estas cosas tan maravillosas. Y nos lo recuerda bajando “de la cabeza al corazón”, todo lo que sabemos sobre Dios. Dios es una gran hoguera de amor. De este fuego has de alimentar la lectura de la Palabra, la celebración de la Eucaristía, la vivencia de la caridad. De este fuego has de alimentar también tu vida para que ésta no se apague. Y si un día el fuego queda reducido a ceniza, no lo des por apagado. Sopla, tal vez te encuentres todavía con el “rescoldo”.
Bellas las palabras de santa Teresita: “En el corazón de la Iglesia —que es mi madre— yo seré el amor. De este modo lo seré todo y mi deseo se verá colmado”.
