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7-feb.-2026, sábado de la 4.ª semana del T. O.

"ver" y "tener compasión", configuran a Jesús como el Buen Pastor... su compasión... es la conmoción del Mesías en la que se hizo carne la ternura de Dios

Abrir los ojos y contemplar un nuevo amanecer en este día es motivo de felicidad y de agradecimiento por el don de la vida que nos regalas, por un día más de existencia y por una oportunidad de amar y servir con tus sentimientos. 

Danos la gracia de poder manifestar con obras y actitudes nuestra humildad y sencillez. Concédenos que sepamos buscar siempre las cosas realmente importantes, como son: luz para nuestra conciencia, comprensión y amor para con la gente, fidelidad a tu voluntad, interés y dedicación para cumplir tu voluntad y que todo esto esté inspirado por tu palabra y tu estilo de vida. Concédenos con humildad, lo que pidió Salomón: sabiduría para saber orientar y guiar, discernimiento para poder aconsejar y ante todo compasión para poder acompañar. 

En este Tiempo de descanso que nos regalas, y así como invitaste a tus discípulos a ir a un lugar tranquilo a descansar, de igual manera a ejemplo de san Emiliano, a quien celebramos en este día, danos el amor suficiente y tranquilo para retomar fuerzas y disfrutarlo con las personas que amamos. Amén. 

Un muy merecido descanso y reparador fin de semana. 

Meditación del Papa Francisco

El Evangelio de hoy nos dice que los apóstoles, después de la experiencia de la misión, están contentos pero cansados. Y Jesús lleno de comprensión quiere darles un poco de alivio. Entonces los lleva aparte, a un lugar apartado, para que puedan reposarse un poco. «Muchos, entretanto, los vieron partir y entendieron... y los anticiparon».

Y a este punto el evangelista nos ofrece una imagen de Jesús de particular intensidad, 'fotografiando' por así decir sus ojos y recogiendo los sentimientos de su corazón. Dice así el evangelista: «Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato».

Retomemos los tres verbos de este sugestivo fotograma: ver, tener compasión, enseñar. Los podemos llamar los "verbos del Pastor".

El primero y el segundo están siempre asociados a la actitud de Jesús: de hecho, su mirada no es la de un sociólogo o la de un fotorreportero, porque Él mira siempre "con los ojos de corazón".

Estos dos verbos: "ver" y "tener compasión", configuran a Jesús como el Buen Pastor. También su compasión no es solo un sentimiento humano, pero es la conmoción del Mesías en la que se hizo carne la ternura de Dios. Y de esta compasión nace el deseo de Jesús de nutrir a la multitud con el pan de su palabra. O sea, enseñar la palabra de Dios a la gente. Jesús ve; Jesús tiene compasión; Jesús enseña. ¡Qué bello es esto!  (Papa Francisco, Ángelus del 19 de julio de 2015).

ORACIÓN 

¡Gracias, Jesús, por enseñarme a mirar las necesidades de los demás antes que las propias! Ayúdame a entender que sólo el contacto contigo en la Eucaristía logrará cambiar mi corazón. No lo logrará ni mi buena voluntad, ni medicina alguna en el mundo. Haz que anhele el recogimiento de mi alma, ese humilde sagrario donde me esperas para enseñarme a vivir como Tú.

«La caridad comienza en la oración; muchas veces sólo se pide por las propias necesidades y problemas, sin pensar en los que nos rodean».

Reflexión (P. Luis Alberto Tirado Becerril, misionero del Espíritu Santo)

La caridad de Jesucristo no conoce el ensimismamiento en los propios problemas o dificultades. Él nos enseña a salir del círculo estrecho de mi "yo y mis circunstancias", sean éstas felices o penosas. Cuando más queramos encerrarnos en nosotros mismos, levantemos la mirada del corazón y veamos a Cristo en la barca, predicando sin descanso a sus hermanos, los hombres. Imitemos su ejemplo y extendamos su Reino con generosidad. Pensemos en lo que realmente vale la pena: la salvación de las almas a nosotros encomendadas. 

Justo porque somos enviados, es necesario regresar siempre al Maestro como lo han hecho los apóstoles en el Evangelio de hoy. Es necesario que tú, como yo y como todo cristiano regreses a Cristo una y otra vez y te retires con Él para estar con Él, para alimentarte de su amor, para que Él te corrija, te nutra y te haga crecer; para que perdone tus pecados y te dé las gracias que necesitas para seguir tu peregrinación hacia el cielo; para que Él desenmascare las mentiras que te vas contando o que el mundo te va contagiando, para descansar Él. 

No te olvides de Jesús, no te olvides de regresar siempre a Él, pero sobre todo, si has perdido la gracia y has venido pactando con el pecado. 

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.