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7-mar.-2026, sábado de la 2.ª semana de Cuaresma

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Al contemplar un nuevo amanecer en la vida de cada uno de nosotros te damos gracias por la semana que estamos terminando, por todo lo hermoso que hemo

Al contemplar un nuevo amanecer en la vida de cada uno de nosotros te damos gracias por la semana que estamos terminando, por todo lo hermoso que hemos podido compartir, sobre todo con nuestros hermanos más necesitados, aquellos en soledad o tristeza. 

Gracias, Señor por aquellas palabras de aliento y de optimismo de consuelo y de esperanza que hemos encontrado para llevarlas a los demás. Son fruto de tu Espíritu Santo. Hoy, al reflexionar en esta parábola tan hermosa, nos sentimos como los hijos pródigos ante la grandeza del Padre misericordioso porque, a pesar de todo nuestros momentos negativos, siempre está la bondad, la misericordia y la reconciliación de un padre que es pura bondad y puro amor. Ahora que nos levantamos nos sentimos con la fuerza necesaria para ir a reconciliarnos con todos nuestros hermanos, especialmente contigo como nuestro hermano mayor y benevolente, con nuestro Padre celestial que estará siempre dispuesto a abrazarnos. Te alabamos te bendecimos y te glorificamos. Amén. Un muy feliz y reconciliador fin de semana. 

PALABRA DEL PAPA

En primer lugar, celebrar una fiesta, es decir manifestar nuestra cercanía a quien se arrepiente o está en camino, a quien está en crisis o alejado.  ¿Por qué hay que hacer así? Porque esto ayudará a superar el miedo y el desánimo, que pueden venir al recordar los propios pecados. Quien se ha equivocado, a menudo se siente reprendido por su propio corazón; distancia, indiferencia y palabras hirientes no ayudan. Por eso, según el Padre, es necesario ofrecerle una acogida cálida, que aliente para ir adelante. (…) ¡Cuánto bien puede hacer un corazón abierto, una escucha verdadera, una sonrisa transparente; celebrar fiesta, ¡no hacer sentir incómodo! El padre podría decir: está bien hijo, vuelve a casa, vuelve a trabajar, vete a tu habitación, prepárate y ¡al trabajo! Y este habría sido un buen perdón. ¡Pero no! ¡Dios no sabe perdonar sin hacer fiesta! Y el padre hace fiesta, por la alegría que tiene porque ha vuelto el hijo. Y después, según el Padre, es necesario alegrarse. Quien tiene un corazón sintonizado con Dios, cuando ve el arrepentimiento de una persona, por graves que hayan sido sus errores, se alegra. No se queda quieto sobre los errores, no señala con el dedo el mal, sino que se alegra por el bien, ¡porque el bien del otro es también el mío! Y nosotros, ¿sabemos ver a los otros así? (Francisco - Ángelus, 27 de marzo de 2022)

ORACIÓN 

Te alabamos porque tu corazón se inclina hacia el que está perdido, débil o pecador. Gracias por no conformarte con los noventa y nueve, sino por buscar incansablemente a ese uno que se ha alejado.

Perdónanos por las veces que hemos juzgado a otros como lo hicieron los escribas, o por sentirnos superiores como el hermano mayor. Ayúdanos a ver a nuestros hermanos y a nosotros mismos con tus ojos de amor incondicional.

Te pedimos que, si en esta semana nos hemos sentido como la oveja descarriada, la moneda perdida o el hijo pródigo, podamos sentir el llamado a volver a casa. Que tu amor nos impulse a arrepentirnos y a correr hacia ti.

Que tu alegría por nuestro regreso sea nuestra fuerza hoy y siempre. Amén.

Reflexión (P. RAÚL ROMERO LÓPEZ 9 de marzo de 2020)

En esta maravillosa parábola hay cosas que nos llaman poderosamente la atención: 1) La introducción. Mientras que los “publicanos y pecadores” se lo pasan bien, “los fariseos y escribas”, es decir, aquellos que la gente tenía por buenos, se lo pasan mal. Por eso murmuran. Y Jesús les va a decir: Estáis toda la vida con la Biblia en las manos y no tenéis ni idea de lo que es Dios. Os lo voy a decir yo ahora. Es parábola-revelación. Si alguien quiere saber quién es Dios debe leer y meditar esta parábola. 2) Es una parábola “provocadora”. Le hubiera bastado a Aquel Padre perdonar al hijo, admitirlo de nuevo en casa y decirle: olvídate de todo: para mí eres el mismo que antes. Pero este Padre está tan lleno de gozo al recibir al hijo que ya daba por perdido que “todo le parece poco”. Le besa, le abraza, no le humilla recordándole lo que ha hecho, y, en el colmo del delirio, le invita a una fiesta y para celebrarlo, mata el “ternero gordo”, el reservado para las grandes ocasiones. Si al acabar esta parábola uno saca la consecuencia de que este Padre es bueno, no ha entendido nada. Esas exageraciones en el trato con el hijo calavera es para que quede claro que Dios es un Padre “exageradamente bueno”, “escandalosamente bueno”. 3) Lo que el texto no dice: ¿Qué pasó después? A nadie se le ocurre pensar que ese hijo, después de conocer el corazón de ese Padre, iba a volver a las andadas de antes. Lo que se deduce es que ese hijo adoró a ese Padre, se desvivió por ese Padre, se sintió en la dulce necesidad de hacerle feliz mientras viviera. Es más. Después de esa maravillosa experiencia de amor, amó también con todo cariño a su hermano mayor.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.