Nuestro corazón se ilumina con tu presencia en este nuevo amanecer que llega para nosotros, en el que nos invitas a la misión de ser luz que ilumina el mundo, sal que preserva y da sabor al mundo con el aroma del evangelio, la misión de ser luz que atraiga a todos al Padre celestial.
Enciende tu luz en nosotros, ya que consideramos que somos importantes para ti, porque nos sigues confiando la misión de dar a conocer tu nombre y tu amor. Fortalécenos en nuestras debilidades, que saboreemos la miel de tu palabra y podamos seguir tu huella y llevemos tu luz y tu sabor al mundo. Que nuestro amor sea como la sal que da sabor a la vida y le da sentido. Que nuestra vida sea una luz para todos los que viven en la oscuridad. Gracias, Señor, por darnos la capacidad de comprender cómo podemos ser sal y luz a partir de lo que nos regalas en la palabra de Isaías: poder compartir con los necesitados y con aquellos que tengan necesidad de nuestra presencia, para compartir el pan, ser solidarios y fraternos. Bendícenos con tu amor y tu luz. Amén.
Un muy feliz, iluminado y testimonial Domingo.
LAS PALABRAS DE LOS PAPAS
«Vosotros sois la luz del mundo». La luz dispersa la oscuridad y nos permite ver. Jesús es la luz que ha disipado las tinieblas, pero aún permanecen en el mundo y en las personas. Es la tarea del cristiano dispersarlas haciendo brillar la luz de Cristo y proclamando su Evangelio. Es una irradiación que también puede provenir de nuestras palabras, pero debe fluir sobre todo de nuestras «buenas obras» (v. 16). Un discípulo y una comunidad cristiana son luz en el mundo cuando encaminan a los demás hacia Dios, ayudando a cada uno a experimentar su bondad y misericordia. El discípulo de Jesús es luz cuando sabe vivir su fe fuera de los espacios estrechos, cuando ayuda a eliminar los prejuicios, a eliminar la calumnia y a llevar la luz de la verdad a situaciones viciadas por la hipocresía y la mentira. Hacer luz. Pero no mi luz, es la luz de Jesús: somos instrumentos para que la luz de Jesús llegue a todos. (Francisco - Ángelus, 9 de febrero de 2020)
ORACIÓN
Jesús, me llamas a ser la sal y la luz para los demás, esto implica que mi testimonio de vida, palabras y acciones deben ser un reflejo de tu amor, de tu misericordia infinita. Tu gracia es la fuente para la felicidad. Ayúdame, Señor, a guiarme en todo por el Espíritu Santo, para que Él sea quien edifique, en mí, al auténtico testigo de tu amor.
Reflexión (Catholic.net)
«Miren cómo se aman» decían de los primeros cristianos. Ése era su distintivo: el amor.
Parecería que Cristo nos está pidiendo que no seamos humildes: «Brille así vuestra luz delante de los hombres para que vean vuestras buenas obras [pero es ahora donde viene lo importante:] y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos».
No dejemos de hacer el bien por esa falsa humildad, el secreto está en que no nos glorifiquen a nosotros sino a Dios, pero recordemos que somos luz, sal, estamos hechos para brillar, para dar sabor, que el mundo vuelva a sentir nuestra presencia, y que cuando nos vean tengan que exclamar asombrados: "Miren cómo se aman". Miren cómo brillan en el mundo, miren cómo iluminan el camino, son como una lámpara que hay que poner en lo alto, para que alumbre a todos. No se nos olvide que somos lámpara, llevamos la luz en nosotros, pero la luz es Cristo, es a Él a quien tienen que dar gloria. Se tienen que admirar de la luz, que es Cristo.
Cristo hace milagros. Dice el evangelio que si la sal se desvirtúa ya no sirve para nada, pero todo tiene solución mientras dura la vida porque Dios es omnipotente. Si tú, siendo cristiano, siendo sal de la tierra, crees que has perdido el sabor, confía plenamente en que hay uno que se lo puede devolver, confía en que hay uno que puede hacerte ser otra vez sal de la buena, de ser sal insípida a ser sal que da sabor. Si tú te consideras una lámpara sin luz, de esas que sí se tendrían que poner debajo del celemín porque ya no alumbran, acércate a Cristo porque Él es la luz, es Él el que da sentido a nuestra vida, Él nos hará ser lo que debemos ser y así prenderemos fuego al mundo entero.
Así podrán exclamar un día también de nosotros como exclamaban de los primeros cristianos: "Miren cómo se aman". ¡Ánimo! ¡Como los primeros!
