Iniciamos esta semana con una esperanza plena de deseos que cada uno podamos realizar especialmente o que represente bienestar para nuestras familias y nuestros cercanos. Pongámonos en las manos del Señor.
Jesús, tómanos y llévanos contigo al monte de la oración, ayúdanos a escuchar tu voz y a transformarnos más en ti. Señor, gracias por darnos la oportunidad de mejorar, de servirte, de amarte. Danos tu gracia para luchar cada día por dar frutos abundantes. Como Naamán, queremos, Señor, lavarnos más de siete veces en el río de tu amor y quedar limpios de todo lo que nos impide ser plenamente felices y poder manifestar nuestro testimonio de tenerte como el verdadero y único profeta de la esperanza, nuestro guía, amigo incondicional y confidente.
Gracias, Señor, al inicio de esta semana, porque tenemos la seguridad de poder contar contigo y realizar alegre y felizmente las labores cotidianas que tú esperas. Confiamos en Ti, esperamos en Ti, y descansamos en Ti. Nuestra Madre sea para nosotros la mejor intercesión y el auxilio constante en todo momento. Amén.
Feliz inicio de semana en este lunes, que podamos iniciar nuestras labores con mucha energía y optimismo.
Meditación del papa Francisco
Nadie es profeta en su propia patria, y Jesús no obra milagros con sus compatriotas debido a la falta de fe de ellos. Jesús cita dos episodios de la Biblia: la curación milagrosa de la lepra de Naamán el sirio en la época del profeta Eliseo; y el encuentro del profeta Elías con la viuda de Sarepta, que fue salvada de la carestía. Los leprosos y las viudas en aquel tiempo eran los marginados y estos dos al acoger a los profetas fueron salvados. En cambio, los de Nazaret no aceptaron a Jesús, porque estaban demasiado seguros en su 'fe', de tal manera seguros en la observancia de los mandamientos, que no tenían necesidad de otra salvación. Este es el drama de la observancia de los mandamientos sin la fe: 'yo me salvo sólo porque voy a la sinagoga todos los sábados, trato de obedecer los mandamientos, pero que no venga éste a decirme que eran mejor que yo el leproso y la viuda, porque esos eran marginados’. Entretanto Jesús nos dice: '¡Mira que, si tú no eres marginado y no te sientes marginado, no tendrás salvación!' Esta es la humildad, la vía de la humildad: sentirse talmente marginados que necesitamos la salvación del Señor. Solamente él nos salva y no nuestra observancia de los preceptos. Esto no les gustó y querían asesinarlo (cf. Homilía de S.S. Francisco, 24 de marzo de 2014, en Santa Marta).
Las palabras de los Papas
De hecho, Jesús, después de dejar Nazaret, cuando tenía cerca de treinta años, y de predicar y obrar curaciones desde hacía algún tiempo en otras partes, regresó una vez a su pueblo y se puso a enseñar en la sinagoga. Sus conciudadanos «quedaban asombrados» por su sabiduría y, dado que lo conocían como el «hijo de María», el «carpintero» que había vivido en medio de ellos, en lugar de acogerlo con fe se escandalizaban de él (cf. Mc 6, 2-3). Este hecho es comprensible, porque la familiaridad en el plano humano hace difícil ir más allá y abrirse a la dimensión divina. A ellos les resulta difícil creer que este carpintero sea Hijo de Dios. Jesús mismo les pone como ejemplo la experiencia de los profetas de Israel, que precisamente en su patria habían sido objeto de desprecio, y se identifica con ellos. Debido a esta cerrazón espiritual, Jesús no pudo realizar en Nazaret «ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos» (Mc 6, 5). De hecho, los milagros de Cristo no son una exhibición de poder, sino signos del amor de Dios, que se actúa allí donde encuentra la fe del hombre, es una reciprocidad. (Benedicto XVI - Angelus, 8 de julio de 2012)
Recomendado
Nuestra fe debe traducirse en obras concretas de misericordia. Recordemos que al final seremos juzgados en cuánto amor dimos a los demás.
ORACIÓN
Te damos gracias por enviarnos a Jesús, tu hijo, para proclamar tu verdad. Reconocemos que a menudo somos como la gente de Nazaret: esperamos milagros y bendiciones solo en lo conocido, y nos resistimos a aceptar la novedad de tu Espíritu cuando viene de donde menos lo esperamos.
Perdónanos por la cerrazón de nuestro corazón y por intentar limitar tu poder a nuestros propios círculos o expectativas. Ayúdanos a no rechazar tu mensaje o a tus mensajeros por el lugar de donde vienen.
Te pedimos valentía para comenzar esta semana, recordando que Jesús enfrentó el rechazo y, sin embargo, siguió adelante cumpliendo su misión. Que tu Espíritu nos dé la fortaleza para ser valientes en tu nombre y que podamos escapar de las trampas de la incredulidad y la ira.
Que tu plan se cumpla en nosotros, a pesar de nuestras resistencias. Amén.

