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Domingo de la 20.ª semana del TO 2020

En un nuevo amanecer, te damos gracias porque contemplamos llenos de fe y esperanza las maravillas de tu amor y la forma de compartirlos con lo demás. Señor, tú nos das hoy un ejemplo de perseverancia y humildad con esta mujer Cananea que eleva ─como cualquier madre angustiada─ una súplica en favor de su hija.
Queremos aprender de ti a compartir con todos los que piden comprensión y amor generosamente y no escasas migajas o sobras sino el alimento de nosotros mismos. Tú aceptaste la humildad y sencillez de esta mujer y ante todo su perseverancia. No permitas que nos desanimemos ante las dificultades o cosas negativas que nos presenta la vida y, al contrario, con mucha fe confiemos en ti para que nos digas "qué grande es tu fe".
Abrir los corazones, y no despreciar a nadie por ser diferente es nuestra gran lección que nos dejas en este domingo. Ante ti, no hay nadie diferente porque todos estamos necesitados de salvación, de perdón, de reconciliación. Todos somos hijos y hermanos. Tú nos sientas a tu mesa, como hijos que somos, porque en ella hay sitio para todos. Ayúdanos a reconocer a nuestros hermanos que, cerca de nosotros y de muchas maneras, gritan como la cananea “Ten compasión de mí”, a acogerlos y sentir con ellos, compartiendo lo que somos y tenemos. Esa es nuestra misión como tus discípulos. Gracias por esta semana que terminamos y los buenos sentimientos que hemos podido compartir. Te alabamos, te bendecimos y te glorificamos y seguimos confiados en que estás a nuestro lado. Amén.

Buen domingo y que sea de mucha solidaridad y unidad.