Alegre despertar con un corazón agradecido por todo lo que te recibimos durante esta semana que estamos terminando. Gracias, Señor, porque hemos podido realizar nuestras labores y hemos dado frutos abundantes. Gracias, Señor, por esta palabra que nos diriges en este domingo y que nos hace reflexionar en lo que tú nos has dado; muy gentilmente hemos recibido la viña en nuestros corazones. Tú no la has arreglado para que cada uno de nosotros la cuidemos y la hagamos productiva. Perdónanos las ocasiones en que tú has venido a ver los frutos y no hemos tenido que mostrarte, ni cómo pagarte.
Permite ahora que nuestro espíritu sea iluminado por los dones de la sabiduría y de la inteligencia, sabiendo que eres paciente, que sabes esperar para percibir frutos de servicio, entrega y generosidad. Ya que hemos sido seducidos por tu amor e iluminados por tu luz, que cada día sigamos siendo files a la promesa que te hicimos de dar fruto en la viña de nuestro corazón y dándote satisfacciones de producir lo que esperas. Gracias por darnos la ocasión de poder cuidar tu viña y fortalecerla con el abono de la esperanza. Hoy es un gozo para nosotros celebrar la fiesta de un admirable, sencillo y adorable santo, Francisco de Asís.
Ayúdanos a caminar en nuestras vidas, como él, siendo uno contigo, uno con la naturaleza, uno con todo lo que es bueno y bondadoso. Haznos humildes, sencillos y pacíficos como Francisco. Te agradecemos, desde la pobreza de nuestro corazón, y a pesar de todas las veces en que nuestra fe es imperfecta y tibio nuestro amor, nos sigas aceptándonos con nuestras debilidades y tal como somos; ayúdanos a ser y a obrar mejor y prestar un servicio generoso y sincero sobre todo a nuestros hermanos que necesiten nuestro humilde servicio y compañía. Amén.
Un muy feliz y santificado Domingo vivido en humildad y sencillez.
Oración por la paz
Señor, hazme un instrumento de tu paz; Donde haya odio, ponga amor; Donde hay ofensa, perdón; Donde hay duda, fe; Donde hay desesperanza, esperanza; Donde hay tinieblas, luz; Donde hay tristeza, alegría.
Oh, Divino Maestro, Que no busque yo tanto. Ser consolado como consolar. Ser comprendido como comprender. Ser amado como amar. Porque dando se recibe. Perdonando se es perdonado. Y muriendo a sí mismo se nace a la vida eterna.
San Francisco de Asís.
