Por este nuevo amanecer, llenos de alegría y optimismo despertamos con nuevas ilusiones y esperanzas, para que nuestro día esté enmarcado por tu presencia. Permítenos en este día sentir y dar el calor humano de nuestras manos, que se dan para levantar, palabras que animen y llenen de optimismo y una fe inmensa para seguir confiando en ti.
No permitas que cerremos los ojos del corazón ante las cosas sencillas y los aconteceres de nuestro diario vivir y que nos hablan de ti. Que no pretendamos, como nos dices hoy en tu palabra, buscar más signos que la grandeza de tu amor, y que de nuestro interior salga la bondad y los buenos sentimientos y no pensamientos desagradables a tus ojos. Gracias por darnos la ocasión de poder celebrar en este día a nuestro querido y santo patrono de los párrocos: san Juan María Vianney. Danos a todos los sacerdotes el celo, la sabiduría y el corazón compasivo de este hombre humilde que se olvida de sí mismo. Que sobresalgamos en entrega, bondad y santidad. Y danos brazos siempre cálidos y abiertos para acoger y abrazar a todos por igual.
Señor, Tú estás cerca de nosotros. Que tu palabra sea para todos Buena Noticia de liberación de las enfermedades de nuestros cuerpos y de nuestro espíritu, y haz que, como san Juan Vianney, sepamos pasar este mensaje a todos los que nos rodean, con nuestra palabra y con nuestra irreprochable vida cristiana. Que a modo de Pedro te reconozcamos como nuestro Maestro, guía y Salvador, comprometidos, ante todo, a llevar tu mensaje de amor. Que nuestro pensamiento sea tu pensamiento y tus caminos nuestros caminos. Nuestro amor sea tu amor y nuestra entrega tu servicio. Gracias, Señor, por lo que podremos realizar en este día cumpliendo la voluntad del Padre Celestial. Un muy feliz y bendecido martes.
