Hoy amanecemos a la realidad de iniciar nuestras actividades cotidianas. Nos levantamos en tu nombre y comenzaremos echando las redes en el inmenso mar de nuestras ilusiones y anhelamos pescar satisfacciones y alegrías. Hoy en tu palabra nos invitas a ser perfectos como el Padre Celestial y saber, Señor, que la perfección la tenemos que buscar sirviendo sin esperar recompensa, amando desde el corazón y viviendo alegremente nuestra vida, sin pesimismos ni egoísmos.
Que todo lo que podamos entregar sean sentimientos de disponibilidad y generosidad y sin predilecciones ni buscando más recompensa que la tuya. Gracias te damos por nuestros talentos. Bendícelos y multiplícalos. Permítenos, Señor, tener los mismos sentimientos misericordiosos que el Padre Celestial nos ha mostrado con Ajab. Amén.
