La luz del nuevo día nos invita a despertar y vivir con corazón agradecido, la experiencia del verdadero amor, el servicio y la disponibilidad. Iniciemos nuestra jornada en los brazos de nuestra Madre y la bendición del Señor.
Tú conoces qué hay en nosotros. Concédenos meditar en este día sobre tu bondad y misericordia.
Perdónanos, porque con frecuencia estamos tan ocupados que no tenemos tiempo para hacer un alto en el camino, mirar atrás y ayudar a quienes se sienten demasiado cansados y agobiados para seguir adelante.
Perdónanos porque muchas veces condenamos a los demás sin haber intentado comprenderles.
Que la justicia, la misericordia y el servicio no sean asunto exclusivo de otros sino que sean nuestra preocupación y nuestra vida, motivados por tus palabras que nos dicen que tenemos que buscarte y acogerte en los otros.
Ayúdanos, Señor, para que nuestro trabajo sea reflejo del verdadero amor como nos dice Pablo “el que no trabaja que no coma”. Que nuestros esfuerzos y fatigas sean la mayor alegría en nuestra entrega y disponibilidad y, ante todo, que seamos transparentes, coherentes y sinceros desde lo profundo de nuestro corazón. Que nuestra mirada y sentimientos sean sinceros y transparentes como tu lo quieres. Que nuestro corazón sea lugar de amor, bondad y sinceridad. No permitas que vayamos por un camino equivocado que nos lleve a sentirnos extraños en tu presencia; que nuestra apariencia externa sea reflejo de lo que llevamos en el corazón. Amén.
Un muy feliz y santo miércoles vivido en fraternidad y solidaridad.
