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Sábado XII del TO 2020

Darte gracias y alabarte por tu bondad y misericordia, es sentir en nuestro corazón la inmensidad de tu amor. Hoy la palabra que nos propones  tiene especial resonancia para nosotros en estos tiempos tan especiales que ha supuesto la crisis del coronavirus.

El profeta vive y lamenta la destrucción de Jerusalén y la aniquilación de su Pueblo. Todas las estructuras sociales y personales, El rey, los príncipes, los ancianos, las doncellas, los niños, todo está sometido a la devastación y ruina permitida por la mano del Señor para la conversión del pueblo. Hoy van pasando los días señor y sentimos muchas veces también esa desolación por la impaciencia y el desánimo con que afrontamos estos momentos y sin embargo nos sentimos llenos de confianza y de esperanza en Ti, al igual que la tuvo  el centurión. Hoy somos invitados a tener actitudes de servicio y solidaridad a ejemplo del centurión que  no pide para él, sino que demuestra una gran humanidad y solidaridad. Pide para su sirviente,  implora con toda la fe y la seguridad de ser escuchado. Te pide desde la humildad, “yo no soy digno de que acudas a mi casa”, pero también desde la confianza absoluta: “basta un sola palabra y quedará curado mi criado”. Esta disposición te sorprende  y  reconoces  la profunda fe del centurión: “En Israel no he encontrado en nadie tanta fe”. Concédenos tener la misma fe y la confianza necesarias para que tú nos ayudes con esta fiebre de soledad y de desconcierto y como la suegra de Pedro nos levantemos con optimismo y esperanza para servir a nuestros hermanos. En ti confiamos y en ti esperamos. Amén .

Un muy feliz y esperanzador fin de semana.