Alegre y feliz despertar en esta mañana, que bondadosamente nos regalas y que lo recibimos en salud y bienestar. Hoy nuestro corazón se llena de alegría al celebrarte en tu Cuerpo y en tu Sangre. Y te decimos en nuestra oración: Te buscamos Señor, ¿dónde te encontramos?. Tú nos respondes: ¿Acaso no es en la eucaristía de cada domingo (o de cada día), donde yo me convierto en alimento y bebida? ¿Acaso no es éste el centro de tu vida?
Gracias Señor por hacernos comprender que aquí estás y te nos das así mismo en tu cuerpo, alma y divinidad y nos enseñas a darnos a nosotros mismos, unos a otros. Sabemos que permaneces fiel a tu alianza de amor, que calmas nuestra sed con agua de la roca y satisfaces nuestra hambre con el pan del cielo. El agua y el pan los recibimos en abundancia como signo de tu amor y que lo hacemos efectivo en la Eucaristía cada vez que nos reunimos para celebrarte porque es fuente de vida en unidad. Nuestros sentimientos sean para agradecerte porque en el camino de nuestro diario vivir nos fortaleces y alimentas con tu palabra, con tu cuerpo y sangre para que no desfallezcamos y al contrario tengamos la fuerza necesaria para todo el bien que podemos hacer a nuestros hermanos. Danos la gracia y la paciencia para seguir añorando recibirte sacramentalmente. Y mientras tanto, fortalécenos espiritualmente para decirte: BENDITO, ALABADO Y ADORADO SEAS EN EL SANTÍSIMO SACRAMENTO DEL ALTAR.
Un muy feliz, bendecido y esperanzado Domingo.
