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1-abr.-2025, martes de la 4.ª semana de Cuaresma

«... lo que hace el Espíritu Santo en el corazón de las personas, los cristianos con psicología de doctores de la ley lo destruyen»

Al despertar en este primer día del mes que hemos iniciado, te agradecemos la vida y tu presencia en nuestros corazones. Gracias, Señor, por mantener nuestro corazón y nuestra mente llena de optimismo con todas las obras, situaciones e ilusiones con las que reemprenderemos la última etapa de nuestra travesía. Hoy nos hablas del agua, el agua descrita por el profeta Ezequiel, que brota del Templo y va purificando y curando todo lo que encuentra a su paso, que representa la vida en Ti y en el Padre; es como el agua que recibimos en el bautismo, el agua que se asperja sobre nosotros en el acto penitencial de la pascua y en las diferentes bendiciones. 

Bendita agua de la vida en la que deseaba sumergirse aquel enfermo que llevaba treinta y ocho años padeciendo su postración sin poder llegar a tiempo a la piscina de Betesda. No necesitó llegar a tiempo a la piscina, pues Tú mismo lo curaste con tu Palabra de autoridad. Tu agua sanó su enfermedad. Hoy te pedimos que no nos falte el agua que Tú nos das, el agua de la vida, el agua que sacia de verdad nuestra sed y que ofreciste a la mujer samaritana junto al pozo. Danos de beber de esta agua, que es agua de fe, esperanza y caridad, que es agua purificadora y agua de vida. Ayúdanos a sentir la frescura del servicio y la entrega y concédenos que sirva también para saciar la sed de nuestros hermanos. Gracias por llenar nuestros corazones de alegría y optimismo y poder ser portadores en este día de tu palabra: «¿quieres quedar sano?» «Levántate, toma tu camilla y echa a andar»”.

Un muy feliz, refrescante y sanador martes. Un purificador inicio de mes. 

Meditación del Papa Francisco

El agua de la piscina de Betzatà, descrita en el Evangelio, cerca de la cual hay un paralítico desde hace 38 años entristecido y un poco perezoso, que no ha encontrado nunca la forma de hacerse sumergir cuando las aguas se mueven y por tanto buscar la sanación. Jesús lo sana y lo anima a ir adelante, pero esto desencadena la crítica de los doctores de la ley porque la sanación tuvo lugar un sábado. Una historia que sucede muchas veces también hoy.

«se repite muchas veces en la vida: un hombre —una mujer— que se siente enfermo en el alma, triste, que cometió muchos errores en la vida, en un cierto momento percibe que las aguas se mueven, está el Espíritu Santo que mueve algo; u oye una palabra». Y reacciona: «Yo quisiera ir». Así, «se arma de valor y va». Pero ese hombre «cuántas veces hoy en las comunidades cristianas encuentra las puertas cerradas». Tal vez escucha que le dicen: «Tú no puedes, no, tú no puedes; tú te has equivocado aquí y no puedes. Si quieres venir, ven a la misa del domingo, pero quédate allí, no hagas nada más». Sucede de este modo que «lo que hace el Espíritu Santo en el corazón de las personas, los cristianos con psicología de doctores de la ley lo destruyen».

La Iglesia tiene siempre las puertas abiertas. Es la casa de Jesús y Jesús acoge. Pero no solo acoge, va a encontrar a la gente como fue a buscar a este. Y si la gente está herida, ¿qué hace Jesús? ¿Le regaña por estar herida? No, va y lo carga sobre los hombros. Y esto se llama misericordia. Y cuando Dios regaña a su pueblo «Misericordia quiero, no sacrificios» habla de esto. (Cf. Homilía de S.S. Francisco, 17 de marzo de 2015, en Santa Marta).

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.