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2-abr.-2025, miércoles de la 4.ª semana de Cuaresma

«No pasarán hambre ni sed, no les hará daño el bochorno ni el sol; porque los conduce el compasivo»

Buenos y bendecidos días los que nos regalas en este día. Amanece y saldrá el sol para darnos su calor y emprender nuestras labores. Gracias por tu amor y el amor del Padre celestial, porque nos hemos levantado con alegría y optimismo.

Hoy recibimos otra lección de amor fiel y generoso en el libro de Isaías: Tú sigues buscándonos con un amor tan apasionado como el de una madre aun cuando te hayamos abandonado. Danos esperanza y valor, especialmente cuando nos sentimos inseguros. Danos la seguridad de que Tú quieres que vivamos en la plenitud y convencimiento de tu amor y de que tú permaneces siempre con nosotros. Que no nos falte tu presencia y tu auxilio, para ser generosos con nuestros hermanos y dar testimonio de amor tanto tuyo como del Padre. Hoy nuestra fortaleza sean estas palabras: «Salid», a los que están en tinieblas: «Venid a la luz». «No pasarán hambre ni sed, no les hará daño el bochorno ni el sol; porque los conduce el compasivo». 

Feliz y esperanzador miércoles. Abrazos y bendiciones abundantes. 

Meditación del Papa 

Sabemos por los Evangelios que Jesús rechazó el título de rey cuando se entendía en sentido político, al estilo de los "jefes de las naciones". En cambio, durante su pasión, reivindicó una singular realeza ante Pilato, que lo interrogó explícitamente: "¿Tú eres rey?", y Jesús respondió: "Sí, como dices, soy rey"; pero poco antes había declarado: "Mi reino no es de este mundo". En efecto, la realeza de Cristo es revelación y actuación de la de Dios Padre, que gobierna todas las cosas con amor y con justicia. El Padre encomendó al Hijo la misión de dar a los hombres la vida eterna, amándolos hasta el supremo sacrificio y, al mismo tiempo, le otorgó el poder de juzgarlos, desde el momento que se hizo Hijo del hombre, semejante en todo a nosotros. [...] En su reino eterno, Dios acoge a los que día a día se esfuerzan por poner en práctica su palabra. Por eso la Virgen María, la más humilde de todas las criaturas, es la más grande a sus ojos y se sienta, como Reina, a la derecha de Cristo Rey. A su intercesión celestial queremos encomendarnos una vez más con confianza filial, para poder cumplir nuestra misión cristiana en el mundo. (Benedicto XVI, 23 de noviembre de 2008).

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.