Bendecido amanecer nos regalas en este día, para darte gracias por este mes que iniciamos, en el cual celebramos unas fiestas muy especiales, iniciando con la de San Alfonso María de Ligorio, nacido en Nápoles en 1696, abogado fundador de la Congregación Del Santísimo Redentor. Entre sus escritos están las glorias de María y la teología moral, que murió en 1787, fue canonizado en 1832 y declarado doctor de la Iglesia en 1871. También recordaremos a san Juan María Vianey (patrono de los párrocos), la dedicación de la basílica de Santa María Mayor, la transfiguración del Señor, santo Domingo, san Lorenzo —diácono mártir— santa Clara, san Maximiliano, María Kolbe y la solemnidad de la Asunción de nuestra madre celestial al reino de los cielos ; no podemos olvidar a san Bernardo, san Pio X, a la Bienaventurada Virgen María Reina, san Bartolomé —apóstol—, san José de Calasanz, santa Mónica, san Agustín y el martirio de san Juan Bautista.
Estas grandes celebraciones nos sirven para darte gracias y para recordar en cada uno de ellos, las grandezas de tu amor, la misericordia del padre celestial y ante todo el signo de entrega y sacrificio en nuestros santos, que siempre nos muestran cómo hacer la voluntad de Dios. Hoy Pidamos a san Alfonso María, que nos siga conduciendo por caminos de amor del servicio y fidelidad. Amén.
Un muy feliz y santo fin de semana y un muy esperanzador inicio de mes.
Las palabras de los Papas
Detrás de estos personajes está Satanás, el sembrador de odio en la mujer, el sembrador de vanidad en la muchacha, el sembrador de corrupción en el rey. Y el "hombre más grande nacido de mujer" terminó solo, en una oscura celda de prisión, por el capricho de una bailarina vanidosa, el odio de una mujer diabólica y la corrupción de un rey indeciso. Es un mártir que dejó que su vida se desvaneciera, se desvaneciera, se desvaneciera, para dar paso al Mesías. (...) La vida solo tiene valor cuando se da, se da con amor, con verdad, se da a los demás, en la vida cotidiana, en la familia. Siempre dala. Si alguien se apropia de la vida para sí mismo, para protegerla, como el rey en su corrupción, o la dama con su odio, o la muchacha, la joven, con su vanidad —un poco adolescente, imprudente— la vida muere, la vida termina marchita, es inútil. (…) Solo les aconsejo que no piensen demasiado en esto, sino que recuerden la imagen, los cuatro personajes: el rey corrupto, la mujer que solo sabía odiar, la muchacha vanidosa que ignora todo y el profeta decapitado solo en su celda. Observen esto y abran sus corazones para que el Señor le hable al respecto. (Francisco - Homilía en Santa Marta, 8 de febrero de 2019)
