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1-ago.- sábado de la 17.ª semana del T. O.

el sembrador de odio en la mujer, el sembrador de vanidad en la muchacha, el sembrador de corrupción en el rey. Y el «hombre más grande nacido de mujer» terminó solo

Bendecido amanecer nos regalas en este día, para darte gracias por este mes que iniciamos, en el cual celebramos unas fiestas muy especiales, iniciando con la de San Alfonso María de Ligorio, nacido en Nápoles en 1696, abogado fundador de la Congregación Del Santísimo Redentor. Entre sus escritos están las glorias de María y la teología moral, que murió en 1787, fue canonizado en 1832 y declarado doctor de la Iglesia en 1871. También  recordaremos a san Juan María Vianey (patrono de los párrocos), la dedicación de la basílica de Santa María Mayor, la transfiguración del Señor, santo Domingo, san Lorenzo —diácono mártir— santa Clara, san Maximiliano, María Kolbe y la solemnidad de la Asunción de nuestra madre celestial al reino de los cielos ; no podemos olvidar a san Bernardo, san Pio X, a la Bienaventurada Virgen María Reina, san Bartolomé —apóstol—, san José de Calasanz, santa Mónica, san Agustín y el martirio de san Juan Bautista. 

Estas grandes celebraciones nos sirven para darte gracias y para recordar en cada uno de ellos, las grandezas de tu amor, la misericordia del padre celestial y ante todo el signo de entrega y sacrificio en nuestros santos, que siempre nos muestran cómo hacer la voluntad de Dios. Hoy Pidamos a san Alfonso María, que nos siga conduciendo por caminos de amor del servicio y fidelidad. Amén. 

Un muy feliz y santo fin de semana y un muy esperanzador inicio de mes. 

Las palabras de los Papas

Detrás de estos personajes está Satanás, el sembrador de odio en la mujer, el sembrador de vanidad en la muchacha, el sembrador de corrupción en el rey. Y el "hombre más grande nacido de mujer" terminó solo, en una oscura celda de prisión, por el capricho de una bailarina vanidosa, el odio de una mujer diabólica y la corrupción de un rey indeciso. Es un mártir que dejó que su vida se desvaneciera, se desvaneciera, se desvaneciera, para dar paso al Mesías. (...) La vida solo tiene valor cuando se da, se da con amor, con verdad, se da a los demás, en la vida cotidiana, en la familia. Siempre dala. Si alguien se apropia de la vida para sí mismo, para protegerla, como el rey en su corrupción, o la dama con su odio, o la muchacha, la joven, con su vanidad —un poco adolescente, imprudente— la vida muere, la vida termina marchita, es inútil. (…) Solo les aconsejo que no piensen demasiado en esto, sino que recuerden la imagen, los cuatro personajes: el rey corrupto, la mujer que solo sabía odiar, la muchacha vanidosa que ignora todo y el profeta decapitado solo en su celda. Observen esto y abran sus corazones para que el Señor le hable al respecto. (Francisco - Homilía en Santa Marta, 8 de febrero de 2019)

La vida solo tiene valor cuando se da, se da con amor, con verdad, se da a los demás, en la vida cotidiana...
ORACIÓN 

Señor, creo que quieres tener este momento de oración conmigo, no porque a Ti te haga falta sino porque quieres acompañarme y mostrarme el camino que debo seguir hoy. El espejismo de lo que me aleja de tu verdad es muy atrayente, no permitas que me deje seducir como Herodes.

Reflexión https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-1-de-agosto-de-2026

Juan bautista es el verdadero profeta que anuncia la verdad ante el mismo rey Herodes: «No te es lícito tener la mujer de tu hermano». Y, naturalmente, las verdades duelen. Pronto llega la ocasión de la venganza. Juan está en la cárcel, pero la verdad no está encarcelada. En la cárcel le cortan la cabeza, pero no por eso deja de hablar. Cuando el verdadero profeta muere, toda su vida se convierte en profecía. Su predicación ya no se circunscribe al espacio y al tiempo en que le toca vivir, sino que se prolonga a lo largo del tiempo.

“Necesitamos una actitud de profunda fe y confianza en Jesucristo para querer escuchar su palabra y no escandalizarnos cuando nos sorprende y nos «saca de nuestras casillas» cambiándonos nuestros planes muy personales. Es demasiado cómoda una fe que no exige nada y que se adapta a las propias tendencias pasionales de egoísmo, de placer o de racionalismo. Pero la verdadera fe nos pone en movimiento, nos empuja a un cambio de vida, a una confianza total en Jesucristo que nos lleva a un compromiso radical de lucha contra el pecado, de caridad, de sacrificio, de dar la cara por Cristo ante los demás, sin miedos ni respetos humanos. (Patrick Griffin C. M.)

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.