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2-ago.- domingo de la 18.ª semana del T. O.

En efecto, a la urgencia del hambre, Él responde con el signo del compartir: levanta los ojos, pronuncia la bendición, parte el pan y da de comer a todos los presentes

Primer domingo de agosto, motivados, Señor, por el descanso de este fin de semana que nos estás regalando, te damos gracias, buscamos reparar fuerzas e iniciar mañana con nuevos ímpetus y deseos de cumplir tu voluntad: amando a nuestros hermanos y haciendo el bien a quien lo necesita. 

Hoy encontramos unas lindas palabras en el libro de Isaías. El profeta nos invita para tener en cuenta el alimento. La primera lectura de hoy nos ayuda a pensar en un alimento espiritual. El profeta Isaías refiere estás palabras: “¡Atención, sedientos!, acudid por agua, también los que no tenéis dinero: venid, comprar trigo, comed sin pagar, vino y leche de balde”. El alimento espiritual no tiene costo, no se puede vender como el alimento material: es un don de Dios, que se comunica a través de los sacramentos y que alimenta nuestras almas, dando fuerza, luz y paz interior. Gracias, Señor, por la invitación que nos das por medio del profeta.

Seguimos meditando tu palabra y san Pablo nos regala un incentivo: «¿Quién nos apartará del amor de Cristo?». El apóstol nos enumera una serie de dificultades, pero concluye: «En todas esas circunstancias vecemos gracias al que nos amó». Algunas veces encontramos esas circunstancias adversas, pero nos llenamos de confianza en ti. En tu travesía te encontraste con tantas personas a las que tú le miraste los rostros (algunos de angustia, desconsuelo y desilusión). Tú sentiste compasión porque andaban como ovejas sin pastor y con caras de caras de hambre, pero no solo materiales sino hambre de ti y allí viendo estos rostros tú quisiste alimentarlos, pero contando siempre con los discípulos «denles ustedes de comer». Nos sentimos interiormente ubicados en esta escena contemplando los cinco panes y los dos peces que gracias a tu bondad y tu misericordia fuiste multiplicando, repartiendo y compartiendo. Hasta las sobras que más adelante serían también valiosas para otros. Gracias, Señor por darnos la oportunidad de poder compartir, de saciar, no solo un hambre material, sino ante todo un hambre de falta de ti. Ojalá tengamos los cinco panes y los dos peces que son de fe. Esperanza, disponibilidad y generosidad bendícenos guárdanos y protégenos. 

Un muy feliz y multiplicador domingo lleno de generosidad. 

PALABRA DEL   PAPA

Cuando el sol se pone y el hambre crece, mientras los propios apóstoles piden despedir a la gente, Cristo nos sorprende con su misericordia. Él tiene compasión del pueblo hambriento e invita a sus discípulos a que se ocupen de él, porque el hambre no es una necesidad que no tenga que ver con el anuncio del Reino y el testimonio de la salvación. Al contrario, esta hambre está vinculada con nuestra relación con Dios. Sin embargo, cinco panes y dos peces no parecen suficientes para alimentar al pueblo, porque los cálculos de los discípulos, aparentemente razonables revelan, en cambio, su poca fe. Ya que, en realidad, con Jesús contamos con todo lo necesario para dar fuerza y sentido a nuestra vida. En efecto, a la urgencia del hambre, Él responde con el signo del compartir: levanta los ojos, pronuncia la bendición, parte el pan y da de comer a todos los presentes. (…) el ejemplo del Señor sigue siendo para nosotros un criterio urgente de acción y servicio: compartir el pan, para multiplicar la esperanza, proclama la venida del Reino de Dios. (Papa León XIV - Homilía en la Santa Misa de la Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, 22 de junio de 2025)

compartir el pan, para multiplicar la esperanza, proclama la venida del Reino de Dios
ORACIÓN 

Dadles vosotros de comer. “Este mandato no puede dejar indiferente a los cristianos de hoy. Los bienes que nos sobran pueden saciar a los hambrientos de medio mundo. Ninguno de nosotros puede limitarse a volver la vista a otra parte. Este mandato habría que sacudir a todas las personas e instituciones de nuestro mundo, se confiesen cristianas o no. Jesús no es patrimonio exclusivo de los cristianos. Su mensaje es universal, precisamente por estar atento a las carencias concretas del hombre”. (José Ramón Flecha). Amén. 

REFLEXIÓN https://www.iglesiaenaragon.com/domingo-18-tiempo-ordinario-2-de-agosto-de-2026

En este evangelio se dan dos posturas muy diferentes: La de los discípulos y la de Jesús. Veamos:

1.- Discípulos: “Despídelos”.  Así los problemas se solucionan de raíz. Eso es lo que solemos hacer nosotros: viene una mujer con unos niños pidiendo ayuda; o un migrante, o un pobre cualquiera. Lo que solemos hacer es quitárnoslo lo antes posible. Los pobres nos estorban, nos molestan, huelen mal.

¿Qué dice Jesús? ¡NO LOS DESPIDÁIS!

         A Jesús no le estorba nadie. Tiene un corazón más grande que una casa y allí caben todos. Poco antes nos ha dicho: “Se compadecía de ellos”. Lo que hace Jesús le brota de dentro, le sale del corazón. Tiene entrañas de misericordia y se enternece ante sus hijos necesitados, sea de la nación que sea, de la cultura que sea, del sexo que sea. Es posible que nosotros no podamos solucionar casos que nos desbordan. Pero siempre está en nuestras manos dar una buena acogida. Podemos abrirle la puerta y preguntar: ¿Has comido? Y le podemos dar un bocadillo y un vaso de agua. Al despedirse no se irá royendo el duro hueso de un rechazo, sino que se sentirá feliz de que la hemos acogido bien.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.