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10-may.-2026, lunes de la 6.ª semana de Pascua

[...] nosotros estamos llamados a dar testimonio en el Espíritu Santo, a ser paráclitos, es decir consoladores. Sí, el Espíritu nos pide que demos forma a su consolación

En este día y semana que estamos iniciando, nuestro corazón agradecido se eleva a ti, para darte gracias porque nos darás tu Santo Espíritu, para que sepamos dar testimonio de ti sin miedo y para que nuestras obras y palabras, muestren que creemos en Ti y que te amamos, porque eres nuestro Señor y Salvador, eres el testigo fiel del Padre celestial que nos muestras de forma amorosa cómo es Él, Por medio de tu Espíritu. Conviértenos en testigos de lo que hemos visto, para que hablemos y creamos para poder actuar. Gracias a la fuerza del Espíritu, no tendremos miedo ni temor para ser tus verdaderos testigos. Al inicio de esta semana, inspíranos e ilumínanos para que nuestras acciones y palabras sean inspiradas e iluminadas por tu Santo Espíritu. Que confiemos en que eres el que nos envías y por eso vamos confiados en el que habla por nosotros; por eso en ti esperamos. Iniciemos nuestro camino con mucha fe y alegría, con esperanza y caridad y con generosidad de corazón. 

Feliz y santificado inicio de semana y feliz lunes para todos. 

Las palabras de los Papas

«Cuando venga el Paráclito, a quien yo les enviaré desde mi Padre» (Jn 15,26). Con estas palabras Jesús promete a los discípulos el Espíritu Santo, el don definitivo, el don de los dones. (…) Miremos a los Apóstoles: estaban solos esa mañana, estaban solos y perdidos, tenían las puertas cerradas por el miedo, vivían en el temor y ante sus ojos estaban todas sus debilidades y sus fracasos, sus pecados; habían renegado a Jesucristo. Los años pasados con Jesús no los habían cambiado, seguían siendo los mismos. Después recibieron el Espíritu y todo cambió, los problemas y los defectos siguieron siendo los mismos, pero, sin embargo, ya no los temían porque tampoco temían a quienes les querían hacer daño. Se sentían consolados interiormente y querían difundir la consolación de Dios. Los que antes estaban atemorizados, ahora sólo temen no dar testimonio del amor recibido. Jesús les había profetizado: «el Espíritu […] dará testimonio de mí. Y también ustedes darán testimonio» (Jn 15,26-27). (…) También nosotros estamos llamados a dar testimonio en el Espíritu Santo, a ser paráclitos, es decir consoladores. Sí, el Espíritu nos pide que demos forma a su consolación. ¿Cómo podemos hacerlo? No con grandes discursos, sino haciéndonos próximos; no con palabras de circunstancia, sino con la oración y la cercanía. (Francisco, Homilia en la solemnidad de Pentecostés, 23 de mayo de 2021)

el Espíritu […] dará testimonio de mí. Y también ustedes darán testimonio
ORACIÓN 

Señor, quiero que me enseñes lo que significa eso de “dar plenitud”. Te aseguro que no me gustan las cosas a medias. Me dejan vacío, triste, desilusionado. Quiero llenar de sentido mi oración, mi trabajo, mi descanso, mi compromiso en el amor, mi vida. Ayúdame, Señor, Dios mío. No quiero ser un vulgar, ni un tibio, ni un perezoso.

Reflexión https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-11-de-mayo-de-2026

Jesús nos promete el Espíritu Santo como el Espíritu de la verdad. Hay muchos cristianos, incluidos sacerdotes y religiosos, que van en busca de “verdades”. A ver qué dice el último libro, la última revista religiosa.  A veces nos pasa que somos “esclavos de las verdades” pero no somos “señores de la Verdad”. Sólo el Espíritu Santo nos lleva a la verdad completa. Sin el Espíritu de Jesús podemos vivir verdades fragmentadas, pero no la verdad en plenitud. Hay una frase hermosa de San Bernardo: “La contemplación es el modo de enseñorearnos de la verdad sin dudas”. El leer libros sobre la Eucaristía no me quita las dudas sobre la presencia sacramental. El adorar al Señor en la Eucaristía, el celebrar con fe y devoción la Santa Misa, el caer de rodillas ante este Sacrosanto Misterio, me hace tener experiencias de Dios que están por encima de la razón. Santa Teresita del Niño Jesús nos habla de una presencia envolvente de Jesús después de comulgar. “Se abandonaba a la invasión del amor infinito para que, desde ella, se desbordase sobre el mundo”. Esta es la mejor manera de defendernos de aquellos que convierten el culto a Dios en un culto asesino.  “Llegará la hora en que todo el que os mate piense que da culto a Dios”.

No puede haber mayor deshumanización que matar en nombre de Dios. Las guerras de religión son las más injustas y crueles.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.