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11-dic.-2024, miércoles de la 2.ª semana de Adviento

Hoy nos repites: «vengan a mí los que están cansados y agobiados, que yo los aliviaré carguen con mi yugo y aprendan de mí, ser mansos y humildes de corazón»

Amanecer en este día, mitad de nuestra semana, y contemplar un radiante sol que nace para cada uno de nosotros ensancha de gratitud nuestro corazón. Tú, Señor, nos has mostrado el camino que debemos recorrer en estos 11 días de nuestro mes de diciembre y que nos va conduciendo al encuentro Del Belén en la vida de cada uno de nosotros. 

Gracias, Señor, por darnos la vocación de discernir el camino recorrido, en el que hemos encontrado a la Vera del camino a aquellos hermanos nuestros que están postrados por el desánimo y el desconsuelo, que miran alrededor y solo ven en soledad; que miran adelante y se animan; nosotros quedamos en este mismo camino lo hacemos con un corazón esperanzado, seguros de que tus palabras son las mejores para cada uno de nosotros. Hoy nos repites: «vengan a mí los que están cansados y agobiados, que yo los aliviaré carguen con mi yugo y aprendan de mí, ser mansos y humildes de corazón». Ayúdanos, Señor, que esta tristeza existencial se convierta en un cúmulo de esperanza y consuelo. Tú nuevamente nos anuncias la liberación, la salvación que nos devolverá la alegría, en la cual hay un signo grande de que ni el Padre ni Tú se cansan de amar y de perdonar; quienes nos cansamos somos nosotros por nuestra falta de paciencia y confianza en ti. Gracias Señor, porque encontraremos ilusiones que nos llenan de ánimo al saber que estás cerca de nosotros. A ti, te alabamos, te bendecimos y te damos gracias. 

Un muy feliz y esperanzador miércoles. 

PALABRAS DEL SANTO PADRE

Jesús promete dar alivio a todos, pero nos hace también una invitación, que es como un mandamiento: «Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón» (Mt 11, 29). El «yugo» del Señor consiste en cargar con el peso de los demás con amor fraternal. Una vez recibido el alivio y el consuelo de Cristo, estamos llamados a su vez a convertirnos en descanso y consuelo para los hermanos, con actitud mansa y humilde, a imitación del Maestro. La mansedumbre y la humildad del corazón nos ayudan no sólo a cargar con el peso de los demás, sino también a no cargar sobre ellos nuestros puntos de vista personales, y nuestros juicios, nuestras críticas o nuestra indiferencia. (Ángelus, 6 de julio de 2014)

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.