Hoy amanece y es otro día lleno del amor de Dios y de su calor en nuestros corazones. No importa cómo ha amanecido el día. Abriguémonos con su esperanza y saquemos el paraguas de la fe. Permitamos que haya lluvia de bendiciones y el frío baje la temperatura del pesimismo. Que hoy sea un día pleno de Dios.
Señor, Tú confiaste a san Atanasio la misión de defender tu divinidad. Ayúdanos a ver en Ti que eres uno de nosotros, pero sobre todo que estás dentro de nosotros. Infunde en nuestros corazones una grande fe, visión y sabiduría para que nunca te desconozcamos, aun frente a la persecución, y que ayudemos a nuestros hermanos a mantenerse siempre fieles a ti. Pero, ante todo, danos la alegría de permanecer unidos a ti en la fe, la esperanza y la caridad. Que tu savia corra por nuestras venas para dar frutos de autenticidad que se traduzcan en frutos de misericordia, de perdón y reconciliación, de paz y justicia. No permitas que vayamos a ser nosotros con nuestras actitudes negativas los que estemos imponiendo condiciones y actitudes que no son las tuyas.
¿Quiénes somos nosotros, para imponer “circuncisiones a los otros sarmientos y podas al viñador”? Al contrario, danos la ocasión de ser verdadero testimonio de servicio y disponibilidad y si tienes necesidad de podarnos, pide al Padre celestial que nos pode, que quite de nuestros corazones las hojas secas de la indiferencia y los frutos viejos del egoísmo, la pereza y la mentira. Gracias por darnos la ocasión de poder permanecer unidos a ti y esto lo lograremos porque amamos como tú nos amas. A ti te bendecimos, te glorificamos y te damos gracias. En Ti confiamos y en Ti esperamos. QUE PERMANEZCAMOS EN TU AMOR Y NUESTROS FRUTOS SEAN ABUNDANTES.
Buen y bendecido miércoles y ojalá llenos de fraternidad y solidaridad. Abrazos y bendiciones abundantes.
PALABRA DEL PAPA
Hoy el Evangelio nos propone el momento en el que Jesús se presenta como la vid verdadera y nos invita a permanecer unidos a Él para llevar mucho fruto (cf. Juan 15, 1-8). La vid es una planta que forma un todo con el sarmiento; y los sarmientos son fecundos únicamente cuando están unidos a la vid. Esta relación es el secreto de la vida cristiana y el evangelista Juan la expresa con el verbo «permanecer», que en el pasaje de hoy se repite siete veces. «Permaneced en mí» dice el Señor; permanecer en el Señor. Se trata de permanecer en el Señor para encontrar el valor de salir de nosotros mismos, de nuestras comodidades, de nuestros espacios restringidos y protegidos, para adentrarnos en el mar abierto de las necesidades de los demás y dar un respiro amplio a nuestro testimonio cristiano en el mundo. Este coraje de salir de sí mismos y de adentrarse en las necesidades de los demás, nace de la fe en el Señor Resucitado y de la certeza de que su Espíritu acompaña nuestra historia. Uno de los frutos más maduros que brota de la comunión con Cristo es, de hecho, el compromiso de caridad hacia el prójimo, amando a los hermanos con abnegación de sí, hasta las últimas consecuencias, como Jesús nos amó. (Francisco, Regina Caeli, 29 de abril de 2018)
